Paraguay viene reduciendo sus­tancialmente el riesgo país en el gobierno del presidente Santiago Peña, cuestión que merece nues­tro detenimiento para que la información y el respectivo análisis lleguen de modo veraz especialmente al público que recibe otras declaraciones sobre este tema, las más de las veces con el objetivo de desa­creditar este indicador y así menoscabar la gestión gubernamental.

El riesgo país, como se sabe, es un indi­cador importante en el contexto global y se convirtió en un elemento importante para determinar la viabilidad de los com­promisos a cumplirse en cuestiones que hacen al cumplimiento por parte de un Estado con el pago de su deuda externa. Es como un reflejo de la confianza o des­confianza de los mercados internacio­nales en la economía e influye sobre los costos que un país debe pagar para finan­ciarse. Como se podrá notar, solo en esta introducción ya encontramos algunos detalles que requieren ser difundidos en su correcta acepción para no tener que caer en la injundia e ignorancia de los que se refieren sobre este tema.

En efecto, cuando baja el riesgo país, las posibilidades de que el Estado y el sec­tor privado conformado por las empre­sas se ven beneficiados conjuntamente porque el costo de futuros financiamien­tos se ven influidos con menores trabas burocráticas y sobre todo en las tasas de interés, expandiéndose de esta manera el mercado capitales, tan necesario para las inversiones y la creación de puestos de trabajo en cualquier lugar del planeta.

De modo que si un Estado mediante la administración del gobierno de turno en el poder en ese momento se muestra creí­ble porque cumple en tiempo y forma sus compromisos, también obtienen ventajas los sectores privados involucrados en la tarea de invertir en más negocios, todo lo cual es de impacto positivo sobre la eco­nomía en su conjunto.

Ahora bien, para que dicho escena­rio pueda darse y fructificar la baja en el riesgo país también los inversionis­tas locales como foráneos, son beneficia­dos con aquel cumplimiento en el com­promiso de la deuda contraída por el gobierno.

Cuanto más bajo el riesgo de un país determinado quiere decir –y lo siguiente es muy importante para tomar en cuenta– quiere decir que existe estabili­dad política y solidez institucional. Esto último ocurre en los países democráticos expuestos permanentemente a la discu­sión sana y constructiva por parte de sus ciudadanos.

Por supuesto, nos referimos a la discu­sión que trae consigo propuestas sensatas adosadas de críticas con argumentos que la gente sabrá apreciar en las respectivas elecciones de autoridades. Así es como funcionan las sociedades libres.

En el caso de nuestro país y con referen­cia al tema aquí expuesto, ocurre que estamos ubicados como el tercer país con menor nivel de riesgo en la región, en el que Uruguay ocupa el primer lugar, luego Chile y Paraguay, de acuerdo a los datos proveídos desde el Indice EMBI (Emer­ging Markets Bond Index) de la J. P. Mor­gan Chase, calculado según el indice de rendimiento que pagan los bonos sobe­ranos emitidos por países emergentes en dólares y los bonos del Tesoro de Estados Unidos.

Esto es, un EMBI alto implica dificulta­des para pagar deudas y un EMBI bajo indica mayor confianza de los inverso­res. Efectivamente y como decíamos más arriba, no se trata solo de pagar deudas sino del prestigio que tiene un país desde el gobierno ante los mercados globales que informan a las empresas si resulta prudente o no invertir en un país deter­minado, siempre tomando en cuenta las cuestiones relacionadas a la política como la estabilidad y el cumplimiento de la supremacía de la legalidad constitu­cional.

En ningún momento ni en ningún lugar del mundo, la economía es un comparti­miento estanco de la política y viceversa. Ambas se relacionan íntimamente al punto que una economía en crecimiento, como lo es la nuestra, es el resultado de la fortaleza en el cumplimiento de sus nor­mativas internas de política y economía aplicadas en su territorio. Es por ello que el menor riesgo país que viene obteniendo nuestro país –y que algunos desprecian– va más allá de los compromisos en el pago de la deuda.

Dejanos tu comentario