Ante la publicación de una antología de literatura hispanoamericana del peruano Luis Alberto Sánchez, en la que Paraguay aparecía como una incógnita, una página en blanco, Augusto Roa Bastos replica con un largo ensayo –1960– sobre nuestra condición de isla rodeada de tierra. Sin embargo, a pesar de ese encierro insular que obstruía el relacionamiento con la cultura continental, nuestro más grande escritor reivindicaba la rica producción creativa del país, tanto en el campo de la narrativa como de la poesía.

Los esfuerzos de Natalicio González, fundador y director de la revista Guarania, para conectarnos con los intelectuales de América y Europa, por lo visto no alcanzaron para incorporarnos en esas reseñas históricas como un corpus que mereciera la atención extranjera. Era por ello, más que justificada la reacción de Roa, aunque no dejó de enumerar algunas razones fundamentales de ese aislamiento.

La inestabilidad política que deponía presidentes en semanas o meses fue un recurrente impedimento para instalar lo que hoy conocemos como la diplomacia cultural. Eso a pesar de que algunos intelectuales de inicios del siglo pasado, como Ignacio A. Pane, Cecilio Báez, Manuel Gondra, Telémaco Silvera y Ricardito Brugada, entre otros, eran invitados para disertar sobre temas de su competencia en varios países de la región.

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Durante la conspiración de las dictaduras latinoamericanas, en tiempos de la Guerra Fría disputada por los Estados Unidos y la desaparecida Unión Soviética, el régimen de Alfredo Stroessner hundió más al Paraguay en la oscuridad de los países desconocidos por los sistemas democráticos.

A tal punto llegó esta lamentable situación que un embajador recién llegado en representación de la nación del Norte saludó diciendo que se sentía muy a gusto por conocer Uruguay, donde iba a ejercer funciones diplomáticas. Más que una anécdota jocosa, era la representación gráfica y cruda del grado de aislamiento internacional que habíamos padecido en las últimas décadas.

La caída de la dictadura –en febrero de 1989– no mejoró tal situación. La concreción del Mercado Común del Sur (Mercosur), en 1991, fue el primer paso para nuestra inserción en el mundo, aunque con énfasis prácticamente exclusivo en aspectos económicos, sin desconocer que hubo intentos en el área cultural, pero sin avances que pudieran calificarse como provechosos. La integración tampoco fue plena por las innumerables trabas que fabrican los países vecinos para el libre comercio, hasta el día de hoy.

En la primera década de 2000, con una fuerte hegemonía de regímenes de izquierda en la región –Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia y Venezuela–, Paraguay fue repetidamente ninguneado por considerarnos un gobierno conservador, hasta que Fernando Lugo gana las elecciones generales en 2008 y pasó a constituirse en miembro pleno de aquella integración ideológica.

La destitución del mandatario por la vía del juicio político motivó que Paraguay fuera sancionado –política y económicamente– dentro del Mercosur.

Fue durante la presidencia de Horacio Cartes que nuestro país inició una diplomacia más agresiva para nuestra reinserción en el contexto internacional. De hecho, fue uno de los pilares fundamentales de su gobierno, junto al desarrollo social inclusivo y la lucha contra la pobreza y la exclusión.

Hasta recibimos, por segunda vez, la visita de un papa, en este caso Francisco, durante su administración. Lentamente, Paraguay cobraba visibilidad en el mundo. Posteriormente, el gobierno de Mario Abdo Benítez, a pesar de haber viajado como ningún otro mandatario en nuestra historia, representó un gran retroceso para nuestra presencia internacional, pues sus reiteradas salidas del país no tuvieron ningún efecto positivo, ni en lo cultural ni en lo económico o tecnológico.

Ahora, sin embargo, más allá de las implacables críticas de la prensa enemiga de Santiago Peña por sus viajes al exterior, los resultados son altamente satisfactorios.

Pues, por primera vez en nuestra historia, no solo hemos logrado que dos respetadas calificadoras internacionales de riesgo nos concedieran el grado de inversión, sino que también hemos conseguido que nuevamente volvieran a mirarnos desde afuera como un país serio, predecible y seguro.

Y para coronar lo que muchos consideraban inapropiada –la diplomacia presidencial–, ayer se firmó en Asunción, finalmente, el acuerdo de asociación entre el Mercosur y la Unión Europea, calificado como uno los mayores pactos de integración comercial y económica entre bloques en el mundo.

Esto, obviamente, sin olvidar que fuimos y seremos sede de diversos encuentros deportivos internacionales de gran categoría. Aunque a muchos les moleste y duela, Paraguay vuelve a cobrar notoriedad en el concierto de las naciones libres.

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