Durante años, un tramo esquinado de la avenida Mariscal López recibía el luctuoso nombre de Curva de la Muerte. Naturalmente, no tuvo ese bautismo por la simple ocurrencia o antojo de alguien con humor negro. No. Cada semana ocurría en ese punto algún accidente, la mayoría con saldo de tragedia. Sobre todo en horas de la madrugada. Probablemente, gran parte de esos siniestros se originaban en la imprudencia o irresponsabilidad de los conductores que, según comentaban por aquella época, trataban de sortear a gran velocidad ese fatídico recodo. Con los años, para los más memoriosos, el lugar ya solo forma parte de un lamentable pasado. A tal punto que los jóvenes ya no registran ese sobrenombre donde se multiplicaron el dolor y el llanto. Y como las buenas obras pasan imperceptibles y nadie recuerda a sus creadores, algún genio anónimo solucionó ese fatídico paso. En ese lugar hoy solo se escuchan bocinazos por el constante embotellamiento en las horas pico. Pero ese es otro problema que habrá de solucionarse antes de que el tráfico colapse definitivamente. Para que ello acontezca se precisará de un trabajo interinstitucional coordinado y serio. Y que va más allá del Poder Ejecutivo, exigiendo la participación de los municipios y la Gobernación de Central, porque los cuellos de botella tienen varios nudos que dificultan el acceso a la ciudad capital.
Exprofeso, nos hemos extendido en este punto a manera de contexto, para entrar en otro de acuciante actualidad y brutal realidad: las tragedias reiteradas en el cruce de Pedrozo. Cierto es que el actual gobierno debe asumir las correcciones que sean necesarias para que los fatídicos hechos no sean repetidos. Pero nadie exige explicaciones a los diseñadores, empresas constructoras y autoridades que dieron luz verde para su ejecución. Si realmente queremos llegar al fondo de la cuestión, hay que reclamar responsabilidades a todos los involucrados en la construcción de dicha ruta. Y no es el único caso. Antiguos baches, verdaderos cráteres en algunos casos, en transitadas rutas continúan provocando accidentes fatales. Estas situaciones requieren una terapia de shock, medidas rápidas y drásticas para salvaguardar la vida de las personas.
El expresidente de la República Mario Abdo Benítez se ufanaba de “un logro histórico” en cuanto a los kilómetros de asfaltados que supuestamente concretó a lo largo del país. Y decimos supuestamente porque durante su administración ya habíamos objetado que nadie haya demostrado en los papeles tal hecho. Solo era cuestión de repetir números de manera jactanciosa. Y hasta se apropió de obras que habían sido iniciadas durante el periodo anterior. Su vocero de estos “logros” –no podía ser otro– era el ministro de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) Arnoldo Wiens. No está por demás recordar que la materia prima era proveída con exclusividad por la empresa del entonces jefe de Estado. Y cuestionábamos, también, la calidad de las obras. En este último caso, la razón se puso de nuestro lado. Veamos algunos ejemplos puntuales.
A partir del kilómetro 42 de la ruta 19 hasta el desvío de Alberdi, inaugurada por Mario Abdo Benítez el 8 de noviembre de 2021, se encuentra totalmente intransitable. El asfaltado, que apenas tiene cinco años, en parte está destrozado literalmente y existen tramos donde los carriles están hundidos como si fueran caminos de tierra. ¿Quiénes son los responsables de esta evidente desidia? Lo mismo ocurre en la extensión de esta ruta hasta la ciudad de Pilar. Antes de llegar a la capital del departamento de Ñeembucú se sufren verdaderas trampas mortales para los conductores, principalmente en horas de la noche. También en este rubro hay que terminar con la impunidad de quienes diseñan, licitan y ejecutan las obras. No creemos que sea cuestión de otro mundo alcanzar a los que tienen que responder por estos trabajos de mala calidad. Problemas heredados que los medios de comunicación aliados a Marito ignoran. Es más fácil tirar toda la culpa sobre los actuales administradores del Estado. Es tiempo de enfrentar con firmeza y valentía a la corrupción y de sancionar con todo el peso de la ley a los responsables de las obras mal hechas que tantas tragedias ocasionan a la población. Sin importar quién caiga.