Desde el santuario mariano de Caacupé, los responsa­bles de las distintas diócesis de la Iglesia católica siguen pidiendo el mejoramiento de la calidad de vida de las personas, en especial de las que están en los sectores menos protegi­dos. El obispo de Encarnación, Francisco Javier Pistilli, en su homilía de una de las últimas celebraciones litúrgicas de la basílica cordillerana, resaltó que el Para­guay produce ahora más que antes, pero que no se logra traducir esa potencia en el mejoramiento de todos los individuos.

Apuntó como injusta a la desigualdad existente en la sociedad nacional en que hay una gran cantidad de gente pobre que no llega a mejores condiciones de vida. Señaló que la riqueza de una nación no se debe medir por su producción económica sino por el cuidado que se tiene a sus habi­tantes, resaltando el valor de cada vida humana.

El pastor ha señalado varios aspectos de la realidad nacional que deberían ser corregidos para mejor la situación de miles de personas. Como han manifes­tado otros obispos que hablaron desde el púlpito caacupeño, la situación del país y de su gente tiene todavía mucho por delante para que todos puedan estar mejor que antes.

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Estas y otras observaciones críticas rea­lizadas por los prelados en las misas del novenario tienen gran importancia, pues señalan lo que la sociedad paraguaya, el gobierno y las entidades privadas debe­rían corregir para que la gente pueda conseguir mejores niveles de existencia. No se las puede tomar como parte de una postura de oposición política que censura a las autoridades nacionales, sino como la necesaria observación de una realidad que debe ir cambiando para que los para­guayos puedan llevar una vida más digna.

Cualquier análisis sincero que se haga del estado del país indica que hay todavía mucho que hacer para que la calidad de vida de la gente y el desarrollo de la socie­dad suba a niveles más altos. En todos los sectores de la vida de la ciudadanía. En ese sentido, señalar los defectos es un acto que debe tomarse como positivo. Para tener el diagnóstico de la salud física de una persona se indagan los diferentes síntomas negativos que se observan a ver si existe una dolencia importante. Todo con el fin último de buscarle el remedio.

Un detalle de trascendencia es que cual­quier análisis que se haga de una circuns­tancia determinada tiene que tener en cuenta también las realizaciones positi­vas, los avances que se han alcanzado y los logros que se están obteniendo. Porque la realidad no solo tiene aspectos criticables y negativos.

Es verdad que hay miles de personas en condiciones de pobreza, lo que no se puede desconocer. Es más, resulta siem­pre necesario conocer los aspectos nega­tivos de una realidad, para así buscarles solución. Pero, como nunca en la historia del país, se está mejorando la situación de las personas pobres, lo que se está con­siguiendo con más fuentes de trabajo y mejores salarios.

Un ejemplo de esa lucha es el programa Hambre Cero en las Escuelas, que se está realizando para la buena alimentación de los escolares pobres. En este plan se están destinando este año el equivalente a 375 millones de dólares, que en moneda local sobrepasa los 2 billones 600 mil millones de guaraníes. Nunca antes se ha invertido tanto en los niños que van a las escuelas públicas.

Varios programas sociales de importan­cia están ayudando a la gente de menores recursos. Algunos de los ejemplos que se pueden citar son: Che Róga Porã, desti­nado a la casa de los más pobres, o el plan denominado “Primera vivienda”, que da créditos para la primera casa, refacciones o construcción para familias con ingresos de hasta 7 salarios mínimos mensuales, por señalar solo algunos.

Las observaciones de los obispos no hay que tomarlas solamente como un juicio negativo, como si la idea fuera únicamente condenar. Si uno va viendo el contenido de las homilías, desde el primer día de la novena, se puede concluir que la idea es señalar lo que está mal, porque solamente teniendo en cuenta las faltas, el pecador se puede arrepentir y pedir su redención.

Todos los sermones tienen un inocultable mensaje pedagógico, que desde la pers­pectiva espiritual, pretende crear mayor conciencia para el mejoramiento de las condiciones del país y sus habitantes. Que es lo que todos queremos.

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