En momentos en que muchos paí­ses del mundo insisten en el pro­teccionismo económico cerrando sus fronteras a la libre circula­ción de las mercaderías y presionan para mantener sus privilegios comerciales a toda costa, nació en Asunción la mayor zona de libre comercio del planeta. Así, en la capital de un país sin costa al mar, que es víctima frecuente de obstáculos para el paso de productos por las vías fluviales, se concretó el acuerdo para dejar de lado los obstáculos que impiden intercambiar pro­ductos debido a medidas arancelarias e impedimentos impositivos. Y así, en el seno de una nación mediterránea tuvo lugar el más importante pacto internacional contra todas las formas que impiden la libertad de comprar y vender.

El acuerdo comercial suscrito por el presi­dente paraguayo, Santiago Peña, en repre­sentación del Mercosur, y por la alemana Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, constituye un hecho histórico que cambiará en gran medida las relaciones económicas de las naciones invo­lucradas. Y si se aplica como está previsto, puede ocasionar grandes transformaciones en países como el Paraguay, que está dis­puesto a aprovechar nuevas oportunidades. Los líderes políticos resaltaron la impor­tancia del libre comercio y la cooperación internacional para conseguir la prosperi­dad de los países que necesitan coyunturas favorables para crecer.

En su discurso, Santiago Peña, como pre­sidente pro tempore del Mercosur, afirmó: “En un futuro que, estoy seguro, será bri­llante: la Unión Europea y el Mercosur, tra­bajando unidos, podrán así demostrar al resto del mundo que el camino hacia mejo­res días para nuestros pueblos está pavi­mentado por lo que hoy celebramos: más integración, más cooperación, más frater­nidad y –sobre todo– más humanidad”.

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El mandatario expresó el deseo de que este pacto propicie nuevas oportunidades para los habitantes de ambos continentes involucrados ya que posibilitará el mayor intercambio de bienes. “Desde el Merco­sur queremos que este acuerdo beneficie a sus principales destinatarios: los millones de ciudadanos europeos y sudamericanos que, a partir de su implementación, verán mejoras sustanciales en sus vidas”. Des­pués de señalar que han pasado más de 25 años para la firma del acuerdo, manifestó que hay que mirar el futuro con más coraje y audacia para profundizar todavía más la unión alcanzada, que es perfectible. “En un mundo complejo, inestable, peligroso, en el que las viejas certezas tambalean ante nuestros ojos, Europa y Sudamérica deben unirse para mostrar un camino diferente”.

Teniendo en cuenta la situación internacio­nal, en que hay naciones importantes que van contra la libertad comercial, el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, resaltó que el acuerdo entre ambos bloques envía un mensaje al mundo en el que se defiende el libre comercio basado en reglas y se opone al uso de la actividad comercial como un arma geopolítica. “Mientras unos levantan barre­ras y otros violan las normas de competen­cia leal, nosotros tendemos puentes y pacta­mos normas, porque creemos en el comercio justo con fuerza generadora de prosperidad, empleo y estabilidad”, manifestó.

Las preferencias arancelarias para los paí­ses del bloque sudamericano serían de 65.700 millones de dólares, según las esti­maciones de los cancilleres del Mercosur. Esto será posible gracias a la eliminación de aranceles a un 92 % de las exportaciones a países de la Unión Europea.

Lo que representará la disminución de costos por 61.000 millones de dólares y el acceso preferencial para un 7,5 % de los pro­ductos exportados, que ascienden a 4.700 millones de dólares.

El documento de los ministros de relacio­nes exteriores indica que las medidas aran­celarias se van a aplicar de manera gra­dual en plazos de hasta 15 años. Un detalle importante es que para los productos pri­marios se incluirán cláusulas de salva­guarda que consistirán en la reversión de las preferencias en los casos de disminución de precios que sea inusual y si la media de las importaciones supera en 5 % a los valo­res habituales en un plazo de tres años.

Si algún producto sufre una caída de pre­cio inusual superior al 5 %, los 27 países de la Unión Europea se guardan el dere­cho de investigar si esa oscilación se debe al acuerdo con el Mercosur. Si es así, la Comi­sión Europea podría bloquear temporal­mente el acuerdo con el Mercosur y recu­perar determinados aranceles. Para que el acuerdo entre en vigencia en el viejo conti­nente, los legisladores de la UE tienen que dar su visto bueno.

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