Uno de los temas en la agenda pública financiera más importante y necesaria de las últimas décadas en nuestro país es la reforma del sistema previsional que administra las jubilaciones y pensiones del sector estatal que, como sabemos, funciona bajo un esquema de reparto, por el cual los aportes de los trabajadores activos financian a los jubilados en el presente.
Sucedió que con el correr de los años, se fue perdiendo el necesario equilibrio entre los aportes y los haberes correspondientes. En todo el sistema de las cajas fiscales se empezó a gastar más de lo que se recaudaba. Las causas son varias y desde el Poder Ejecutivo presidido por Santiago Peña, tal situación fue considerada como una amenaza no solo para las finanzas públicas sino que también para la misma economía.
Fue por ello que desde el Ejecutivo y por medio del Ministerio de Economía y Finanzas se remitió un proyecto de ley sobre el tema en cuestión, modificando diversas situaciones. El desequilibrio entre los ingresos y gastos es un hecho irrebatible a la fecha y está afectando a las arcas estatales vía impositiva que, ya el año pasado, llegó a trepar a más de cuatrocientos millones de dólares.
En atención a esta situación, el gobierno del presidente Santiago Peña consideró pertinente realizar cambios en la edad de jubilación, la tasa de sustitución o de retorno y la edad de retiro oficial y otros. El proyecto original del Ejecutivo contaba con los elementos necesarios para evitar males mayores e iniciar las transformaciones subsiguientes en tiempo y forma dado que, de no hacerlas, se estaría poniendo en riesgo la estabilidad financiera del país desde el mismo Presupuesto de Gastos de la Nación.
El Ejecutivo tomó cartas en el asunto y llevó a cabo su tarea de iniciativa legislativa –que por cierto– también es de competencia del Congreso. Más allá de esta observación, el gobierno del presidente Peña es el primero que aceptó el desafío de enfrentar el problema, aun sabiendo que ello le podría ocasionar algunos costos de malas interpretaciones y antojadizos “argumentos” en contrario. Esto es, el gobierno actual rechazó seguir pateando el problema para adelante.
Dejar de lado un problema para que otros lo enfrenten en ningún modo está bien. Por el contrario, es de destacar que la labor de todo buen gobierno es velar no solo por los intereses del erario, sino que también y especialmente por la población. En efecto, el Ejecutivo nacional había observado que según pasaban los años y sin cambios en este sector de las cajas fiscales, el problema se volvía mayúsculo hasta convertido en amenaza.
Había que hacer algo. Y se hizo. El Ejecutivo vía Ministerio de Economía y Finanzas remitió al Congreso el proyecto de ley para evitar mayores males. Fue así que en Diputados básicamente se trató el documento del Ejecutivo, aprobándose cambios sustanciales como, por ejemplo: que la edad de jubilación sea general para todos, esto es, desde los cincuenta y siete (57) años; la tasa de sustitución de no menos del setenta y cinco (75) por ciento y no más del ochenta y cinco (85) por ciento y se tome en cuenta los últimos diez (10) años como base del cálculo y otros como la de los hijos que ya no podrían contar con la pensión, pero sí el cónyuge correspondiente.
A lo expresado agregamos que el aporte estatal sería gradual e iría del 1 al cinco (5) por ciento y no más. De este modo, se venía un cambio importante que, y como ya dijimos en otro momento en este espacio, se convertía en un paso nunca antes realizado. Ningún gobierno se había animado a velar por los intereses del pueblo. Y decimos esto de modo enfático y sin rodeos, dado que algunos venían proponiendo como “solución” al problema subir los impuestos a los contribuyentes para corregir el problema de unos pocos.
Sobre esto último el Poder Ejecutivo desde un comienzo manifestó su rotunda negativa de subir los tributos para así congraciarse con un grupo de personas que, sabiendo que tienen el derecho de peticionar a las autoridades, empero, no tienen derecho alguno a que otros les paguen sus haberes.
Cambiar algo que está mal para ir a otras transformaciones de fondo es el camino acertado y prudente. En la Caja Fiscal, en consecuencia, la iniciativa legislativa del Ejecutivo es la que debe primar en su tratamiento en el Congreso porque conviene a todos, a los sectores involucrados y a la ciudadanía en general.

