Como si tuvieran inmunidad ante la ley, en nuestro país existen clanes integrados por políticos de la oposición que se enriquecieron de manera muy llamativa y que han llenado de parientes institu­ciones a su cargo, favoreciendo negocios familiares, pero que históricamente han pasado desapercibidos a los órganos de control y a la prensa misma que, depen­diendo de la agenda, tanto critica el abuso de poder.

Arbitrariedades cometidas por oposito­res en el ejercicio de sus funciones públi­cas casi nunca son temas de sistemáti­cos cuestionamientos como ocurre en el caso de ciertos sectores del Partido Colo­rado. Sin ánimos de ninguna defensa, por qué en el caso de algunos, prácticas tildadas como prebendarias, de ostenta­ción y privilegios son objetos de largas campañas mediáticas, pero cuando se trata de políticos opositores, cualquier crítica es planteada como persecución.

Nepotismo, licitaciones amañadas, direccionadas a los amigos, enriqueci­miento desmedido, falta de transparen­cia son casos que deben ser perseguidos con toda la fuerza de la ley, sin impor­tar el color o grupo político. Esta pre­misa, sin embargo, no rige para los que, aparentemente, son los protegidos de siempre. Es así que en el Paraguay exis­ten políticos sinvergüenzas que bajo la figura del opositor gozaron siempre del beneplácito mediático y el olvido por parte de la Justicia, como otros varios órganos de control.

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Este sistema proteccionista, hipócrita ante las fechorías de políticos de otros partidos debe acabar. Liberales, encuen­tristas, colorados, patriaqueridistas, etc., tienen las mismas responsabilida­des y obligaciones en la administración pública.

Lo ocurrido en estos días en el departa­mento de Caaguazú, donde el Gobierno Central entregó títulos de propiedad a varias familias campesinas, pese a la total falta de colaboración de la inten­dencia de esta ciudad, evidenció la ausencia de compromiso y la escasa vocación al trabajo, principalmente del jefe comunal. El hecho obviamente desató un escándalo que revivió detrás el oscuro manejo de años de un clan que se arraigó en el poder con una gestión que solo favoreció a sus bolsillos.

Desapercibidos por años, las principales autoridades de Caaguazú, el exgoberna­dor, hoy diputado Alejo Ríos, y su hijo, el intendente de este distrito, José “Papu” Rojas, se han enriquecido enormemente y han utilizado sus cargos en beneficio de sus parientes, ubicando así a hijos, hermanos, yernos en las instituciones a su cargo.

El padre, de vender empanadas pasó a ser un potentado terrateniente, mientras que el hijo nepointendente, de un cero activos y una deuda que debía pagar en 3 años, incrementó 1.518 % su patrimonio en menos de 10 años. Ostentan miles de millones en inversiones inmobiliarias, sin embargo, esto no es noticia ni genera curiosidad alguna y cuando alguien osa en cuestionarlos ya se gana el mote de persecutor.

Clanes liberales como el de los Ríos están diseminados en distintos departamentos. En el Sur está el clan Pereira Rieve; en el Este el séquito de privilegiados y una rosca de rapiñeros que introdujo en la municipa­lidad el destituido por corrupción Miguel Prieto. Las mismas prácticas que sistemá­ticamente tienen como blanco de escánda­los a sus adversarios políticos no llaman la atención de nadie como si tuvieran inmu­nidad ante la Justicia.

Los organismos de control e investiga­ción tienen la obligación de medir con la misma vara la gestión de las autoridades públicas, pero eso no está ocurriendo en los últimos años. Lastimosamente, pre­valece la atención a la agenda de la prensa de la oposición aliada y muchas irregula­ridades cometidas por políticos han sido obviadas por el solo hecho de ser adversa­rios de un sector del partido de gobierno.

Hay que acabar con la hipocresía de gui­ñar a los corruptos por el solo hecho de que son los amigos y porque se adjudican una licencia para delinquir por ser opositores.

Así como muchos políticos colorados han recibido el castigo de la Justicia y han rendido cuentas de sus malas acciones, todos quienes así actúen deben asumir las consecuencias. Esto sin importar banderías políticas, niveles sociales ni otra cosa.

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