El orden fiscal y monetario es dinámico y como tal responde a situaciones internas de los países y también externas relacionadas en este último caso al reordenamiento geopolítico global. Al respecto, existe en este momento una guerra entre Rusia y Ucrania y otra surgida hace poco entre Estados Unidos e Israel contra Irán, eventos bélicos que no puede desconsiderarse para la comprensión de las diversas medidas de política económica que llevan a cabo los países.
Al respecto, el rumbo económico trazado por el gobierno del presidente Santiago Peña se consolida sobre las bases del orden fiscal y monetario, siendo el modo correcto de lograr el crecimiento de la economía y, como se ha comprobado, conseguir el crecimiento sobre el crecimiento como un hecho irrefutable que como país estamos logrando.
El acontecimiento bélico entre Rusia y Ucrania lleva cuatro años de duración y no es un hecho aislado. Lo que sucede en aquella zona impacta sobre las economías y en nuestra región, específicamente el área del Mercosur. Si se analiza el aumento de los costos en fertilizantes y energía, podremos percatarnos que no solo la zona Euro tiene un aumento de los precios llegando al punto de una inflación, sino que también incide sobre la rentabilidad de las empresas y sobre todo las que operan en el sector agrícola.
Es cierto que dicho escenario representa una oportunidad de aumento en la exportación de alimentos debido a la menor oferta mundial. Se incrementaron los precios de los commodities especialmente de granos como el trigo y el maíz e incluso alimentos en general que benefician a las economías de nuestra región. No obstante, bajo esa misma situación y en contrapartida también aumentaron los precios internos en nuestros países por la alta demanda de productos colocados extra zona, más allá del Mercosur, lo que incide en los costos de producción en ingredientes como los fertilizantes como el fosfato, de alta producción por los países enfrentados, Rusia y Ucrania, sus dos grandes productores a nivel mundial.
Si este escenario ya no fuera suficiente y de impacto directo e indirecto sobre las economías, citemos que antes de finalizar el mes de febrero del presente año 2026, se inició otra conflagración internacional y esta vez con la participación de Estados Unidos e Israel contra Irán, en una región que involucra al estrecho de Ormuz por donde se moviliza una quinta parte del petróleo dirigido hacia el oriente y occidente, todo lo cual confluyen en escaladas de ataques por parte de ambos bandos afectando estratégicas zonas como las energéticas.
Las guerras, en todo tiempo y lugar, tristemente es violencia y muerte. Se inicia y termina las más de las veces por algún tema económico en donde los Estados tienen directa participación, pero sus efectos mientras se resuelve la disputa recaen sobre la población provocando aumentos en la energía y el transporte, con una estocada sobre la inflación. Esto es, cuando el intercambio comercial se interrumpe entre las naciones, lamentablemente ocurre una inestabilidad logística conjuntamente con el suministro de bienes y servicios generando incertidumbre mediante las peores señales para que las economías puedan crecer.
El inocultable escenario internacional de estos días afecta los costos de producción, de logística y abastecimiento relacionados al petróleo y el gas natural. Y más allá si la conflagración en el Medio Oriente –al parecer con la fundada justificación en atención a lo que manifiesta el presidente norteamericano, Donald Trump, de evitar la inminente amenaza que podría representar el arsenal militar y nuclear de Irán– lo que nos interesa como Paraguay es conocer a qué nos enfrentamos y qué hacer y no hacer al respecto.
Sabemos lo que está sucediendo. Un escenario de incertidumbre que se puede conocer cuándo se inició, pero no cuándo terminará. Lo que sí sabemos con certeza es que en nuestro país ante esta situación descripta debe mantenerse firme en su orden fiscal y monetario y más que nunca para no ser arrastrados por el vorágine de medidas que no están a nuestro alcance de decidir.
Para Paraguay esto implica inexcusablemente seguir bajando el déficit fiscal, recortar los gastos públicos innecesarios y superfluos para así mantener la estabilidad monetaria para no caer en las publicitadas recomendaciones de algunos que desean aumentar impuestos y elevar el déficit. El orden fiscal y monetario es el cimiento firme y único modo sostenible en el tiempo de sortear los shocks externos para hacer crecer la economía.

