El 2026 ha comenzado con el estupendo crecimiento econó­mico que el país ha experimen­tado el año pasado. El ciclo que se inicia es una oportunidad para asu­mir con fuerza el compromiso de seguir aumentando la producción de bienes y servicios para mejorar mucho más la situación del país y de su gente, a fin de alcanzar las metas del desarrollo. Aunque 2025 ya pasó cronológicamente, no es un hecho perdido en el pasado sino un acon­tecimiento de extraordinarias proyeccio­nes para el ciclo que se está comenzando en la actualidad. Lo que se hizo ayer tiene que continuar hoy y mañana, con la cer­teza de que a medida que pasa el tiempo se irá creciendo con más fuerza para posibi­litar la consecución de nuevos logros.

Si el Paraguay obtuvo excelentes resulta­dos el año que pasó, en 2026 debe conse­guir éxitos parecidos en su carrera hacia la concreción de lo que se tiene proyec­tado para el bienestar de todos. Y para ello tiene la capacidad política requerida en la conducción del país, un sector privado con gran afán de trabajo, deseoso de nuevos avances y una clase trabajadora que siem­pre ha demostrado su afán de nuevas con­quistas con el esfuerzo que lo caracteriza.

Como gran exportador de materia prima, nuestro país debe ir variando en sus ofer­tas al mercado internacional, para que su comercio no dependa solamente de los productos primarios. Lo que implica, entre otras cosas, iniciar un fuerte pro­ceso de industrialización y continuar con fuerza con la variación de propuestas de colocación de artículos destinados al comercio mundial.

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En este campo, durante 2025 se ha dado un paso fundamental, pues el crecimiento económico se debió principalmente a una serie sectores de la producción y el comercio que no tienen dependencia directa del área primaria, como en años anteriores.

Los pronósticos elaborados por los técni­cos del Banco Central del Paraguay (BCP) y el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) indican que la economía tendrá este año un avance del 4,2 %, gracias a la expansión que registrarán las tres princi­pales áreas de la actividad económica. La inflación de precios se estima que rondará un porcentaje similar al del año pasado.

De acuerdo con las estimaciones de la banca matriz, el sector primario, que está compuesto principalmente por la agri­cultura y la ganadería, tendrá este año un crecimiento del 2,4 %, un alza rela­tivamente baja pero importante por su impacto.

El área económica compuesta por la industria y afines aumentará en 4,0 %. Esto será posible gracias al crecimiento que tendrán las industrias manufacture­ras, que será del 3,7 %, al comportamiento de las construcciones que se incrementa­rán en 3,5 % y sobre todo al alza del sector de electricidad y agua potable, con una suba del 5,7 %.

Para el sector terciario se estima un incremento del 4,6 % en su expansión, gracias al comportamiento positivo de los servicios, como el comercio, el trans­porte, telecomunicaciones, finanzas, turismo y actividades similares.

De acuerdo al comportamiento de los ele­mentos que inciden en la suba de precios, el informe oficial resalta que no hay evi­dencia de presiones importantes que pue­dan desviar la inflación del alza prevista, que es del 3,5%. Con un escenario rela­tivamente tranquilo, la suba de precios interanual podría continuar en forma moderada durante todo el 2026.

Si los conflictos internacionales, como la operación de Estados Unidos sobre Vene­zuela, no suben de tono, se estima que el pre­cio del petróleo no tendría mayores variacio­nes locales. En ese caso, los valores de venta en Paraguay de los derivados de ese pro­ducto tendrían que bajar teniendo en cuenta el gran descenso del dólar, que es la moneda con la que se importan esos productos.

Con todos los elementos mencionados, se puede esperar razonablemente que 2026 sea otro buen ciclo. Para lo cual hay que renovar el compromiso de seguir traba­jando por la patria en todos los ámbitos de la vida, con la garantía de que el Gobierno está en esa tarea con el mismo propósito.

Esto para convertir en realidad que el Paraguay no solo sea una nación con buen desempeño económico, reconocido como tal en el campo internacional, sino espe­cialmente el lugar en que los que lo habitan se desarrollen y disfruten los logros que se han conseguido.