De no creer, pero en los 3 años que van de este periodo parlamen­tario y de Gobierno los políti­cos de la oposición no han pro­puesto un solo proyecto que se ajuste a las necesidades y realidades de la ciudadanía. Siguen perdidos en las rencillas, riñas sin fundamento y para colmo actuando como militantes de la agenda de los medios de comunicación cuyos intereses no son preci­samente el de la mayoría de los comunes.

Casi no quedan dudas de que esta oposición actual es una de las más apáticas a los pro­blemas de la gente.

Una mínima reflexión, consideración y muestras de interés a las carencias de la gente, propuestas que busquen mejorar la calidad de vida son iniciativas totalmente ausentes de las agendas de políticos de la oposición. El odio y el revanchismo los está haciendo perder valiosos tiempos de dedi­cación a metas que aporten soluciones para la ciudadanía.

Es una gran lástima porque una oposición doblegada al morbo, a las agendas de cor­poraciones mediáticas que solo se ajustan a líneas interesadas hacen perder a todo el país. La confusión en el rol de guerrilleros sin causa perjudica a todos los sectores.

Una oposición fuerte, coherente, crítica a las tareas gubernamentales de manera objetiva, que sumen ideas, alternativas, es el verdadero rol que debieran reivindicar. No se trata de sumisión sino de racioci­nio, la gente requiere críticas con discursos constructivos no simplemente llevar a la hoguera a los adversarios de turno.

La degradación nos afecta a todos. Los chis­mes y disputas mediáticas concentran la atención de la mayoría de los políticos opo­sitores, como si sus funciones se ajustaran al raiting de las radios y los canales.

Los continuos espectáculos como el de Raúl Benítez y otros en diputados, basados en tapas de diarios y campañas de renegados además de bochornosos, no aportan abso­lutamente a las atenciones que aspira la gente. Los escándalos de un Rafael Fillizola y los generosos flashes que le conceden en los pasillos del Congreso para repetir con­tinuamente la narrativa de los medios que le ceden espacio, sin realmente una pérdida de tiempo y del timón que demanda el país.

No puede ser que sus debates solamente se resuman sobre quienes hicieron y difun­dieron memes contra ellos y sus aliados. O que acusen sobre carencias como en el caso de IPS, cuando ellos y la opinión pública en general saben que la previsional es víc­tima de un fallido fideicomiso que le generó millonario perjuicio.

Viven usando el dedo acusador, pero no proponen soluciones como por ejemplo qué se puede hacer para disminuir las jugadas sucias en licitaciones mediante protestas que retrasan exageradamente los tiempos de adquisición de medicamentos y otros insumos de alta prioridad.

O qué puede aportar para optimizar la cali­dad del servicio del transporte público, una problemática de larga data que, en su mayo­ría, políticos opositores utilizaron para hacer campaña proselitista con prome­sas de reforma, pero se borraron del mapa cuando el Gobierno comenzó a remitir los primeros proyectos de mejora.

Confunden el Congreso con un circo y se limitan al show y a reproducir denuncias de sus medios amigos. Este país aspira a una oposición más madura, pero ante todo más eficiente en el rol de control, que en sus filas tengan referentes de grandes pro­gramas, grandes cambios en favor de la población.

Son 3 años de continuo escrache sin argu­mentos ni planes a futuro. Discursos de odio por el simple odio y palos a la rueda por el solo hecho de oponerse resulta can­sino para la mayoría, de hecho, eso se ve reflejado en las urnas. Cada vez están más al margen de la preferencia de los electores, situación que incluso en algún momento los llevó al ataque de instituciones rectoras del ejercicio de la democracia como la Justicia Electoral.

En sus mentes todos están equivocados, menos ellos. No son capaces de ver el des­aire de la mayoría ciudadana que no se ve representada con sus formas de actuar. Pasó mucho tiempo, necesitamos, de hecho, exigimos una clase política opositora más comprometida con las situaciones que ver­daderamente aquejan al país.

Si la oposición sigue en esta debacle y no constituye un contrapeso que se ocupa de los intereses de la población, seguirá en el proceso de un ocaso político y eso es muy contraproducente para cualquier país democrático.

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