Los que escriben en los medios de comunicación donde trabajan desde la perspectiva del propio deseo y no de las evidencias que proporcionan el análisis sistemático de los hechos o la reflexión racional con criterios lógicos tienen mayor riesgo de despeñarse en el ridículo, porque las predicciones antojadizas, sin fundamentos, se contraponen radicalmente a lo que finalmente acontece. Pero al que arremete con desordenada pasión en contra de los pronósticos de la realidad y pretende deliberadamente imponer sus direccionadas narrativas poco o nada le importan los resultados de sus sesgados comentarios, porque sabe que no pagará –al menos, por ahora– tributo a sus descaradas patrañas o inventos para engañar. Podemos decir que sus perversos procedimientos ya rayan con el desorden mental a causa de sus exaltadas emociones.
Los más fanáticos promotores de esta criminal actitud que lesiona los principios más elementales del periodismo fueron, durante varios tramos de este periodo democrático, clientes del Estado, en un espurio maridaje con los gobiernos de turno. Estos sobornos encubiertos estaban disfrazados de avisaje fiscal o espacios pagados por las autoridades, generalmente desde los ministerios con más recursos, con preferente predilección hacia las entidades hidroeléctricas binacionales, donde el chorro era más generoso y sin control. No es raro, por tanto, que algunas empresas y sus trabajadores y trabajadoras de la prensa tengan una conveniente amnesia para enjuiciar la corrupta administración –la más corrupta de toda la historia reciente– de Mario Abdo Benítez. Y, por el contrario, fustiguen con inigualable saña al expresidente de la República Horacio Cartes y al actual mandatario, Santiago Peña, quien llegó al Palacio de López de la mano del líder del movimiento Honor Colorado, el sector interno más poderoso de la Asociación Nacional Republicana.
Los más recalcitrantes detractores del actual titular de la Junta de Gobierno de la ANR, siguiendo las órdenes de sus inescrupulosos patrones, viven prisioneros de sus artificiales escenarios, pedaleando cuesta arriba para convencer a un público que les ha perdido el respeto y la confianza, restando toda credibilidad a sus publicaciones en cualquiera de sus formatos. Algunos, incluso, llegaron a formar parte de instituciones públicas al lado del tenebroso ministro de Hacienda de entonces, Benigno López, hermano de madre de Abdo Benítez. Un dúo que dejó al país al borde del colapso financiero y el descalabro administrativo, con deudas millonarias con empresas farmacéuticas y de construcción, teniendo a estos periodistas como aliados. En el caso específico de los emprendimientos viales, se ejecutaron obras que no tenían fuentes de financiamiento, siendo su principal responsable quien fuera ministro de Obras Públicas y Comunicaciones, Arnoldo Wiens, fracasado aspirante a la Presidencia de la República, y quien ahora quiere volver a intentarlo sin pudor alguno, a pesar de que carga sobre sus espaldas un largo prontuario de hechos punibles a raíz de obras sobrefacturadas (como la famosa “pasarela de oro”) y licitaciones amañadas. A los que debemos añadir el proceso que actualmente enfrenta por lesión de confianza y destrucción intencional de los trabajos del metrobús, que fueron llevados adelante durante la época de Cartes.
Las internas simultáneas de los partidos y movimientos políticos para elegir a los candidatos que los representarán en las elecciones municipales del 4 de octubre, a la par de despertar incurables rencores, de nuevo son aprovechadas para desparramar las tilinguerías más inverosímiles con aires de apodícticas premisas. Los mismos fanfarrones de siempre, que mañana –con la costumbre propia de los gatos– enterrarán su mala fe sin ningún remordimiento. Ignoran los imprescindibles códigos de ética que dieron forma, proyección y solidez a la profesión periodística. Utilizan sus medios para alcanzar sus fines egoístas y mezquinos. Ahora mismo decretan la debacle del movimiento Honor Colorado y pronostican negros nubarrones para los comicios de octubre, como si ellos fueran determinantes –de cumplimiento inexcusable y obligatorio– para las presidenciales de 2028. No se cansan de este ejercicio de onanismo mental en el cual se regodean, aunque, como ya ha ocurrido, continuarán elucubrando fuera del tarro, esparciendo los efluvios de sus divagues sobre la tapa cerrada del inodoro. Hay que admitir que es admirable que no se cansen –reiteramos– de hacer el ridículo. Como cuando denuncian ataques a la libertad de expresión porque el Ministerio Público investiga a un banco por lavado de dinero. Banco ligado a un diario. Conociendo sus antecedentes, las tapas de los diarios de mañana dependerán de los resultados de las elecciones de hoy para agrandar sus letras o minimizarlas. Son tan predecibles como despreciables.