Con el inicio de la novena religiosa comenzó oficialmente la mayor fiesta cristiana del país que tiene como centro la devoción a Nues­tra Señora de Caacupé, que es la advoca­ción con la que se recuerda a esta altura del año a la madre de Cristo, en la ciudad capital del departamento de Cordillera. La fiesta de Caacupé es mucho más que una manifestación religiosa de los católi­cos en homenaje a María, pues constituye también una de las mayores expresiones con sabor popular. Y con seguridad es el acontecimiento social que mayor canti­dad de personas congrega en una zona del territorio nacional.

En el Paraguay no hay festividad, acontecimiento político, social o deportivo que junte a tan alto número de individuos en una localidad como ocurre en Caacupé en los últimos días de noviem­bre y primera semana de diciembre. Y no hay duda que debido a ello la villa serrana es la capital indiscutida del sentimiento religioso de la nación.

La Iglesia católica ha sabido capitalizar ese acontecimiento coronando al 8 de diciem­bre de cada año como la mayor festivi­dad de tinte espiritual, sobre todo por la extraordinaria presencia de individuos de gran parte del país. Y más allá del signifi­cado religioso, es también la mayor fiesta popular del año, que suele aprovechar para hacer llegar el mensaje de sus principales enseñanzas.

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La importancia religiosa del santuario mariano de Caacupé la han ratificado los papas que han venido al Paraguay. Caa­cupé ha sido la única ciudad del interior que han visitado oficialmente los dos pon­tífices católicos que han llegado a nuestro país en distintos momentos de la historia.

El 18 de mayo de 1988 el papa Juan Pablo II visitó la capital cordillerana y celebró una misa en el santuario mariano. El pontí­fice polaco festejaba ese día su cumpleaños número 68 en medio del fervor de miles de personas.

El segundo papa en llegar a Caacupé fue Francisco, el pontífice argentino que estuvo el 11 de julio de 2015 en la basí­lica santuario, donde presidió un oficio religioso. En la ocasión dejó el siguiente mensaje escrito: “En esta Basílica San­tuario pido a Nuestra Madre, la Virgen de los Milagros de Caacupé, bendiga al noble pueblo paraguayo.”

Los nueve días previos al día festivo, los principales obispos de las diferentes dió­cesis del país centran su prédica desde la basílica mariana sobre los temas de mayor trascendencia nacional que merecen una reflexión partiendo de los principios reli­giosos. Y, en ese sentido, el novenario constituye el momento propicio para expresar las principales preocupaciones con el correspondiente enfoque desde el punto de vista pastoral. No se dan la solución a los problemas, sino cómo abordarlos para encontrar los remedios más adecuados.

Teniendo en cuenta la trascendencia social que tiene la festividad de Caacupé, el acon­tecimiento religioso de la principal enti­dad confesional del país, los mensajes que se lanzan desde el púlpito de ese santuario deben ser tenidos en cuenta por la ciudada­nía como principios para la conducta dia­ria. Al margen de las diferencias que pue­den tener las personas como individuos, una verdad que no se puede ignorar es que los que habitan este país, antes que enfren­tarse por sus desavenencias, deben unirse por los intereses comunes que tienen para perseguir los principales objetivos a que aspiran. Y en eso el mensaje cristiano tiene mucha trascendencia porque considera a las personas como hermanos, en el sentido de que tienen las mismas raíces.

Uno de los mensajes importantes que se envió ayer desde Caacupé al país y al mundo fue lo que dijo el obispo de Ciudad del Este, Pedro Collar, quien resaltó en su homilía la importancia de no ser indife­rentes a la situación de las personas, y que el amor al prójimo se expresa más eficaz­mente cuanto más se trabaja por el bien común que corresponde a las necesidades reales.

“El amor cristiano, encarnado en estruc­turas sociales justas, se convierte así en camino de transformación y de auténtico progreso humano”, sentenció. Y agregó más adelante que hay que trabajar para construir una sociedad justa, solidaria y orientada hacia el bien de todos y sin exclusiones de ninguna laya. Que es jus­tamente uno de los propósitos que anima a las autoridades nacionales en la política que están desarrollando durante su ges­tión en algo más de dos años.

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