• POR BENJAMÍN LIVIERES
  • Analista político de NM

“Si designar candidato por la vía de las encuestas no condujera a la victoria electoral en las municipales, la oposición podría probar, la próxima vez, un método más folclórico, eco­nómico y participativo: la carrera vosa entre todos los candidatos. ¡Pipuuu!”. Con estas pocas palabras, cargadas de mucha ironía, se refería Adolfo Ferreiro a la encuesta de la que surgió Soledad Núñez como candidata de Juntos por Asunción para las elecciones de octubre próximo.

Como era de esperar, de inmediato recibió la condena de Desirée Masi y otros pro­motores o seguidores de la exministra de Cartes, quienes, con la intolerancia mani­fiesta que los caracteriza, se limitaron a descalificarlo, sin comprender a dónde apuntaba la crítica: al abandono opositor de principios básicos de la democracia, como el derecho del soberano a elegir a sus representantes.

Veamos lo que arroja el mecanismo que lo sustituyó. El sondeo de opinión se rea­lizó a 997 personas, que representan el 1,1 % de los 80.039 votos que obtuvo este mismo bloque político en capital, en las elecciones generales de 2023. De los con­sultados, Núñez recibió la aprobación de 442 (0,55 % sobre el total) y su adversa­ria Johanna Ortega, de 301 (0,38). Entre las dos ni se acercan a la cantidad de per­sonas que salieron de sus casas –no que recibieron a encuestadores en ellas– para acompañar a Camilo Pérez, candidato de Honor Colorado, en ocasión de cumplir con la formalidad de inscribir su candida­tura en el Tribunal Electoral Partidario.

Esto tal vez explica las “rabietas” gene­radas por el posteo de Ferreiro o por los comentarios hechos en sentido similar en espacios periodísticos de Nación Media. Y es que fueron evidenciados, lo que no resolverán acusando de “traidor” al pri­mero, ni de “empleaditos” de Cartes al resto.

Como efecto de lo anterior, Juntos por el Cambio, antes Concertación Nacio­nal, echó por tierra uno de los pilares en los que se sostiene su discurso político, consistente en el ataque sistemático a la ANR y al cartismo, por ser autoritario, resolver todo a nivel de cúpula o “en el quincho”. Sin embargo, lo cierto es que el candidato de los colorados, a diferencia de la que representa a la oposición, será electo por el voto directo de decenas de miles de afiliados a dicho partido, en las internas de junio.

Los problemas no se detienen ahí. Soledad es presentada como “lo nuevo” frente a “lo viejo”, y la que tiene mayor preferencia entre los asuncenos, simplemente porque sí. Pero los hechos de la realidad dicen lo contrario. Fue ministra de HC durante 5 años y posteriormente candidata a vice­presidente de Efraín Alegre, en abril de 2023, por lo que bien podría considerarse parte de lo viejo, de lo que además está rodeada por todos los flancos. La única “novedad” en las elecciones municipa­les que se avecinan, si de eso se tratara, es en todo caso Camilo Pérez, nominado por el oficialismo y sobre el apoyo mayo­ritario que alegan sus “campañólogos”, basta señalar que, en aquellos comicios, sufrió una derrota estrepitosa, al sumar solo 80.309 votos en Asunción, frente a 161.988 que cosechó el cartismo.

Sin participación de sus propias bases, sin relato o discurso político y sin la “prefe­rencia” mayoritaria (ni el “rostro fresco”) de su candidata, la oposición enfrenta un panorama poco alentador en la capital de la República. Y de no desandar el camino por el que transita, terminará probando la carrera vosa como método para desig­nar a sus futuros candidatos, tal como lo sugirió Ferreiro.

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