Desde esa perspectiva alientan una situación de confrontación constante en que el enemigo debe ser aislado –de ser posible– masivamente.

Para que tal estrategia funcione se tiene que contar con la complicidad de algunas corporaciones mediáticas, aquellas que concentran varios canales de difusión (diarios, radios y televisión), donde la libertad de expresión es apenas una declaración formal, sin ningún arraigo en la práctica cotidiana.

Esto, en los casos en que la instalación de un relato es promovida por agentes externos a estos medios de comunicación. Porque, últimamente, son estos mismos medios los que procuran afanosamente acomodar su interesada versión de los hechos, que nada tiene que ver con cómo realmente ocurrieron. Se apela, entonces, a los recursos más rebuscados, sin sustentos en la razón, contraviniendo las más básicas y elementales reglas de la lógica.

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Para contrarrestar aquello que les incomoda, pero que no pueden obviar publicar por temor a dejar en evidencia lo que, en el fondo, es bastante evidente: sus inmorales intenciones, por lo general, políticas, comerciales y/o empresariales, que nada tienen que ver con la verdadera misión de un medio de comunicación.

De esta manera, tratan de retrucar con inconsistentes opiniones la contundencia de los datos estadísticos, así como el análisis de los expertos, sobre todo en materia económica. Queriendo refutar los informes de bancos –incluida la propia banca central– y agencias calificadoras internacionales, solicitan, por ejemplo, la evaluación del presidente de un partido político en vías de extinción por falta de predicamento de sus dirigentes.

Es el anhelo más ferviente de estos medios de trasmisión de mentiras que la ciencia se arrodille y rinda tributo a la subjetiva percepción de un sujeto que no puede sostener con fundamento creíble sus ligeras declaraciones.

En el otro extremo, un diputado que nunca logró sobresalir por su contribución intelectual a la Cámara donde sienta banca ni se le conoce aporte alguno para promover leyes que apunten a fortalecer el bienestar de la gente, hoy se convirtió en la estrella del firmamento de un diario en particular. Como grabadora reproduce informaciones de dudoso contenido, asumiendo poses doctorales, cuando que sabemos perfectamente que no fue él quien empolló dichos huevos adulterados.

Sabemos que el terreno en disputa en los años por venir consistirá en generar emociones que arremetan contra la razón. Serán más fáciles de convencer aquellos que ya están predispuestos a creer las argumentaciones que coincidan con sus puntos de vista. En todo caso, solo reforzarán sus posiciones con la ayuda de estos multiplicadores de la distorsión informativa.

Tampoco faltarán los incautos y desprevenidos que podrían ser embaucados por las reiteradas patrañas, por aquello de “miente, miente, que algo queda”. Lo grave sería que quienes conocen el trasfondo de estas publicaciones se queden con los brazos cruzados. Es decir, callados, mirando impasibles el transcurrir de los acontecimientos. Los falsos argumentos tenemos que combatir con la verdad.

Una verdad lúcida, transparente, irrebatible, que pueda ser exhibida con la certeza de los números y la contundencia de los hechos demostrables. No será, obviamente, una tarea fácil. Es más, será bastante compleja en una sociedad donde disminuyó notablemente la cantidad de gente que tiene la lectura como un hábito cotidiano, agravado por aquellos que tienen dificultades para comprender lo que leen.

Los mensajes con características de veracidad tienen que ser replicados por los líderes de opinión que tengan reconocida capacidad intelectual y un alto grado de credibilidad, como una forma efectiva de combatir la manipulación mediática.

Y, para que eso ocurra, se tiene que establecer una estrategia sólida, que huya de la perniciosa improvisación y se aleje de quienes han perdido la confianza de la gente por su acentuada incoherencia y su acostumbrada impostura para cambiar de visión de acuerdo con las circunstancias personales que les toca experimentar. Somos optimistas.

No debemos renunciar a la esperanza de que podemos derrotar la mezquindad de quienes no toleran los logros del adversario, aunque sean de enorme beneficio para el país y, sobre todo, para los sectores más carenciados. Las personas de buena voluntad siempre estarán del lado correcto.

Etiquetas: #relatos#hechos

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