La entrega de viviendas reali­zadas por este Gobierno no solamente supera la cantidad de construcciones del periodo anterior, sino en la calidad de las obras adjudicadas. Viviendas dignas, algo que parecía un inalcanzable sueño en el pasado, hoy se hacen realidad y recupe­ran la dinámica en un sector clave de la economía.

Escandalosas obras fantasma, sin con­cluirse, con mala terminación, sobre­facturadas, programas habitaciona­les manipulados por intermediarios que terminaban cometiendo estafas en escala frustrando el bienestar de miles de familias de humilde condi­ción eran una constante y acaparaban portadas de diarios. Estos casos, iróni­camente, se arrastraban de gobiernos que hacían creer que eran socialistas, sin embargo, el daño que le hicieron a comunidades vulnerables fue devasta­dor, en detrimento del bien de la socie­dad.

De estos mal llamados gobernantes socialistas solo quedaron autoridades que fueron denuncias y procesadas por millonarios perjuicios en la construc­ción de viviendas subsidiadas por el Estado.

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Hoy el Estado administrado por un gobierno eficiente, mal que le pese a sectores resentidos contra el proceso de mejora económica que experimenta el país, está recuperando el acceso a la vivienda digna, derecho de todos los que habitan esta República.

Variedad de programas, construcciones de calidad que inspiran a una población que merece las mejores ofertas del mer­cado inmobiliario y un sistema finan­ciero que se ha acoplado con interesan­tes iniciativas están dinamizando el sector de viviendas.

El programa Che Róga Porã, uno de los más emblemáticos, está fortaleciendo la demanda de una clase media que histó­ricamente era marginada en el mercado. Las cifras reflejan resultados sólidos en el acceso a la vivienda en estos casi 3 años del actual gobierno, de manera relevante pare este sector casi margi­nado por años y que desde la implemen­tación de Che Róga Porã mueve 5.000 créditos preaprobados a una tasa más que accesible.

Desde el Ministerio de Urbanismo y Vivienda (MUVH) reportan unas 45.000 viviendas gestionadas de las cuales fueron entregadas 30.000. Dicho por el ministro de esta cartera, el 60 % de las viviendas entregadas son destina­das a familias de bajos ingresos y comu­nidades indígenas, y el 40 % a otros pro­gramas como Che Róga Porã.

La ambiciosa política habitacional del Gobierno, que en sus inicios fue sub­estimada, consiguió posicionarse con resultados alentadores que impactan en todos los rubros. Generación de empleo en volumen y el aumento de la demanda crediticia son indicadores de que el tra­bajo funciona.

La Agencia Financiera de Desarrollo (AFD) reportó un aumento del 238 % de créditos aprobados, equivalentes a USD 92,3 millones, entre los que se des­taca el sector vivienda con el 67 % de las colocaciones.

Estos logros impulsados con una acer­tada estrategia habitacional, sin duda, deben seguir siendo fortalecidos con la suma de esfuerzos de los diferentes sec­tores económicos. Principalmente se debe continuar garantizando la calidad de los productos gestionados desde el Estado, como una medida de resguar­dar la inversión estatal, pero principal­mente mantener la confianza en el mer­cado.

Otorgar vivienda digna es cimentar bienestar de las familias. No se puede retroceder de este estándar en el rubro habitacional, arriesgando a lesiones que fueron muy dolorosas en el pasado. Este como los gobiernos posteriores deben tener la capacidad de sostener los pro­yectos que permitan a la gente mejorar su calidad de vida, y en este objetivo los programas emergidos en los dos últimos años resultan convenientes.

Se debe insistir incansablemente que en Paraguay los programas habitacionales aseguren la calidad, ante todo, lo demás fluye solo. Nunca más proyectos aban­donados ni construcciones que vul­neren el derecho de acceso a un techo digno.

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