Los dirigentes de la oposición parecen hoy más concentrados en generar temas para las portadas de sus medios afines que en presentar iniciativas que contri­buyan al desarrollo del país. La agenda política se reduce, con demasiada frecuencia, a la búsqueda de impacto mediático antes que a la construcción de propuestas productivas que respondan a los desa­fíos nacionales.

Esa dinámica revela una preocupante falta de visión de futuro. En muchos de sus discursos ape­nas se insinúan ideas o planteamientos que pue­dan traducirse en soluciones concretas para las necesidades de la ciudadanía. Más que un debate sobre políticas públicas o estrategias de desarro­llo, predomina una lógica de confrontación que poco aporta al progreso del país. Y en este sentido, todo morbo llama la atención de estos dirigentes, menos sugerir alternativas que ayuden a solventar las reformas que necesita el país, ajustándose a la coyuntura actual que vive la República. Un ejemplo de esto tiene que ver con el caso del senador Javier Vera, conocido popularmente como Chaqueñito, cuya adjudicación de un departamento tipo, no “lujoso” como atacan algunos perifoneros, parece adquirir importancia de asunto de Estado y de máxima prioridad.

A diferencia de tiempos antaños, la oposición actual está embarcada en una suerte de vedetismo, asumiendo un rol puramente mediático, siguiendo el guion que marcan algunos grupos empresaria­les. Penosamente, y no porque no lo adviertan, son funcionales como voceros de la agenda de ciertos medios que persiguen sus propios intereses y no precisamente los del país.

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Algunos diputados y senadores de la actual legis­latura han degradado notablemente la investidura haciendo el ridículo con frecuentes demostracio­nes desvergonzadas ante nosotros los contribuyen­tes, que pagamos sus sueldos. Despegados de la rea­lidad que viven muchos paraguayos la dirigencia de los partidos y movimientos de oposición tienen cero protagonismo en los grandes temas y deba­tes. Por citar algunos, Rafael Filizzola, Mauricio Espínola, Raúl Benítez son legisladores que hoy se encuentran en el arco contrario al oficialismo, pero se asemejan más a agentes de un grupo de medios, que congresistas asignados a legislar.

Han perdido la oportunidad de aportar alterna­tivas o nuevas vías con propuestas e iniciativas concretas en leyes tan relevantes como la que crea la Superintendencia de Jubilaciones y Pensiones, Hambre Cero, el control del espacio aéreo, entre otros. En todas ellas, la oposición ha seguido el libreto que han marcado los grupos empresariales y ni siquiera fueron capaces de ofrecer una alterna­tiva, al menos para que enriquezcan la discusión.

Ahora, en el candente y delicado asunto de la Ley de la Caja de Jubilaciones solo se han de dedicado a patear el tema para adelante a sabiendas que eso constituye un enorme perjuicio al país teniendo en cuenta los miles de millones que cuesta sostener el sistema actual de prestaciones.

Ni un político opositor apareció con alguna pro­puesta sensata. Mucho menos un candidato de sus respectivos partidos ha siquiera intentado acer­carse al diálogo ya iniciado hace algunos meses desde el gobierno central. Todos escondidos en sus guaridas, en algunos casos instigando a la violen­cia y motivando el desorden, aplicando una ausen­cia que resulta perversa para las necesidades que afronta la República.

Obstaculizar y truncar los proyectos se han vuelto una especialidad para la oposición. La visibilidad que tienen es por la cantidad de palos que ponen a las iniciativas del Gobierno. No importa el daño sino crear adeptos disconformes con los planes del Ejecutivo.

Destinan el tiempo en buscar tachas al trabajo del Gobierno. y a sus instituciones. Han llegado al colmo de meterse en cuestiones particulares y son adictos al morbo, por eso ahora están buscando algún cabo suelto en el caso Chaqueñito. Pese a que este proceso se hizo dentro de lo que caben las normas y disposicio­nes que rigen sobre la concesión de viviendas o depar­tamentos económicos, los opositores anteponen esta discusión en lugar de ocuparse de asuntos realmente esenciales como las jubilaciones del sector público.

El país no se merece este nivel de degradación tanto en el plano político como en el Legislativo; en esta situación perdemos todos los paraguayos ya que una oposición sensata, razonable y cohe­rente es positiva para el equilibrio del debate y del control de la instituciones. La necedad en la que se encuentran hoy no les permite sentir la realidad de la gente, reflexionar y menos proponer solucio­nes a los problemas de la gente. Además, representa un dificultad adicional, ya que al no erigirse en una verdadera oposición, con propósitos, con un norte que oriente la gestión, solo dilapidan sus propias chances de constituirse en verdadera alternancia.

Este defecto lastimosamente solo tiene remedio en cada elección, es la gente la única que puede recu­perar el nivel de la política con la herramienta más eficiente: el voto.

Los sectores de la oposición parecen exhibir serias limitaciones para responder a los grandes desa­fíos que hoy enfrenta el Estado. En última instan­cia, será el electorado quien valore esta situación y exprese su veredicto en las próximas elecciones. Mientras tanto, la vida política sigue marcada por la presencia de grupos cerrados y guiados más por intereses particulares que por una visión de país, concentrados en preservar posiciones de poder antes que en construir soluciones para el futuro.

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