Mal por sus respectivos par­tidos o grupos políticos la mayoría de los actores de la oposición vienen realizando tristes espectáculos con ataques sin asi­dero, principalmente hacia el oficialismo que los ridiculizan sistemáticamente por­que sus discursos duran un soplo.

Entre estos, hay algunos que se han especializado en el oficio de lanzar fake news, rebajando sus investiduras con guerras sin sentido al solo efecto de golpear a los adversarios y de las que salen cada vez más quemados.

El último bochornoso espectáculo en ansias de deslegitimar a este Gobierno que se ubicó en el poder con 460 mil votos de diferencia sobre el candidato de la oposición fue el que realizó el senador liberal Éver Villalba. El legislador repitió como loro una denuncia sobre la supuesta vulnerabilidad que ten­drían los chips que contienen las boletas que son introducidas a las máquinas de votación para que el elector pueda expresar su voto.

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A Villalba y otros colegas de su partido se le mezclaron algunos jugadores ya que las papeletas imprimidas por las máquinas de votación son invulnerables, no existe una tinta que una vez se haya secado en el papel sufra una metamorfosis y cambie lo impregnado en la boleta por arte de magia. Los votos que se cuentan son los que figuran en las papeletas que fueron depositadas en las urnas, previa revisión de la persona que sufragó.

Como están acostumbrados, Villalba se limitó a lanzar este disparate solo para los titulares ya que, en la sesión donde trataban presupuesto para alquiler de las máquinas de votación no fue capaz de votar en contra y sostener esto con su argumento mediático. Estamos acostumbrados a estas conductas de verdes razonamientos.

Los opositores mediáticos, subordinados a los intereses de algunos holdings de comuni­cación afines al abdismo vienen siendo fieles repetidos del relato la agenda de los medios amigos que periódicamente impulsan cam­paña de desprestigio contra el Gobierno.

La falsa vinculación del presidente de la República con una entidad bancaria de la cual dejó de ser parte antes de asumir el cargo. La campaña contra leyes prioritarias como la Ley de Superintendencia de jubi­laciones y pensiones, contra el programa estrella estatal más sensible y exitoso de los últimos tiempos, Hambre Cero, la conti­nua busca de pelos en la sopa en lo que hace a proyectos de dignificación habitacional, el acceso a la pensión universal para los adultos mayores, la ánima aversión del control aéreo para el impedimento del tráfico de drogas, principalmente en la zona norte del país, lejos de debilitar al gobierno, rebaja a una oposición que solo sabe difundir chismes y rumores para subsistir.

No importa si en el interés de desgastar tie­nen que plantear medias verdades o datos maniobrados, ocurrió hace días con un plan­teo que hizo en redes otro senador, exliberal, en ese caso, Eduardo Nakayama. El legisla­dor apuntó al ministro de Industria con una compra de inmueble, transacción en la que incluyó al Indert como presunto adjudicata­rio. Este fake news fue demolido por el secre­tario de Estado afectado quien de manera inmediata le refregó explicaciones bien documentadas, por la misma vía a Naka­yama que no tuvo más remedio que “agrade­cer” la transparencia por parte del ministro de Industria.

Y así, casos como los anteriormente citados colocan de bochorno en bochorno a parla­mentarios opositores y demás actores polí­ticos renegados que, mientras se sirven de jugosos salarios por los cargos que ocupan viven pendientes de iniciativas de sus adver­sarios al solo efecto de marcar la existencia. Un solo aporte en beneficio del país que los convierta en alternativa ha salido de sus filas y esto es lamentable para una ciudadanía que necesita el equilibrio de poderes.

Lo más desesperanzador es que los agra­vios, noticias falsas y especulaciones proba­blemente se intensifiquen en estos meses, teniendo en cuenta que estamos en un periodo de ante sala a las próximas eleccio­nes municipales. Tiempos en los que debié­ramos escuchar propuestas tendremos que estar más preparados en identificar falacias.

Mientras la inmadurez, la falta de propues­tas, soluciones y enredos en campañas de mentiras y de odios sigan siendo el hilo de la oposición, habrá Partido Colorado para muchos años más. Merecemos más capaci­dad y compromiso en la política paraguaya, sean opositores, oficialistas o disidentes, quienes ocupen espacios de poder están para servir a la gente, no para riñas parti­culares.

Si la oposición busca una oportunidad como alternativa para este país, no puede seguir siendo tan humillantemente utilizada como mensajeros de agendas de medios cuyos intereses son corporativos y no colectivos.

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