Crear un enemigo común desde medios de comunicación aliados en el mismo propósito es una antigua y conocida estrategia de la derecha fascista dis­frazada de democracia para alcanzar objetivos políticos, entiéndase el poder. Y en ese concubi­nato espurio, medios y políticos establecen un itinerario infame en el cual se desprecia la licitud de los recursos para acercarse a sus fines. Tratan de establecer una narrativa convincente desde la mentira, la manipulación de la realidad y la dis­torsión constante de los mensajes, interpretando lo que supuestamente quiso decir el blanco de su destrucción, obviando lo que textualmente expresó en su discurso o declaraciones. Se gol­pea sobre el mismo yunque, aunque más no sea para llamar la atención. La idea es que, una vez captada la concentración ciudadana, puedan imponer su particular novela sobre lo sucedido y lo que pueda suceder a partir de ciertas eventua­lidades presentadas –por ellos mismos– como certezas. Ocurría anteriormente con el pleno de la Asociación Nacional Republicana - Partido Colorado.

Los ataques eran a fuego graneado, sin plan­tearse siquiera la posibilidad de que algunas per­sonas puedan considerarse excepcionales por su honra, méritos académicos y dignidad. No, de ninguna manera. Todos eran metidos en la misma bolsa. Porque otorgar semejante distin­ción a un enemigo implicaría una traición a su condición de opositor recalcitrante. Jacobinos, maquiavélicos y goebbelianos. Ellos, y solo ellos, tienen el patrimonio de la razón y la santidad política. No importan los medios, por más exe­crables que sean, para obtener lo que pretenden. Y, por último, mienten descaradamente con la ilusión de que algo de esas patrañas se instale en la conciencia popular. Eso sí, aquellos que deci­den desertar de sus creencias y convicciones, esto es, abandonar el partido al cual están ins­criptos, serán recibidos como héroes y se suma­rán a la exclusiva legión de los salvadores de la patria.

Estas intenciones depredadoras contra el o los enemigos –hay que decirlo– tienen una fecha de partida. La campaña interna del Partido Colo­rado para elegir al candidato que representaría a esta asociación política en las elecciones gene­rales en 2018. Se inició un bombardeo inmise­ricorde en contra de Santiago Peña, sobre todo, por su pasado liberal (se había afiliado el 29 de octubre de 2016). Horacio Cartes era entonces el mandatario en ejercicio y lo eligió como del­fín para sucederle en el cargo. Aquella vez perdió frente a Mario Abdo Benítez quien, finalmente, se sentaría en el Palacio de López. Fueron cinco años de contubernio o cohabitación ilícita (2018-2023) entre el Poder Ejecutivo, dos corporacio­nes mediáticas –poderosas en estructura, pero de pobreza absoluta en cuanto a credibilidad– y un sector de la oposición, principalmente el Par­tido Democrático Progresista (PDP), manejado familiarmente por los esposos Desirée Masi (exsenadora) y Rafael Filizzola (actual senador), más algunos legisladores del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), funcionales a aquel gobierno. Nunca hemos leído ni escuchado que a estos aliados los hayan llamado “líbero-abdis­tas” o “pedecistas-maristas”. Nunca.

Las escasas denuncias de corrupción durante ese periodo a través de estos medios de comuni­cación –principalmente los diarios Abc Color y Última Hora– siempre fueron efímeras, jamás tuvieron continuidad (aunque nosotros sí los tenemos en nuestros archivos) y desaparecían rápidamente, quizás por orden superior de sus dueños. Una rémora de la dictadura de Alfredo Stroessner, bajo cuyo manto pudieron mon­tar las empresas que hoy son multimillonarias. Estamos aguardando pacientemente que alguna vez recuperen la dignidad y refloten las enor­mes tragadas en el Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (MSPyBS), el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC), y el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC). Y, sobre todo, se animen a investigar, al fin, dónde fue a parar el préstamo de 1.600 millo­nes de dólares que debía servir para amortiguar el impacto del covid-19, justamente en tiempos en que Benigno López, el hermano de madre del expresidente Abdo Benítez, era ministro de Hacienda. En estos días se pasa dando cátedras sobre cómo administrar “honesta e inteligente­mente” el Estado. El resultado lógico de la impu­nidad.

Y ahora realizaron un escaneo semiótico –así dijeron– de la plenaria del movimiento Honor Colorado, liderado por Horacio Cartes, también presidente de la Junta de Gobierno de la ANR, durante la cual se ratificó la precandidatura del actual vicepresidente, Pedro Alliana, para la Pre­sidencia de la República. Cual Roland Barthes mejorado y más actualizado, creen encontrar significados a través de un análisis de imágenes (incluyendo fotografías), gestos, textos y silen­cios. Arman su propio relato fantasioso con tal de apuntalar la destrucción de este movimiento para, luego, ir por el Partido Colorado.

Lamenta­blemente con la valiosa colaboración de algunos que dicen ser férreos y devotos defensores de esta asociación política. Pero, ¡cuidado! Si el candidato presidencial es un ordenanza de estas corporacio­nes mediáticas, los exacerbados críticos del colo­radismo no encontrarán espacios para escribir o hablar. Aquí, como se sinceró alguna vez la sena­dora Celeste Amarilla, la consigna es “Delenda est HC” (Hay que destruir a HC). Solo que la última vez no pudieron derrotarlo ni con una injuriosa ayuda extranjera que ellos aplaudieron a rabiar. Y, para eso, la gente no necesita mucho análisis: basta con escuchar lo que dicen y cómo lo dicen.

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