Decía Cicerón que “la historia es maestra” porque enseña lecciones para entender el presente y construir un futuro mejor. Al respecto, notamos que Paraguay mediante su gobierno actual está colocando cimientos firmes para construir algo mejor que, incluso, traspasará el umbral de este período de gobierno.
En tal sentido, la economía es columna vertebral de una sociedad porque se relaciona directamente con la política, las instituciones y la educación. La economía de los países que lograron el desarrollo debieron transitar por un carril del que no se puede salir, caso contrario, sobreviene el estancamiento. Lo siguiente que expresaremos ya no solo forma parte de las enseñanzas en los claustros universitarios, sino que también, y afortunadamente, la experiencia así lo indica y cada vez más personas lo conocen.
No resulta complicado a la fecha entender acerca de cómo se produce más y mejor para que su correlato se traslade hacia otros sectores de la sociedad, desde el primario, pasando por el comercio y los servicios hasta la industria. Ese carril está compuesto de dos vías. Son dos elementos conformados por la seguridad y la rentabilidad.
La primera significa orden y respeto a la vida y a la hacienda de la población, donde los contratos son respetados y los delincuentes luego de ser juzgados por tribunales imparciales tienen como destino la cárcel. La otra parte del mismo carril es la rentabilidad que implica la generación de ganancias en relación al capital invertido, lo que mide, a su vez, el rendimiento y la viabilidad de un negocio determinado donde los ingresos superan a los costos.La seguridad y la rentabilidad, por ende, son un mismo carril del que no se debe salir y solo así se podrá evitar el descarrilamiento. Este carril no es un compartimiento estanco y si se pretende cambiarlo surgirán problemas por doquier. Sin seguridad y rentabilidad no habrá resultados beneficiosos, es decir, no habrá crecimiento, ni empleos, ni mejores ingresos para todos.
Algunos teóricos, profesores y políticos en especial adeptos al colectivismo y al populismo, sin embargo, nunca entendieron acerca de lo que significa este carril del desarrollo. Más bien se han dedicado a menospreciarlo al punto que buscan otras herramientas para hacer posible el progreso que, por cierto, les ha llevado al deterioro de la calidad de vida.
Sin seguridad y rentabilidad no hay país ni época alguna en donde se haya conseguido salir del desempleo y de los numerosos problemas sociales. Por el contrario, dejando de lado el valor de la seguridad y la rentabilidad sobreviene la decadencia y, por cierto, no solo económica, sino también cultural y educativa.
En los países con más seguridad y rentabilidad, las personas tienden a ser más cultas y más educadas debido al alto nivel de capitales que permiten disponerlos para otros menesteres y no solo para el consumo de alimentos diarios. La inversión permite disponer de más comodidades y hasta de más tiempo para actividades que van desde la recreación y la formación del capital humano. El tan denostado capital por parte de la izquierda es en realidad la redención del pobre, puesto que le permite ascender en la escala socioeconómica al punto que los progenitores en una familia ofrecen a sus hijos oportunidades que aquellos no tuvieron. El empleo, la inversión, más salarios y ganancias, por tanto, solo son posibles si se aumenta el nivel de capitalización y para hacerlo viable está el carril del desarrollo al cual nos estamos refiriendo.
La seguridad y la rentabilidad no tiene otro modo de funcionar que la de garantizar el orden, la seguridad, la paz y la creación del ahorro y del capital. Esto ha sido así desde siempre. Las naciones que supieron percatarse de ello lograron el desarrollo.
De modo que tratar de inventar la rueda o un nuevo carril sería absurdo dado que lo único que se conseguirán son errores y quebrantos en las personas y sus familias. Infelizmente, si analizamos la historia desde la antigüedad a la fecha vamos a notar que todavía algunos persisten en errores, llevando la infelicidad a sus prójimos que pagan caro por lo que aquellos les hacen con sus malas legislaciones.
Tal como decíamos y siguiendo a Cicerón, estamos en una época especial de nuestro país y del mundo. Dependerá de nosotros los paraguayos saber aprovecharla para hacer posible ese futuro de bienestar que se merecen especialmente las generaciones más jóvenes.

