En la larga agonía de las cajas fis­cales y que el gobierno del pre­sidente Peña se ha decidido a cambiar su trágico destino para beneficio de los jubilados, aportantes y del país, no existen excusas para no apro­bar tan importante reforma y que ahora se encuentra en el Congreso para su trata­miento, en este momento en la Cámara de Diputados.

Decimos que no existen excusas porque fuera de toda duda razonable la situación de aquellas cajas de jubilaciones y pensio­nes del sector público, constituido por fun­cionarios públicos, magistrados judiciales, docentes universitarios, militares y maes­tros, la única que todavía cuenta con supe­rávit es la primera de las citadas. Las demás se hallan en déficit crónico solventadas con dinero de los impuestos, cuyos pagos pro­vienen inevitablemente del bolsillo de los contribuyentes. El año pasado este monto trepó en el orden de trescientos ochenta (380) millones de dólares.

No existen excusas razonables y cier­tas cuando esa enorme porción del dinero público –en vez de destinarse a los sectores que realmente necesitan como la educación, la salud y la seguridad– termina subvencio­nando a un grupo minoritario de personas que, desde luego, tienen todo el derecho de percibir sus haberes, pero lo que no pueden es seguir haciéndolo con ingresos ordinarios provenientes del esfuerzo de la gente.

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No existen excusas para mantener el régi­men deficitario de las cajas fiscales con el dinero del pueblo cuando las familias cuando compran pan, leche, huevos, carne, hortalizas, etcétera, pasando por todos los sectores comerciales y servicios, ya sea una heladera, aire acondicionado, repuestos de motos y vehículos y muchos otros, hasta lle­gar a la misma industria, que con esfuerzo compite en los mercados internaciona­les, son los que que se hacen cargo de aquel saldo negativo.

Tampoco existen excusas para no aprobar este proyecto de ley cuando se sabe a cien­cia cierta que el déficit irá subiendo cada año al punto de que los que ahora cobran sus haberes pronto percibirán mucho menos de lo que les corresponde y los que en este momento están pagando sus aportes ni siquiera podrán cobrar su jubilación.

No existen excusas cuando los números o lo que se llama técnicamente el cálculo actua­rial no cierra. Los aportes son exiguos y la edad de jubilación muy temprana, tomando en cuenta que en promedio los aportes solo alcanzan para cubrir diez y hasta como máximo quince años luego de acogerse los beneficiarios al régimen jubilatorio.

Tampoco existen excusas para seguir con el actual modelo jubilatorio haciendo algunos retoques, como algunos alegan y siempre imponiendo sus deseos sobre otros, como el repetitivo y desatinado “argumento” de subir impuestos y otros gravámenes al sec­tor productivo.

La economía nacional no podrá soportar el aumento del déficit que, por cierto, irá tre­pando exponencialmente en términos anua­les, dado que todo recaerá sin distingo de nivel socioeconómico sobre las familias, el asala­riado, el jornalero, los pequeños y medianos negocios, así como las empresas en general. Todos los citados, sin excepción alguna, verán disminuidas sus capacidades de consumo diario, empezando por la canasta familiar, con daños irreparables sobre el índice de pre­cios al consumidor (IPC).

Igualmente, no existen excusas para no hacer cambios luego de conseguir dos gra­dos de inversión, la radicación de nuevas inversiones, la reducción del riesgo país, conseguir más y mejores mercados inter­nacionales para nuestros productos del campo, la reducción del déficit y la estabili­dad monetaria. Se sabe que las cajas fiscales actúan como una herida grave imposible de sanar si no se hace pronto el tratamiento debido.

En suma, no existen escusas para no apro­bar esta reforma del Ejecutivo por cuanto se ha convertido de interés nacional y tiene este significado porque desde todo punto de vista el Paraguay como país emergente se está jugando su futuro.

Se equivocan los oportunistas, populistas y agoreros, que desde sus cómodos lugares ubicados en partidos políticos, en ciertos medios de prensa y otros sectores, destilan resentimiento diciendo que esta reforma es solo por cuestiones económicas a conve­niencia del Gobierno. Por el contrario, esta­mos ante una reforma urgente, necesaria e impostergable por el bien de cada uno de nuestros compatriotas. Por todo ello, no hay excusas para no aprobar el proyecto de reforma de la Caja Fiscal.

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