La política social de este gobierno de atender a los sectores más vul­nerables de la población, sin duda es una acertada contra los proble­mas más inmediatos que nos aquejan como país. En este contexto, además de los pro­yectos como Hambre Cero, los programas habitacionales y varios otros que incenti­van a grandes sectores de la economía, se encuentra la pensión universal para los adultos mayores, una ayuda que significa una importante ayuda para miles de abueli­tos y abuelitas, principalmente para los más relegados.

La pensión de la tercera edad es más que una ayuda, para los abuelitos y abuelitas significa una atención por parte del Estado y este gobierno se ocupó de un plan que rei­vindique su bienestar de alguna manera. Es un programa de alto impacto, hoy llega a 370 mil personas y es un reconocimiento al sacrificio, a los años de esfuerzo, a la vida que entregaron a este país, puede resultar sim­bólico, pero como nunca antes se ha llevado adelante sin distinción, ni discriminación alguna.

Utilizar el dinero de los contribuyentes en una mejor calidad de vida de los sectores más vulnerables, más aún por los que lle­van toda una vida en este territorio, no es un gasto, es una retribución muy bien encarada.

Este y los diferentes gobiernos deben enfo­carse a los grandes desafíos, pero sin olvidar los problemas sociales específicos, esos que afectan directamente al día a día. Por eso, muchas veces duele la indiferencia y los ata­ques a estas iniciativas por simples rencillas políticas.

Peor aún, que detrás de iniciativas loables como el sueldo para los adultos existan inte­reses mezquinos que valiéndose del engaño ilusionen y generen expectativas imposi­bles de cumplir en la práctica. Es sabido que existen políticos que buscan sacar ventajas prometiendo incrementos que escapan a la realidad presupuestaria, sin embargo, apro­vechan las necesidades de los abuelitos y las abuelitas para enredarlos con falsas espe­ranzas.

Ante la charlatanería de los miserables es bueno reiterar las veces que sea necesario que pensión universal a los adultos mayo­res es un programa social clave gestionado por este gobierno para otorgar recursos eco­nómicos a una población vulnerable que, no pudo aportar para llegar a la jubilación, por diferentes razones. El monto estipulado equivale al 25 % del salario mínimo vigente que, con el reciente reajuste hoy se traduce en un importa de G. 724.762 al mes.

No se puede aspirar a un monto superior puesto que lo asignado no corresponde a la retribución de una jubilación u otros benefi­cios que demandaron años de contribución.

Las mentiras que pudieran generarse para engañar sobre posibles incrementos o equi­paraciones a salario mínimo deben ser casti­gadas. De hecho, uno de los conocidos cabe­cillas que infunde la falsa narrativa de que el sueldo de los adultos mayores tiene que ser equivalente al ingreso mínimo legal ya está a cargo de la Fiscalía, como corresponde.

En estos días, el Gobierno notificó que la cobertura llegó a 370.000 beneficiarios con la inclusión de 6.500 nuevos registros, esto implica una contribución estatal de más de USD 500 millones, una inversión más que válida considerando la población meta.

La sensibilidad, la empatía y el interés polí­tico en programas como el de la tercera edad pueden ser pequeños sacrificios estatales, pero en la práctica significan un enorme paso en el combate a la pobreza y el desafío de mojares condiciones de vida. La plata que se destine a la calidad de vida de la población no puede significar gasto, sino una devolu­ción al esfuerzo.

El Gobierno tiene que ir creando condicio­nes de mayor calidad de vida con progra­mas sociales bien direccionados y que se ajusten a las posibilidades de los contribu­yentes. En la medida que la gente acceda a derechos y beneficios sin que el Estado caiga en subsidios desproporcionados, las oportunidades irán aumentando para todos los habitantes.

El dinero que recauda el Estado es para redistribuir a la ciudadanía mediante servi­cios eficientes, proyectos económicos, pero también debe servir para atender necesida­des de mayor prioridad como una mejor cali­dad de vida para la gente de la tercera edad. Sin duda, la pensión universal es una inicia­tiva acertada, hay que cuidarla, blindarla de pretensiones espurias para que perdure en el tiempo y siga siendo un importante ins­trumento contra la pobreza.

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