El expresidente Mario Abdo Benítez y equipo, siempre en la línea de dinamitar este gobierno y como bue­nos oportunistas no se ruborizaron en salir a cuestionar la rapidez con la que encauzó la reforma de la Caja Fiscal.

Principalmente el exmandatario, que se inspiró la frase popular “desastre ko Marito”, es el menos indicado en dar lec­ciones de buen manejo, ya que su gobierno estuvo plagado de escándalos de corrup­ción, sus rivales lo salvaron de un juicio político por el acuerdo secreto de Itaipú y usó la estructura del Estado para faci­litar negocios de sus empresas de asfalto detrás de contratistas del Estado gene­rando una fortuna escondida de manera táctica de los organismos de control.

A su estilo, obviamente con cero ini­ciativas y después de haber desa­tendido problemas, proyectos clave como la mencionada, burlándose de la memoria de la población, Abdo como de costumbre realizó una vaga crítica a la premura en el tratamiento de la modificación de la Caja Fiscal, sacando a relucir que el bienestar de las familias está atada a la jubilación.

Abdo también osó con cátedras de mesura política cuestionando pri­vilegios, fingió demencia y fiel a su estilo, con fuerte dosis de hipocresía y cinismo, salió a hablar del “bienes­tar” de las familias que dependen de la jubilación.

Durante los 5 años sufrió amnesia de impulsar soluciones a problemas fundamentales para garantizar el sistema jubilatorio, pero ahora trata de colgarse del tema con vagos dis­cursos proselitistas.

Si recordamos uno de los primeros grandes escándalos que lo sacudió durante su mandato, podemos men­cionar el sonado caso del acta entre­guista con Itaipú, donde se contem­plaba sobrecostos a una cota de USD 250 millones en perjuicio de los inte­reses del Paraguay.

Esto sigue una serie de denuncias contra distintos estamentos bajo su gobierno que eran evidenciados por sucesos de corrupción, situación que fue acuciante durante la pandemia, con los miles de muertos, pese a la promesa de fortalecimiento del sis­tema sanitario que iban a hacer con los millonarios préstamos interna­cionales.

La corrupción, la decadencia en los servicios básicos, el desempleo gol­peaba el día a día de la gente, mien­tras sus empresas ingresaban miles de millones de ganancias gracias al auge de la construcción de rutas y una clientela asegurada compuesta por los contratistas del rubro.

Según dictamen de la Contraloría, las ganancias de las distribuidoras de asfalto de Abdo aumentaron 70 veces durante su gobierno. Entre 2028 y 2023, Aldia SA y Createc SA acumu­laron utilidades en torno a los USD 45 millones, unos G. 329.000 millo­nes. Las ganancias anuales de una de estas firmas crecieron hasta 6.110 % en comparación con 2014.

Las astronómicas ganancias, sin embargo, no impactaron en su decla­ración jurada de bienes, ya que fueron estratégicamente redirec­cionadas a las famosas reservas ope­rativas. El 90 % de las utilidades de ambas empresas se escondieron bajo el mencionado recurso administra­tivo. Es por ello que, en su manifesta­ción patrimonial, Abdo aparece como un expresidente retirado del cargo con modesto aumento de bienes.

Con este nefasto antecedente al mando del país, Abdo es el menos indicado para salir a dar lecciones de prácticas eficientes, menos aun de moralidad, pues conocemos muy bien la negra gestión que nos hizo pasar por los peores momentos de nuestra historia reciente. Es más, si viene de este personaje, cualquier versión debe ser tomada con pinza, porque algún interés perverso ha de esconder.

La gente conoce el presente, la reali­dad y los desafíos de reformas esen­ciales para garantizar recursos y, por ende, el futuro del sistema jubilato­rio. Es ahora, porque la postergación de las soluciones puede tener conse­cuencias altamente dañinas e irre­versibles.

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