En los últimos años nuestro país está avanzando con políticas correctas y prudentes para lograr un ambiente propicio para la inversión de capita­les que hoy repercuten positivamente sobre el crecimiento y la reducción de la pobreza. Aun así y dadas las evidencias, hay que decirlo, algu­nos medios de comunicación y analistas insis­ten tozudamente sobre el vaso medio vacío en vez de hacerlo desde la perspectiva diferente, el vaso medio lleno.

Paraguay da testimonio en dos temas que en cualquier otro país sería motivo de tapas en dia­rios, de cómo mejorar con propuestas serias y no mediante el torpedeo de insensateces de algunos.

Las dos áreas en las que el país está dando ejem­plo a nivel regional y global son el crecimiento de la economía y la reducción de la pobreza. Al res­pecto, nuestro país está creciendo en el orden de más del cuatro y medio (4,5 %) por ciento anual medido con relación al producto interno bruto (PIB) y, en cuanto a la reducción de la pobreza, los datos son igualmente sorprendentes.

En el presente gobierno del presidente Santiago Peña se ha registrado una caída de la pobreza desde el 50 por ciento a solo un 16 por ciento. Son más de 300 mil personas que dejaron de ser pobres. Estos datos no son una elucubración fan­tasiosa o sesgada bajo el ánimo de la política par­tidaria; son datos proveídos en informes cuyas fuentes se encuentran en los análisis del Banco Mundial que periódicamente informan y evalúan la gestión de la economía global y de sus desafíos.

De hecho las conclusiones de los informes son una demostración más de las muchas que existen en la historia de las naciones por el cual el crecimiento de la economía es el gran benefactor de los cambios para las personas, las familias y las empresas en general. Con un agregado que no podemos dejar de señalar en este editorial dada su importancia: Esto no es un accidente o una mera casualidad.

De ninguna manera. El crecimiento de la econo­mía del país así como la notoria reducción de la pobreza es el resultado de medidas correctas rela­cionado directa e indirectamente con lo que se llama libertad económica que no significa dejar de lado el aspecto institucional. Por el contrario, la libertad económica es hoy estudiada en muchos centros de estudios de raigambre global con enfo­que multidimensional.

Así por ejemplo tenemos el Informe de Libertad Económica en el mundo ( Economic Freedom of the World) del Heritage Foundation sumado al Fraser Institute de Canadá y el Cato Institute en Estados Unidos, organizaciones que dan cuenta de los siguientes indicadores: gasto público e impuestos; estructura jurídica, justicia y seguri­dad de la propiedad, imparcialidad de los contra­tos, control de la inflación y facilidad para usar moneda extranjera, aranceles, barreras regulato­rias y controles de cambio.

Cada una de estas variables son minuciosamente estudiadas y cotejadas con otros informes para mostrar acerca de los avances y retrocesos en las mismas, conocer de sus fortalezas, debilida­des y las oportunidades en el corto, mediano y largo plazo. Paraguay, es de señalarse, se encuen­tra superando el promedio regional. Existen, por ende, suficientes estudios serios acerca del fun­cionamiento en la práctica de la libertad econó­mica que incluye al entorno institucional desde la Constitución, las leyes y demás normativas, tal como manifestamos más arriba, mencionando además que la libertad de elección de las personas es otra fuente de análisis.

Ocurre que solo en el submundo de la ideas esta­tistas todavía proliferan medidas desatinadas como vetustas. Citemos, por ejemplo, que ante el déficit fiscal, los primeros que salen a pontificar son los que declaradamente están en contra del pueblo trabajador, de las familias y de las empre­sas que crean empleos diciendo que cuanto antes se deben aumentar los impuestos; sugerencia que el propio presidente Peña dijo no estar de acuerdo en cuanto se refiere a su gobierno que es lo que interesa.

Decíamos que el crecimiento de la economía no es un accidente o una casualidad, sino una causalidad forjada en aquella amalgama de libertad económica con instituciones predecibles que ofrecen certidum­bre en el largo plazo para hacer posible la formación del ahorro y del capital. No hay otro modo.

Para ello, la actual administración gubernativa está haciendo lo necesario y correcto centrando su interés en la infraestructura para reducir los costos para así generar cadenas de valor. En este sentido, se encuentra la infraestructura eléctrica que ya cuenta con la anuencia normativa para el ingreso del capital privado en este sector así como el fortalecimiento de los hub logísticos como la Bioceánica y la hidrovía Paraguay-Paraná, como un interesante y enriquecedor régimen de maquila con el que se cuenta en el país.

Igualmente está promoviendo el gobierno la ini­ciativa privada y el empleo, como en efecto se puede demostrar con el programa de títulos de propiedad otorgados en el sector rural al igual que la novel legislación sobre las mipymes facilitado­ras de la formalización de las pequeñas y media­nas unidades productivas con acceso al crédito y capacitaciones. Paraguay da ejemplo de creci­miento de su economía y reducción de pobreza.

Dejanos tu comentario