El 5 de agosto de 2024 por pri­mera vez se sirvieron los pla­tos del programa Hambre Cero en las Escuelas en 90 distritos del país. De ese modo, pocos días después de terminar las vacacio­nes de invierno, los escolares de una parte de la nación paraguaya comenza­ron a alimentarse mediante la acción del Gobierno, que de ese modo comen­zaba uno de sus programas sociales de mayor importancia. Luego de esta experiencia inicial, en febrero de 2025 el plan alimenticio se extendió a todos los distritos del país para revolucio­nar positivamente la marcha de la vida escolar que a partir de entonces recibió la poderosa ayuda de la nutrición de los niños de todas las escuelas públicas, muchos de los cuales hasta entonces se alimentaban de manera deficiente debido a los limitados recursos econó­micos de sus familias.

Así comenzó una de las iniciativas clave del Estado que cambió radicalmente la vida de los chicos de las escuelas públi­cas, tanto en materia de salud como en rendimiento intelectual. Hoy en día los estudiantes no solamente se alimentan de manera adecuada, sino que también son más numerosos en las instituciones estatales, que han crecido en cantidad de alumnos y en la aceptación popular.

El responsable de esta iniciativa, el pre­sidente Santiago Peña, la recordó en el Día Nacional de la Alimentación Esco­lar durante una visita a una escuela de la ciudad de Luque, donde señaló que esta política pública garantiza la alimentación cotidiana de más de un millón de escolares de más de 7.000 instituciones educativas públicas de toda la geografía nacional.

Manifestó que la creación de Hambre Cero en las Escuelas fue una inicia­tiva que se presentó pocos meses des­pués del comienzo de su gobierno con la idea de convertir a la alimentación escolar en una causa capaz de unir a todos los paraguayos. Recordó que cuando se anunció el proyecto hubo gente que lo consideraba un tema inal­canzable por todo lo que implicaba garantizar el desayuno, el almuerzo y la merienda a más de un millón de alumnos todos los días, aparte del pro­blema de la coordinación del trabajo en las instituciones estatales.

“Hoy el programa está consolidado, y mi mayor anhelo es que la sociedad paraguaya lo abrace como suyo y que en las próximas décadas sea recordado como un hito histórico y una verdadera política de Estado”, apuntó.

En su recordación, manifestó que el pro­grama Hambre Cero se creó para aten­der varios objetivos al mismo tiempo. Esto porque, además de garantizar la alimentación adecuada de los niños durante una etapa fundamental del cre­cimiento, fortalece la actividad agrí­cola familiar campesina. Aparte de eso da impulso a las pequeñas y medianas empresas, genera empleo en las locali­dades de menor tamaño y contribuye a mejorar el sistema educativo nacional.

El mandatario dijo que el programa está mostrando resultados muy intere­santes en la reducción de la deserción escolar y en el incremento del número de chicos matriculados. Y que está for­taleciendo la confianza de las familias en la educación pública.

“La alimentación es un hábito que se aprende desde muy niño y tendrá un impacto en la salud y el desarrollo de las futuras generaciones”, observó. También explicó que el desafío para los próximos años será seguir fortale­ciendo las cadenas de producción, así como ampliar el acceso de los agri­cultores a los títulos de propiedad de sus tierras, a los créditos, tecnología y semillas de calidad. Esto para que cada zona geográfica pueda tener todo lo necesario para abastecer con eficiencia la demanda del programa.

Según se explicó en medios del Estado, con esta conmemoración, el Gobierno nacional valoriza una política pública que busca transformar el futuro de la niñez mediante una alimentación adecuada, una educación de mayor calidad, que proporcione más oportu­nidades de desarrollo para las nuevas generaciones de personas. La recorda­ción del inicio de este programa social de trascendencia que hizo el jefe de Estado debe servir también para que la ciudadanía trabaje para que los sec­tores sociales más necesitados puedan mejorar su situación. Tiene que ser un compromiso para que los ciudadanos del país se ocupen de aquellos grupos de la sociedad que están en la pobreza y necesitan oportunidades para poder salir de la miseria y se desarro­llen como personas dignas. Solo de ese modo el Paraguay será el país que todos queremos.

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