“Este ha sido el modo como ella por si misma, y a esfuerzos de su propia resolución, se ha constituido en libertad y en el pleno goce de sus derechos; pero se engañaría cualquiera que llegase a imaginar que su intención había sido entregarse al arbitrio ajeno y hacer dependiente su suerte de otra voluntad. En tal caso nada más habría adelantado ni reportado otro fruto de su sacrificio que el cambiar unas cadenas por otras y mudar de amo”. (Extracto de la memorable e histórica Nota del 20 de julio de 1811).
En el 215.° aniversario de la independencia patria del 14 y 15 de mayo de 1811, nuestros próceres no solo tuvieron como motivación la autonomía política y jurídica expresada en la Nota del 20 de julio de 1811, el primer documento de carácter nacional. Los patriotas esbozaron sus propósitos para hacer asequible una transformación que no terminó con el derrocamiento del gobernador español Bernardo de Velasco.
La convicción de nuestros próceres en la libre determinación de los pueblos fue poderosa. Ni la corona española más allá del Océano, ni Buenos Aires habrían de dirigir los destinos de la nueva República. En tal sentido, la Nota del 20 de julio de 1811 hace notar la influencia de ideas no solo independentistas, sino también de libertad bajo el designio republicano, un legado de nuestros próceres constituido como faro rutilante.
En este documento, la Junta Superior Gubernativa del Paraguay manifestó a la Junta de Buenos Aires su absoluta decisión irrevocable de autodeterminarse, estableciéndose de ese modo el certificado de nacimiento de nuestro país como nación libre y soberana.
De estilo clásico, culto y elegante, la Nota lleva la impronta de la cualificación avanzada de nuestros próceres. Se distinguían Fernando de la Mora y Gaspar Rodríguez de Francia, junto con el liderazgo natural del capitán Fulgencio Yegros, acompañados de Pedro Juan Caballero, Mariano Antonio Molas, Vicente Ignacio Iturbe y Francisco Bogarín.
La Nota del 20 de julio de 1811 expresa una idea convertida en un legado para los paraguayos. Es el supremo convencimiento de la nación organizada políticamente para gobernarse a sí misma cuyo cimiento se encuentra en la libertad y la soberanía. Estos dos atributos son innegociables, sea en la paz o en la misma guerra, como se demostró llegado el momento durante la Guerra Grande contra la Triple Alianza (1864-1870) y luego en la defensa victoriosa del Chaco Boreal (1932-1935).
Desde el mismo amanecer del Paraguay, nuestros próceres no desearon únicamente cambiar de cadenas y mudar de amo. Anhelaban forjar una nación fuerte y unida expresada en la voluntad de sus habitantes, motivos por los cuales imperativamente su devenir debía movilizarse bajo los auspicios de la libertad y la soberanía, tal como se lee y entiende en el referido documento.
No sería de beneficios para la sociedad, la libertad sin autodeterminación, así como la soberanía sin libertad, puesto que el hombre libre y ciudadano tiene derecho a elegir.
La libertad se expresa en la decisión de hacer o no hacer según la voluntad de cada quien sin dañar a otros y la soberanía en el poder autónomo e independiente de auto gobernarse. No existe autoridad superior que pueda decirnos qué hacer en nuestro territorio patrio. Como nación organizada en Estado independiente tenemos los paraguayos la potestad moral y material el de decidir acerca de nuestro presente y futuro, sin más limitaciones que el respeto a la voluntad del pueblo expresada en la Constitución como contrato político.
Concluimos este editorial en homenaje a la patria, diciendo:
Para el Paraguay no ha sido apacible su transitar desde aquel 14 y 15 de mayo de 1811. Esta bendecida tierra fue regada con sangre como también por semillas de porvenir. Diversos sucesos internos como externos testimonian su paso por la adversidad, muchos han sido dolorosos pero superados por el coraje del soldado desconocido, la valentía de sus mujeres y una constante búsqueda de superación.
El legado independentista de libertad y soberanía de nuestros próceres es de honrarlo sin escatimar esfuerzos, en el lugar que nos ocupe como ciudadanos de esta gran nación.
Dejanos tu comentario
Ovecha rague, el legado de “la ciudad que te abriga”
En junio pasado fue declarado como Patrimonio Cultural Inmaterial Nacional y se reconoció a dos de sus artesanas como Tesoros Nacionales Vivos. Aquí un panorama de la artesanía en lana en “la ciudad que te abriga”, San Miguel, y un diálogo con algunas de las artesanas que lo hacen posible.
- Por Jorge Zárate
- Jorge.zarate@nacionmedia.com.py
- Fotos Mariana Díaz
“Toda la historia del pueblo se fue tejiendo, por así decirlo, en torno a la artesanía, no solo su economía, sino la identidad de su propia gente”, apunta Enrique Correa, director de Cultura de la Municipalidad de San Miguel, en el departamento de Misiones.
Distante a 180 kilómetros de Asunción, a la vera de la ruta PY01, esta localidad se enorgullece de ser la capital de la lana, “la ciudad que te abriga”, la cuna del ovecha rague. A la vera de la ruta existen unas 15 tiendas/talleres que producen y venden tejidos, pero también hay un número mayor de tejedores que se reparten en el casco urbano de la ciudad y en las compañías Arasape y Hugua.
“Es una realidad bastante compleja porque por un lado están los aspectos patrimoniales, que es lo que hemos logrado o tratado de salvaguardar, por ejemplo, con esta declaratoria, los saberes técnicos que los artesanos han transmitido de generación en generación que tiene un alto valor y que le da un valor agregado importantísimo a la artesanía”, apunta Correa.
Habla de la declaración como Patrimonio Cultural Inmaterial Nacional del Ovecha Rague, que hiciera el gobierno en junio pasado en un paso importante para buscar apuntalar la actividad.
Después está lo económico porque “es la fuente principal de ingreso y el sustento de varias familias”, describe.
MOTOR ECONÓMICO
“El hecho de que sea el motor económico de la ciudad nos lleva a trabajar en cómo ofrecer el producto, buscar nuevos mercados, el tema de la materia prima también. Hasta influye el cambio climático, los inviernos ya no son tan crudos hoy en día en nuestra región. Eso obligó a los artesanos a innovar, a buscar otros materiales, el algodón, por ejemplo, que fue ingresando bastante”, agrega Correa.
Recuerda que “la lana tiene su salida solamente en el invierno, en el verano hay que pensar en otros productos. Los artesanos se ingeniaron y le dieron con todo, con el tema del algodón, las colchas, las hamacas, que tienen bastante salida en el verano”.
La realidad económica impacta en las familias “que se van desintegrando, los hijos que emigran a otros lugares, entonces todo atenta contra el mantener este proceso, este conocimiento, este saber y este patrimonio que le otorga una identidad al pueblo”.
Correa entiende que es un desafío “para nosotros como un municipio, la gobernación, el Instituto Paraguayo de Artesanía y para la Secretaría de Cultura, la Senatur, cómo hacer alianzas estratégicas para que la artesanía se siga manteniendo, pueda seguir vendiéndose aquí y en el exterior y que nuestra gente siga produciéndola”.
La intermediación es otro elemento que se intenta resolver a la hora de conseguir un “precio justo” para los artesanos. “Es importante que puedan llegar directamente al consumidor”, apunta ya que “muchos al vender el producto final recuperan quizás lo invertido en materia prima, pero la mano de obra y las horas invertidas en cada uno de los procesos que conlleva elaborar esa prenda muchas veces no son tenidas en cuenta y no son monetizadas. Entonces esos son los grandes desafíos que estamos enfrentando”, indica.
TESOROS VIVOS
Ella está escardando la lana en su sillón favorito, en la galería de la casa, en compañía de gatos y gallinas. Fermina Fernández viuda de Correa tiene 84 años y desde que tiene memoria hila y teje. “Cuando tengo 7 años ya mi abuela me enseñaba cómo tengo que hacer por la lana”, memora la mujer que en junio pasado fue reconocida como Tesoro Nacional Vivo por la Secretaría Nacional de Cultura.
Fermina muestra su rueca, monta las fibras de lana con oficio y con el suave y mecánico impulso de un pedal va construyendo el hilo con el que luego elaborará sus finos tejidos.
La tarea también se puede hacer a mano con un huso, para conseguir un hilo más fino, como el que usa en sus fantásticos vichu, chales de fina lana, todo un símbolo de la cultura de los tejedores de San Miguel. Los teje a crochet y los vende desde los 120 mil guaraníes.
“El otro día vinieron las bailarinas y llevaron casi todo de mí”, dice entre risas, contenta por la particular venta que tiene la prenda, infaltable en las integrantes de los ballets folclóricos. Fue en junio durante el festival del Ovecha Rague que recibió a unas 50 delegaciones de artistas.
Mueve a reflexión cómo se valora este trabajo artesanal que tiene un proceso que incluye el lavado de la lana, el escardado, el blanqueo, que puede llevar un mes, de no mediar lluvias y humedad, antes de que las manos de Fermina aborden la prenda. “El tejido no tarda más de una semana”, cuenta.
Solo ella y otra artesana tejen los vichu en el centro de San Miguel, pero en la compañía Arasape queda todavía un grupo importante de tejedoras que ayudan a mantener esta bella tradición.
Fermina supo hacer frazadas, de gran factura, pero “ya me va es demasiado pesado manejar el telar, se hace complicado, se tiene que tener fuerza”, explica. Muestra una que confeccionaron con sus hilos unos artesanos asociados que cuesta 900 mil guaraníes. Se siente que vale más.
El tejido exige un compromiso de los cuerpos que los artesanos padecen. Dolores articulares, reuma y artritis aparecen cuando se convierten en adultos mayores.
Por eso se la ve contenta con el reconocimiento que se le hizo: “Me sentí demasiado bien. Estoy orgullosa con mi trabajo. Porque de chiquitita yo comencé y hasta ahora estoy trabajando gracias a Dios”.
Tiene 7 hijos que aprendieron con ella a trabajar la lana. “Ahora nomÁs ellos se van todos de acá por estudio, por trabajo… por acá no hay trabajo”, dice.
Relata que los precios en mucho responden al alto precio de la lana cruda. “Te venden a 60 o 70 mil guaraníes el kilo. ¡Muy caro ya es!”, considera . “ Por eso no podemos hacer más barato nuestro trabajo porque el material es demasiado caro. Tengo que lavar con agua oxigenada y jabón en polvo con agua caliente”.
Fermina aborda personalmente el hilado porque de ello depende la calidad de la prenda. “La gente quiere trabajar, pero no quiere hacer bien el trabajo, ese es el problema, el hilado es muy delicado, si el hilo se va a usar en el telar, entonces requiere torcer un poco más, hacerlo un poquito más firme. Si lo va a hacer a crochet tiene que ser un poco más suave”, explica.
“Yo ahora poco vendo porque no salgo más”, cuenta de su actualidad. Relata entonces que antes iba a la Expo de Mariano Roque Alonso, y recorría el interior llegando a Santa Rita, Saltos del Guairá, Colonia Yguazú, Ciudad del Este. También que hubo señoras que hicieron llegar sus tejidos al exterior con gran éxito y valoración.
Le gusta ir a descansar los domingos a la casa materna de Costa Hû, un barrio de San Miguel, en donde comenzó su historia como tejedora. “Cuando yo me muera ustedes van a vender, pero ahora no porque es mi herencia”, cuenta que les dice a sus hijos. Allí su mamá y su madrina le enseñaron los oficios de la lana y allí siempre vuelve.
UNA VIDA CON LA LANA
Eustaquia Palma de Garay tiene 95 años y fue también reconocida como Tesoro Nacional Vivo. “Y la verdad es que yo no sé, parece que les gustaron las cosas que hice”, comenta.
Hace un tiempo que ya dejó de tejer y ahora, con su marido, se dedican a la venta de piezas confeccionadas por otras manos en su negocio ubicado sobre el Paseo de los Artesanos, que se puede visitar a la vera de la ruta PY01 en San Miguel.
Desde niña comenzó a tejer gorras, luego fue el tiempo de los vichu y más tarde su especialidad fueron las frazadas de lana bordadas. “Mi hermana empezó a hacer la frazada con otra artesana y después mandamos a hacer un telar y comenzamos esa tarea”, cuenta.
Sus ojos brillan al rememorar los motivos que adornaban cada pieza: “Una planta de rosa o de clavel nosotras hacíamos desde el tallo hasta la hoja, las flores y todo, quedaban muy lindas”. “En la feria yo vendía mi frazada antes, me fui a Roque Alonso, llevamos el telar y hacíamos las muestras”, recuerda de años pasados.
Ahí destaca: “Antes las frazadas se vendían, por ejemplo, en Yacyretá yo vendía muchísimo. Recorría las casas de los trabajadores y me compraban. Ahora mermó un poco la venta”, relata.
Sobre la calidad de la artesanía refiere que “ahora la gente quiere rápido y no se hace así. Con atención tenemos que hacerlo. Lleva su tiempo y su paciencia también”.
“Desde los 7 años yo ya empecé a trabajar, cuando mi papá murió. Entonces teníamos que ayudarle a nuestra mamá. Ellos lavaban la lana y nosotros escardábamos”, recuerda.
Las lanas naturales tienen diferentes colores, blancos, grisáceos, distintos tonos de marrón, algún exquisito negro más escaso y valorado. “Ibamos a comprar la lana a San Ignacio, a San Juan y eso y traíamos la bolsa encima de la cabeza, pobrísimos éramos. A veces las personas te ayudaban a traer un poco tu bolsa”, memora de su vida con la lana.
En setiembre cumple 96 años y le sigue gustando cocinar. “Hago guiso, locro, polenta, puchero. Tenemos que seguir únicamente porque ese es nuestro sustento. Si no trabajamos no vamos a comer”, dice mirando al cielo entre los tejidos colgados en su tienda.
MUÑECA, EL FUTURO Y LOS PONCHOS
Julia Cristina Álvarez García se llama, pero para todos es Muñeca y su taller de confecciones fue incluido en la Ruta de la Artesanía, una iniciativa que busca promocionar sitios destacados en el país.
Allí, además de una muestra muy bien seleccionada y cuidada de la artesanía local, se puede apreciar desde un llamativo ventanal el trabajo de los telares. Muñeca los va mostrando: “Aquí se teje una colcha de algodón, este es un poncho modelo triángulo y más allá se está por empezar un poncho masculino”. Cuenta que allí se teje de todo un poco: “Producimos individuales de algodón, alfombras, que serían más nuestras opciones de verano y ahora en el invierno ponchos, ruanas, mantas”, comenta.
“Ahora están saliendo mucho los ponchos”, dice recordando que tienen precios que van desde los 330 mil guaraníes. “Depende del material, porque nosotros trabajamos este tipo de lana industrializada importada de Argentina. También usamos la materia prima local, pero esos trabajos son más exclusivos y hacemos en menor cantidad. Por lo que lleva tiempo producir el hilo de lana de oveja”, explica. Un poncho de pura lana paraguaya se consigue desde 900 mil guaraníes.
En el muy bien montado local hay una rueca a pedal y un muestrario del proceso de la lana que ayuda a entender del gran trabajo que se necesita para tejer con hilo propio. Así un chal de lana pura se consigue desde 300 mil guaraníes.
Consultada sobre la posibilidad de industrializar la lana misionera, entiende que hay algo en la ecuación que todavía no cierra como para emprender esa inversión. “Es todo un tema, por ejemplo, para nosotros buscar la lana adecuada para hacer ese hilo, producirlo durante todo el verano para obtener material para febrero, marzo, para nosotros es mucho trabajo y mucho proceso. Sin embargo, si estuviera industrializado sería más fácil, vamos a ir a escoger medidas, colores y comenzamos a confeccionar”. Entre tanto se usa lana argentina que “es menos caliente, es un material más económico y más fácil de conseguir”.
Tejedora desde los 13 años más o menos, comenzó haciendo cosas pequeñas hasta llegar a los ponchos y frazadas, el derrotero tradicional de los cultores del oficio en San Miguel. “Era una tradición, antes todo el mundo tenía su frazada. Ahora creo que ya no se usan tanto porque son pesadas y aparecieron los edredones livianos que son calentitos también”, especula. “También son más caras, está el tema de las alergias… muchas razones, pienso yo”, dice.
Entiende que se debería interesar a los jóvenes en el trabajo y apunta el que hacen sus hijas con las redes sociales. “Toda promoción nos viene bien, ellas venden a través de las redes, está funcionando muy bien”, cuenta.
“María Elena Ruiz es la encargada de las fotos, de las redes sociales e inclusive también ella trabaja en la máquina porque terminó la carrera de diseño de moda. Mis cuatro hijos son profesionales y yo trabajo aquí con mi esposo, ojalá los jóvenes sigan adelante”, concluye.
BLANCA, LA MAESTRA DE LAS JERGAS
La lana natural se seca al sol que generoso baña la casa de Blanca González, artesana, especialista en jergas, unos paños que ayudan a alivianar el roce que la montura le produce al caballo. “Hago unas 20 semanales”, dice la mujer que con gran espíritu lava a mano la lana en el patio en un proceso que le lleva 24 horas. “Primero la dejo en remojo con jabón en polvo y al otro día la enjuago y la paso por el secarropas”, explica.
Blanca se entusiasma que la venta de su artesanía, muy demandada desde las estancias ganaderas del Chaco, le ayuden a afrontar una nueva operación de rodilla. “Yo siempre quiero tener mucha lana, esa es mi obsesión”, dice entre risas mostrando su acopio y explicando que es la manera de conseguir bajar el precio de su insumo.
“Está difícil el trabajo en la lana, necesitamos más ayuda de las autoridades. Imagine que todavía las personas de la generación que me sigue, los que tienen 40 años todavía trabajan la lana, pero los más jóvenes ya no, se van todos”, expone.
Una vez que tiene seca la lana se encarga de hilar en unas máquinas que hizo construir para acelerar los procesos. Primero hace el yva, el hilo fino y en otra parte de su tiempo se dedica a producir el poyvi, el hilo grueso.
Ya en el telar, que monta de manera ágil y eficiente, los entrecruzará de manera maestra para conseguir la jerga. Cada unidad se vende en precios que van de los 40 a 45 mil guaraníes.
“Esta es mi vida”, dice satisfecha del oficio que aprendió con sus mayores cuando tenía apenas 7 años. “En esa época tejíamos gorras porque se vendían muy bien”, cosa que ahora no pasa tanto.
Madre de cuatro hijos, solo una de las mujeres heredó el oficio y también teje jergas. “No se valora nuestro trabajo”, dice lacónica Blanca, para volver luego a una sonrisa transparente cuando posa para la foto en su cálido taller.
ESFUERZOS PARA LA PROMOCIÓN
Patricia Alvarenga es la directora de Formación y Coordinación Departamental del Instituto Paraguayo de Artesanía (IPA). “Nosotros nos encargamos de llevar adelante el Programa Nacional de la Ruta de la Artesanía, del cual forma parte de Artesanía Muñeca”, cuenta.
“Queremos acercar estas experiencias vivenciales de conocer el proceso de la producción de artesanía a todo el público”, apunta. El local junto a muchos otros en el país está incluido en un recorrido turístico. “A través de una página web tenemos la posibilidad de acercar de forma directa al público todos los datos para que puedan acceder a la experiencia de conocer el proceso de la lana acá en el taller de Muñeca”, informa.
La idea es que visitando la web: ruta.artesania.gov.py, las personas encuentren información que la ayude a escoger destino. “También estamos trabajando con agencias de turismo y organizaciones, también con la Secretaría de Turismo que nos apoya para este programa”, relata explicando que lo hacen en alianza con los gobiernos locales y departamentales.
Alvarenga apunta: “Sabemos que la realidad nacional afecta al sector de la artesanía por eso buscamos traer tanto a turistas nacionales como internacionales a visitar los espacios y a comprar de forma directa del artesano productor a su cliente directo para que pueda tener una ganancia justa”, señala.
Dejanos tu comentario
La independencia patria se honra con un país estable y en crecimiento
La independencia patria que celebramos por obra de nuestros próceres de aquel memorable mayo del año 1811 fue un paso trascendental que nos convirtió en un país libre y soberano bajo el auspicio de la autodeterminación en el concierto de las naciones.
La economía que tenemos es una forma de honrar expresando gratitud a nuestros mayores. Fortalecer a un país es haciéndolo estable y en crecimiento, de modo de que sus habitantes, ciudadanos, familias y empresas en general logren mejores oportunidades de mejorar sus respectivas condiciones de vida.
Un país inestable económicamente hablando no puede crecer como tampoco puede competir en un mundo cada vez más expuesto a los rigores de la competitividad y la productividad. Un país inestable y sin crecimiento es lo contrario a la virtud del patriotismo. Pero Paraguay es precisamente un lugar de oportunidades, no solamente apreciado por los hombres y mujeres de trabajo, sino también por cada vez numerosas empresas nacionales y extranjeras que aprecian los cambios positivos. Además de ser libre y abierto, contiene una baja carga tributaria y de certidumbre para el retorno del capital invertido. El hecho incuestionable del grado de inversión, por ejemplo, ofrece un testimonio técnico que no puede desconsiderarse puesto que los indicadores con los que se miden el riesgo país, la capacidad de enfrentar exitosamente los shocks externos, el control de las variables monetarias y fiscales, hacen posible el ingreso de capitales y la creación de nuevos empleos.
Podríamos citar desde luego otros ejemplos, pero para la ocasión agreguemos la obra de la Bioceánica llevada a cabo por nuestro país, Argentina, Chile y Brasil, a convertirse en el nuevo canal de Panamá, solo que esta vez de modo terrestre.
Esta colosal obra facilitará el comercio entre los países y la reducción de los costos de logística y de ese modo en términos de estándares internacionales significará el ahorro de tiempo y dinero en el comercio internacional de las Américas para conectarnos más rápido, seguro y barato con el norte de nuestro continente, el asiático y hasta europeo. De igual modo, citemos en el contexto interno del país. La estabilidad monetaria y la sostenibilidad fiscal que muchos países anhelan contar, pues nosotros aquí lo tenemos y lo debemos valorar porque implica que el Gobierno respeta a la gente porque nada puede ser más dañino especialmente para las masas populares, que el deterioro constante de sus salarios y jornales.
Apenas días atrás, el presidente Santiago Peña inauguró la pavimentación asfáltica de accesos a puertos de la región Oriental, concretamente en el departamento de Itapúa en los tramos entre Mayor Otaño, Carlos Antonio López y Puerto dos Fronteras, tan largamente anhelado por los pobladores porque desde ahora un importante corredor de exportación de nuestros productos contará con una ruta de todo tiempo y de alta calidad. Lo mismo puede decirse del posicionamiento país que se viene logrando con los viajes del primer mandatario que establece de ese modo una hoja de ruta que hace reconocible al Paraguay en el mundo debido a esa mirada estratégica que tiene para convertirnos muy pronto en un hug logístico regional y una potencia en sectores como los alimentos en general y otros.
La independencia patria es un hecho ciertamente histórico a recordar, sin embargo, es de patriotas honrar esta fecha con el valor de la gratitud haciendo del Paraguay un país de oportunidades como nunca se ha visto y que ahora se está logrando para bien de la población sin miramientos de banderías políticas.
Dejanos tu comentario
Los próceres en la escuela (1870-1940) o “La independencia” contada a nuestros abuelos
Por David Velázquez Seiferheld
Fotos: gentileza de D. Velázquez Seiferheld
En la semana de la Independencia, repasamos una interesante propuesta desde el punto de vista de la historia sobre ese tiempo reflejada en los libros de texto de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Es un trabajo que nos refresca la memoria con una mirada sobre el aspecto de la educación, tan importante y vital como necesario.
¿Cómo se representaba la Independencia Nacional en los libros de texto utilizados en las escuelas primarias del Paraguay entre 1870 y 1940?
– Estas líneas buscan, en apretada síntesis, dar a conocer los conceptos y las imágenes utilizadas para narrar la Independencia Nacional y el nacimiento de la República, en los textos escolares desde fines del siglo XIX hasta aproximadamente mediados del siglo XX.
Razones de espacio nos impiden abarcar en detalle todo cuanto se ha dicho y escritosobre la Independencia Nacional y los próceres de mayo a lo largo del tiempo. Por ello, seleccionamos solo algunos textos que nos permitirán ingresar al rico y complejo mundo de las visiones del pasado plasmadas en las escuelas del Paraguay en diferentes momentos históricos.
COMPENDIO DE HISTORIA Y GEOGRAFÍA DEL PARAGUAY (1879)
El primer libro de texto integral sobre historia y geografía del Paraguay luego de la Guerra de la Triple Alianza fue el “Compendio de Geografía e Historia del Paraguay”, de Leopoldo Gómez de Terán, y Próspero Pereira y Gamba. La aprobación del libre fue dada por el ex canciller del gobierno de Francisco Solano López, José Falcón, quien en su dictamen señala que “aún cuando pudieran considerarse sus deficiencias como compendio, las naciones que contienen son verdaderas, según el estudio que tengo hecho y los acontecimientos que me han proporcionado los varios documentos del Archivo Nacional”.
El texto de Terán y Gamba materializa el espíritu “regenerador” impuesto al Paraguay luego de la hecatombe que significó para el país la guerra. Propio de la literatura historiográfica moralizante, en la obra la guerra se presenta como una suerte de expiación y de liberación del Paraguay, de sus pecados cívicos y el castigo por sus despotismos: “Libre así el Paraguay del flagelo del despotismo, que por larga serie de años azotó el rostro de la libertad, ha entrado en un nuevo orden de cosas en que enjugando poco a poco sus lágrimas podrá levantarse del estado de postración en que cayó y tomar un día su asiento allanado de las demás naciones hermanas del mundo del porvenir”.
En el libro, la Independencia Nacional es presentada como un proceso de ruptura con el “jesuitismo” colonial: “un régimen (…) en política despótico, en religión intolerante y en moral sumamente licencioso”; y, que a su vez, fue frustrado en sus ideales liberales por la aparición de los “despotismos”, calificativo que se extiende a los gobiernos de Francia y de los López, cuya consecuencia fue la guerra.
La figura de Rodríguez de Francia está situada en el centro del proceso histórico, y es presentada como “el personaje llamado a constituir la nacionalidad paraguaya después de tres centurias de conquista, opresión y fanatismo”. Su personalidad se transformó, de acuerdo con Terán y Gamba, “de ilustrado para su tiempo”, “de prendas estimables, de finos modales y de exterior simpático”, a “misántropo y taciturno” como consecuencia de una desilusión amorosa. Por lo cual “la ambición reemplazó todo otro afecto en su alma enérgica y no pensó más que en la dominación y el engrandecimiento de su patria, cuyo amor combinó con astucias y propensiones y venganzas que nutrían su corazón rencoroso y ofendido”. Su dictadura perpetua se debió, según los autores, a la combinación entre disensos internos entre los tres partidos existentes entonces: “realistas”, “porteñistas” y “patriotas”, y la ambición y astucia de quien luego sería dictador perpetuo, finalizando así los sueños republicanos y liberales del Paraguay de 1811.
La aparición del libro de Terán y Gamba se inscribe en el marco de las medidas educativas adoptadas por el proyecto sociopolítico liberal y “regenerador” entre las que se incluye la creación del Colegio Nacional de la Capital (para el cual fue escrito el libro, aunque se usó también en las escuelas primarias), un hecho que a la larga resultaría clave dado que en sus aulas se gestaría la llamada “generación novecentista”.
El libro conoció numerosas ediciones hasta 1920, aunque desde 1903, y en el marco de las primeras críticas provenientes del espectro nacionalista y heroico, el libro se utilizó cada vez con menos frecuencia.
EL COMPENDIO ELEMENTAL DE HISTORIA DEL PARAGUAY (1896)
Escrito en 1896, el “Compendio de Historia Elemental del Paraguay”, de Blas Garay, no contiene, todavía, la tesis que su autor luego sustentaría acerca del pasado paraguayo plasmada en su artículo “Pasado de Gloria, Presente de Ignominia”, un par de años después. El compendio sigue las normas historiográficas al uso, a diferencia del libro de Terán y Gamba que, como dijimos, está fuertemente teñido de juicios morales. No deja, sin embargo, de llamar la atención, el hecho de que los acontecimientos que desembocan en la Independencia Nacional aparezcan en la Sección Primera, “El periodo dictatorial”, de la Segunda parte titulada La Independencia. Efectivamente en el relato de Garay se aprecia cómo la Independencia Nacional aparece subsumida por los hechos que luego darían origen a la dictadura de Francia, sobre la cual Garay tiene un juicio negativo calificándola como “tiranía”. Para demostrar las diferencias conceptuales entre un periodo y otro, Garay titula a la Segunda Sección como “El período constitucional”. La obra de Garay fue aprobada en 1898 por el superintendente de Escuelas Enrique Solano López, hijo del Mariscal y destacado educador en su tiempo. A diferencia del libro de Terán y Gamba, sin embargo, el compendio no recibió, para su publicación, subsidio estatal. Según el historiador Ignacio Telesca, la influencia respecto de estos obstáculos para la difusión del libro de Garay provino del educador argentino Francisco Tapia, quien había sido contratado por el gobierno para crear y dirigir la Escuela Normal de Maestros. En el programa de formación docente, Tapia utilizaba la obra de Terán y Gamba.
A fines del siglo XIX dos fiestas cívicas marcaban la vida escolar: el 14 de mayo, aniversario de la Independencia Nacional y el 25 de noviembre, aniversario de la Jura de la Constitución de 1870. El panteón heroico, sin embargo, era objeto de intensas discusiones que si Iturbe, que si Yegros, que si Caballero: la figura de Francia se encontraba proscrita, rechazada, como símbolo de “la luctuosa y desastrosa época de nuestros mayores, recuerdo que bien va borrándose de nuestra memoria en presencia de esta nueva época”, como decía el maestro normal Ángel Vázquez, en los festejos del 14 de mayo de 1889. La preeminencia del discurso “regenerador” también aparece en las palabras de la niña Estela Méndez, de Pirayú, que afirmaba, en 1903, que “en 1811 rompimos la cadena de extraño poder; pero la patria cayó en manos de hijos espurios que la despotizaron por largo tiempo”. 1903 fue, recordemos, el año en que transcurrió la célebre polémica nacionalista entre Cecilio Báez y Juan E. O’Leary. Igualmente, aparece en la “acusación” contra el Paraguay de Francia, de hacer aislado al país de las luchas por la independencia americana. En aquellos años, todavía formaba parte de la narrativa de la independencia el antecedente de los movimientos de “porteñistas”: conspiraciones a inicios de 1811, propiciadas contra el gobernador Velasco, para lograr la incorporación del Paraguay a la Junta de Buenos Aires. Estos antecedentes prácticamente desaparecieron del relato de la Independencia luego de 1940, con la evidente intención de evitar cualquier interpretación del proceso independentista en el que emergiera algún atisbo de influencia argentina.
LA REVISTA ESCOLAR KAVURE’I (1917-1920)
En abril de 1917, Juan Ramón Dahlquist, maestro normalista, publica la primera revista escolar: Kavure’i. En el número dedicado a la Independencia Nacional, el 13 de mayo, la publicación recuerda a “los hombres que dieron libertad a nuestra patria”, e incluye a Pedro Juan Caballero, Mauricio José Troche, Vicente Ignacio Iturbe, Gaspar Rodríguezde Francia, Fulgencio Yegros y el capellán José Agustín Molas. En la edición dedicada a la Independencia un año después, en 1918, aparecen además los nombres de Fray Fernando Caballero y Don Pedro Somellera.
Kavure’i recuerda a sus lectores que “nuestro país estuvo hasta el 13 de mayo de 1811 bajo el dominio de España (…) España no ha quedado disgustada con los paraguayos, por haberse declarado independientes. Era cosa que tenía que suceder (…) Los paraguayos tampoco debemos querer mal a España, porque haya sido dueño, un tiempo, de nuestro país. Es nuestra madre patria y nosotros hablamos su hermosa lengua y la sangre que corre por nuestras venas es la misma sangre de esos valientes españoles mezclada con la de los indios guaraníes”. Kavure’i reflexiona con los niños: “Los próceres de la Independencia comprendieron que el Paraguay ya tenía fuerzas suficientes para gobernarse solo y resolvieron hacerlo libre. Y la libertad la consiguieron sin derramar una sola gota de sangre”.
A diferencia de los relatos historiográficos hasta entonces existentes, Kavure’i propone una línea más reflexiva, producto, quizás, de las nuevas tendencias pedagógicas, que reconocían una identidad específica de la niñez. El niño o la niña ya no eran considerados “adultos en pequeño”, sino que los contenidos y el tono comenzaban a adecuarse a la etapa vital en que se encontraban.
En 1918, la revista reprodujo un artículo dedicado a la conspiración de 1820 contra Francia, escrito en 1894 por Manuel Domínguez. Aparece, en el mismo número, igualmente, reproducida una conferencia dictada por Juan Manuel Sosa Escalada en Buenos Aires, en 1889, titulada 14 de mayo de 1811 en la que por primera vez aparece el nombre de Juana María de Lara como vinculado a la Independencia Nacional: “Doña Juana María, cual otra Juana de Mena, la heroína de los comuneros, que se había mantenido al acecho todo el tiempo de los sucesos, entró a la par de muchos, y felicitando a Caballero, depositó en sus manos una corona de azucenas, jazmines y rosas que simbolizaron los futuros colores de la patria”. Como sostiene Ana Barreto, comenzaba también a instalarse en el imaginario social acerca de la revolución de Independencia, un cierto modelo de mujer simbolizado en Lara.
LA RUTA (1938)
Décadas después, en el marco del surgimiento del nacionalismo autoritario y militarista en el Paraguay, aparece la Cartilla Anticomunista, escrita por Emiliano Gómez Ríos, y el texto de lectura La Ruta o Cartilla Nacionalista, de Justo P. Benítez. Ambos eran resultado de la puesta en ejecución del Decreto N° 1371 del 23 de octubre de 1937, por el cual se declaraba obligatoria la enseñanza nacionalista en las escuelas primarias de la República.
En La Ruta hay un mayor énfasis en las biografías de los protagonistas de la Independencia que en las obras previas. Así, Yegros, es “el hombre símbolo de la Revolución de Mayo”; y “ejecutor enérgico de la Independencia”. Su suicido, en la cárcel, apresado por el dictador Francia, fue “como una protesta”. Vicente Ignacio Iturbe “no conoció más que el camino recto”, Mariano Antonio Molas “fue un girondino de la revolución”, “hombre de sistema, un pensamiento ya maduro”, Francia por otra parte, y contra lo que sostenían sus biógrafos previos, “no fue un aventurero, ni un corrompido, ni un resentido social”. “Concibió la Independencia como un postulado del Derecho natural”, y “gobernó para el pueblo, pero no con el pueblo”.
La contribución paraguaya a las independencias americanas se plasma en la aparición de la biografía de José Félix Bogado, paraguayo que integró el regimiento de Granaderos a Caballo que acompañó a José de San Martín en sus expediciones libertadoras.
No fueron estos los únicos libros de texto. Otros libros de lectura y lectoescritura del periodo también contenían referencias de la Independencia, su contexto y sus protagonistas. Así con base en buena parte de lo escrito en el “Compendio de Terán y Gamba”, Enrique Alliot publicó, en 1884, “Elementos de Historia y Geografía”, que contiene un juicio negativo sobre Francia. Además, pueden citarse la “Pequeña Geografía para los Niños” de la Escuela de Arroyos y Esteros, escrita por el sacerdote Fidel Maíz en 1887 y “El Lector Paraguayo”, de Manuel de Mendoza, publicado también en 1896, que era un libro de lecturas. Ambos autores excluyen del relato de la Independencia al Dr.
Francia. Lecturas históricas también aparecen en la obra de Domínguez y Molins, “Lecturas Selectas Paraguayas”, de 1921. Algunos párrafos también se incluyen en la obra de Héctor F. Decoud, “Geografía del Paraguay” (1901). Igualmente, hay referencias a los próceres y al ideal patriótico en los libros de lectoescritura de Ramón Indalecio Cardozo.
CONCLUSIÓN
Los textos escolares siguieron los pasos de las tensiones y conflictos ideológicos en torno a la interpretación del pasado, puesto que la memoria del pasado, a su vez, formaba parte de los ideales políticos en distintos momentos de la historia del Paraguay.
La idea liberal, regeneradora, se presentó a sí misma como un proyecto de sociedad libre de “despotismos” y de “tiranías, en que la instrucción pública debía contribuir a la formación de una nueva conciencia ciudadana. Aborreciendo el pasado, debía contribuir a la construcción de un nuevo futuro; o en algunos casos, a poner en vigencia los ideales de la independencia nacional, interrumpidos por los “regímenes despóticos”. En la idea nacionalista heroica, que devino hacia mediados de la década de 1930 en autoritaria y militarista, la independencia es vista como un periodo de ruptura de las dependencias y afirmación de la soberanía nacional, especialmente gracias a la obra de Francia.
De todos modos, las trayectorias no son lineales, y los intentos de imposición ideológica encuentran resistencias. Asís, el Compendio de Terán y Gamba es una de las armas de lucha política, frente al Compendio de Blas Garay, en la misma época, aunque exista preeminencia del primero sobre el segundo. A la inversa, los textos nacionales cívicos escritos por Ramón Indalecio Cardozo encuentran su contraparte en el nacionalismo heroico e historiográfico de Justo Pastor Benítez. Cosas de la historia, a ambos les unían una gran amistad aun cuando fueran más que evidentes sus discrepancias ideológicas.
Las tensiones ideológicas y sus correspondientes diferencias de interpretación del pasado no se reflejaban en los textos: por el contrario, las versiones alternativas eran excluidas. De manera tal que, tanto la generación del proyecto liberal como la del proyecto nacionalista heroico carecieron de la posibilidad de conocer y valorar críticamente, en las aulas, juicios opuestos sobre el pasado. ¿Es esa imposición lineal de una versión única del pasado, una de las tantas raíces del autoritarismo? Eventualmente la ausencia de planteamientos opuestos en los libros de texto, contribuyó a impedir el surgimiento de la tolerancia para con la diferencia; así como la exaltación o degradación de los personajes, sin matices ni contexto, contribuyó al surgimiento del culto a la personalidad, o del rechazo y el aborrecimiento del personaje. El lector, que debía de ser alguien con capacidad para reconstruir los trazos hacia el presente provenientes del pasado, se convirtió en juzgador implacable de un pasado que, de todos modos, los textos no ayudaron a conocer.
Finalmente, digamos que en el contexto de las lecturas eran las celebraciones, fiestas y desfiles cívicos, de las llamadas ya por entonces “fiestas mayas”. Escarapelas, banderas, desfiles encabezados por las normalistas, alocuciones, representaciones teatrales, música, hacían que el público no lector también participara del mensaje político que se encontraba detrás de aquellas conmemoraciones del pasado.
Bibliografía
Barreto, Ana y otros. Paraguay: Ideas, representaciones e imaginarios. Secretaría Nacional de Cultura. Asunción, 2011 Caballero, Aníbal Hérib. Fiesta y Nación en el Paraguay. Las celebraciones de la Independencia durante el siglo XIX. Resistencia, 2013. Velázquez Seiferheld, David. Educación y autoritarismo en el Paraguay. Volumen I.SERPAJ. Asunción, 2014.