El lunes último se recordó el juramento de la Constitución Nacional que rige desde hace 34 años y está marcando la consolidación de la democracia de nuestro país, con el fortalecimiento de las instituciones republicanas y el respeto de los derechos y libertades ciudadanos que hoy son partes fundamentales de la vida del país. Para una nación que ha tenido lamentables experiencias de dictaduras políticas en el pasado intensificar la democracia y la vigencia de las normas de convivencia pacífica son primordiales. Por lo que conmemorar este nuevo aniversario de la Carta Magna tiene gran significación. No es cualquier fecha, sino el paso crucial que ha dado la República del Paraguay en esta etapa de su historia para vivir en el marco del respeto a las leyes y a las instituciones democráticas.
Para valorar la importancia de la máxima ley de la nación hay que tener en cuenta que fue concebida para hacer realidad la vigencia de las libertades y derechos de los que habitan este suelo luego de lamentables experiencias de totalitarismo que provocaron centenares de muertes violentas, el enfrentamiento armado entre diferentes grupos políticos y el exilio de miles de personas. Con la Constitución de 1992 los paraguayos ya no son expulsados de su suelo ni perseguidos por sus posturas políticas o ideológicas y pueden vivir en su país, como lo que es, su tierra propia. No es una nación perfecta, pero ya no resulta un lugar de intimidación y hostigamiento de las personas.
La mejor convivencia se debe en gran medida a que en la Carta Magna se introdujeron mecanismos que limitan la concentración del poder, con el fortalecimiento del papel del Poder Legislativo. También se han establecido de manera clara disposiciones para proteger la libertad de expresión y garantizar la prensa libre y el respeto al trabajo periodístico.
Como señaló recientemente un exconvencional constituyente de 1992, la elaboración de la nueva ley máxima fue posible mediante un gran pacto político, social, económico y cultural, que se construyó mediante el consenso entre distintos sectores de la sociedad paraguaya. Y lo resaltante es que, a pesar de las crisis y problemas enfrentados por el país en estas tres décadas que han pasado, se la ha mantenido en plena vigencia, con elecciones libres, el respeto a las libertades fundamentales y la participación de los ciudadanos sin trabas ni restricciones de ninguna laya.
Por eso la instauración, por ley, del feriado del 20 de junio para recordar el juramento a la Constitución Nacional tiene una alta significación histórica y política. No es cualquier fecha, sino un día de fuerte impacto en la vida de la ciudadanía.
El presidente de la República, Santiago Peña, que promulgó la ley respectiva, resaltó que la Carta Magna tiene un carácter transformador y que su aprobación marcó el nacimiento de un nuevo tiempo para la nación paraguaya. Resaltó que la nueva Constitución posibilitó la consolidación de la democracia, el fortalecimiento del respeto a los derechos, la garantía de las libertades públicas y la construcción de las instituciones que hacen posibles resolver las diferencias dentro del marco de las leyes.
Algunas de las disposiciones de relevancia de la Constitución de 1992 preservan los derechos más importantes de la persona humana y la sociedad. Como el de la existencia, que en el Artículo 4.° señala que el derecho a la vida es inherente a la persona humana y que está garantizada su protección desde la concepción de la persona. Por lo que queda abolida la pena de muerte. Establece además que toda persona será protegida por el Estado en su integridad física y síquica. También prohíbe la tortura, así como las penas, tratos crueles, inhumanos o degradantes. Dispone que el genocidio, la tortura, la desaparición forzosa de las personas, el secuestro y el homicidio por razones políticas no tienen prescripción jurídica.
Otra de las disposiciones de gran valor es que garantiza la libertad de expresión, de prensa, de la difusión del pensamiento y opinión, sin censura, y prohíbe crear leyes que la restrinjan. Dispone que toda persona tiene derecho a generar, procesar o difundir información, como utilizar cualquier instrumento lícito para tales fines.
Por todo lo señalado hay que resaltar que la Constitución Nacional no es solo la norma más importante, constituye además el compromiso primordial de todos los que habitan el país.