Más allá de los ribetes “históricos” que supone el cierre de un cuarto de siglo de negociaciones, de marchas y contramarchas, de concesiones o de intransigencias, para la rúbrica de un tratado de libre comercio entre europeos y sudamericanos, lo cierto es que la etapa más complicada da inicio a otra. No menos complicada que la anterior etapa es la implementación de los términos o del contenido del Tratado de Libre Comercio entre el Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Unión Europea. Por de pronto, el contenido del acuerdo –que cuestionan sectores influyentes de varios países del viejo continente– va a una instancia jurisdiccional, el Tribunal Europeo de Justicia.
Más allá de esa providencia previa –que por ahora impide avanzar el acuerdo, al menos de manera integral–, la aplicación de los términos económicos del acuerdo sí puede implementarse en la medida que se vayan ratificando en los Congresos de los países del Mercosur.
Es decir, si cualquiera de los parlamentos de Argentina, Brasil, Paraguay o Uruguay ratifica el pacto firmado el 17 de enero pasado aquí en Asunción, automáticamente en el país que lo confirme entra a regir ese acuerdo, aunque de manera provisoria, hasta que el tribunal europeo se expida.
Esta premura naturalmente vuelve hasta si se quiere urgente el tratamiento de los términos del acuerdo por parte del Congreso paraguayo. El viernes pasado, el propio ministro de Relaciones Exteriores, Rubén Ramírez Lezcano, reiteró que la aprobación de este pacto por parte del Legislativo paraguayo es de prioridad absoluta para el Ejecutivo. Se espera que esta semana que se inicia (probablemente mañana lunes), el Poder Ejecutivo remita al Congreso lo acordado con los europeos. Allí, la gran mayoría de los parlamentarios estaría de acuerdo también en darle celeridad al caso.
Se espera que el trámite legislativo para la ratificación del acuerdo, que es una diligencia necesaria y que responde a preceptos constitucionales, tenga también una rápida aprobación lo que permitirá trabajar ya sobre las bases de los términos comerciales.
Es por esa razón que el presidente de la República, Santiago Peña, convoca esta semana a una cumbre empresarial de altísimo nivel, donde estarán convocados al menos un centenar de empresarios y productores de empresas, entidades y gremios vinculados a la producción, la industria, y los servicios en un encuentro macro donde se van a delinear las estrategias que el Paraguay va a implementar para sacar el mayor provecho posible del acuerdo con la Unión Europea.
El sector público y el sector privado son conscientes que existen enormes desafíos y adecuaciones que habrá que ir haciendo a lo largo del tiempo para tener productos más competitivos. Competiremos con los países de la región para ofrecer productos para un mercado de más de 700 millones de personas y para ellos hay que alinearnos sobre objetivos específicos.
Para contribuir verdaderamente al crecimiento económico del Paraguay necesariamente se debe apuntar a la transformación de la matriz productiva, la integración en cadenas de valor, la generación de empleo y el fortalecimiento de la economía local, promoviendo el comercio a través de la eliminación de aranceles y el establecimiento de reglas claras, transparentes y previsibles.
Tal como lo señalara el presidente Peña en su discurso ante las más altas autoridades del Mercosur y de la UE, la decisión tomada por europeos y sudamericanos abrió “un enorme y caudaloso potencial de convertir a este acuerdo en un motor clave del crecimiento económico de ambos bloques”, expresó. Y Paraguay no quiere quedar rezagado o perder este tren formidable que puede suponer una bisagra en su progreso.
La cumbre empresarial que propone el presidente, que se llevará a cabo el jueves venidero, es una formidable oportunidad de unificar criterios, de adecuar las capacidades y apuntar a lo que se busca para el futuro (ojalá que más temprano que tarde): el desarrollo económico y el bienestar de todos los paraguayos.