La reputación es un tema serio en el contexto internacional y más todavía tomando en cuenta estos tiempos inciertos dados los escenarios bélicos por todos conocidos que impactan sobre los precios de diversos commodities. Los países se esfuerzan por atraer inversiones a sus territorios, así como exportar productos hacia los mercados del exterior.
La reputación significa la confianza que inspira una persona, empresa o país en este caso en términos de lo que hoy se conoce como conexión global. Está en juego el éxito o el fracaso de las naciones o, lo que es lo mismo, de su crecimiento o estancamiento.
Si la reputación es positiva y se expresa en términos prácticos, entonces la tendencia será de atraer inversiones y personas dispuestas cooperar mediante sus ahorros e inversiones para generar productos y servicios en general. En el caso de los países emergentes entre los que se encuentra el nuestro, la referida reputación se gana en los hechos. De suma importancia es el sector público, dado que este puede convertirse en un facilitador de la iniciativa y creatividad privada o puede ser su mayor obstáculo.
Lo anterior explica, en gran parte, la diferencia entre un país en crecimiento económico y otro que se estanca con las secuelas respectivas en las condiciones de vida de las personas. Si desde el sector público, llámese los tres poderes del Estado y demás organizaciones como los municipios, no se emiten las señales de buena reputación hacia los mercados, la tendencia será la ralentización de la economía, habrá menos negocios, menos empleos y más corrupción. En cambio, si la reputación se traduce en el buen uso de los recursos dispuestos en el erario con medidas correctas que protejan la propiedad en un ambiente de seguridad a las personas y a los contratos, la tendencia será muy positiva para la sociedad.
Y no interesa si un país se encuadra dentro de lo que es el subdesarrollo o desarrollo. No hay nada más lejano que lo estático en el orden económico, dado que una nación próspera puede decaer y volverse paupérrima y, otra, siendo pobre puede avanzar hacia la prosperidad.
El mundo se mueve como un péndulo y las inversiones –que tanto se necesitan para mejorar los salarios de los trabajadores y las ganancias empresariales– se dirigirán hacia donde encuentren un lugar donde se haga propicio el binomio del progreso: seguridad y rentabilidad del capital, y no por separado, sino que tienen que ir juntas para así lograr el supremo objetivo.
En un mundo interconectado la reputación de confianza, por ende, exige hacer viable la seguridad y la rentabilidad del capital y tiene la característica de un activo estratégico, un diferenciador notable y necesario para competir en los mercados y más todavía si el competidor es pequeño territorialmente hablando, no tiene costas sobre el mar, lo que implica un sobrecosto en el mercado internacional, y está rodeado de países más grandes.
Este es el caso de Paraguay. Somos un país mediterráneo rodeado de dos países, Brasil y Argentina, que por supuesto también se juegan por sus intereses, lo que es absolutamente correcto mientras se respeten las reglas establecidas en los tratados y demás documentos de raigambre mundial.
Lo expresado es evaluado periódicamente por organizaciones en la materia que no tienen motivo alguno para mostrar apego o desapego especial por un determinado lugar. Si hacer negocios tiene la característica de actividades en las que se respetarán las reglas de juego institucionales facilitando al mismo tiempo la menor intervención estatal por medio del sector público, la reputación adquiere valor de activo estratégico del cual las personas y las empresas de otros lugares se percatarán más temprano que tarde. En este sentido, Paraguay ha dado avances importantes que no pueden ser desconsiderados y mucho menos debemos perderlos.
Con inflación baja que, como se sabe, es el peor de los impuestos no legislado en cualquier parte del mundo sumada a un riesgo país también a la baja, con dos grados de inversión por parte de calificadores internacionales y con la reducción de la pobreza tal como está ocurriendo en el gobierno del presidente Santiago Peña. Entonces, quiere decir que estamos en la senda correcta que imperativamente debe profundizarse, corrigiendo lo que haya que corregir. Es preciso insistir en la reputación global conseguida durante el actual gobierno.