Las numerosas empresas públicas, que prestan diferentes tipos de servicios a la ciudadanía, no siempre han sido un ejemplo de buen trabajo y eficiente administración económica y financiera. En el pasado varias entidades se han caracterizado por pésimos manejos, trabajando a pérdida y ocasionando dificultades al Estado con sus déficits económicos, aunque algunos pocos se distinguieron por su buen desempeño.
Como este tipo de entidades no tienen la exigencia que es habitual en las empresas privadas que deben competir con otras y generar utilidades, muchas se han dejado llevar por la inercia y las presiones de algunos sectores políticos interesados solo en colocar su gente y no en el buen servicio y la competencia. Era habitual poner al frente de esos entes a personas con fuerte peso partidario antes que a individuos con capacidad técnica y administrativa. Por eso, por mucho tiempo, en nuestro país hablar de empresa pública era referirse a la ineficiencia y a la corrupción, porque eran entidades que solo se manejaban por los intereses de algunos sectores que perseguían objetivos diferentes al bien común.
Ese trastorno tan corriente en las sociedades estatales se está acabando para dar lugar a las entidades competentes y que tienen como objetivo servir a la ciudadanía con eficiencia. Por eso el Gobierno está insistiendo fuertemente en modernizar las empresas públicas y hacer que los servicios mejoren ostensiblemente en su calidad, con entidades más eficaces y bien administradas.
El lunes último, el presidente Santiago Peña convocó al Consejo Nacional de Empresas Públicas (CNEP) para dar directivas de trabajo y hacer que las entidades estatales crezcan en eficiencia y competitividad. Para ello dispuso la creación de una mesa de trabajo que se encargará de coordinar los planes, afinar las estrategias y mejorar las acciones entre las numerosas sociedades que dependen del Estado.
De acuerdo con la versión de voceros gubernamentales, la medida busca fortalecer institucionalmente a estas entidades y asegurar que brinden servicios más eficientes y sostenibles a la ciudadanía, en un contexto en el que la calidad y la capacidad del sector público son claves para la competitividad económica del país.
La directiva del presidente de la República fue clara y contundente: las empresas públicas deben trabajar de manera articulada y con mayor intensidad para mejorar su desempeño operativo y financiero. No hay otra alternativa que ser eficientes llevando a cabo la tarea que corresponde, en coordinación con las diversas entidades estatales, con objetivos bien claros, como ser más eficaces en el campo de sus actividades y en el manejo de las finanzas.
El propósito del mandatario, como parte de los ejes importantes de su administración, es modernizar las entidades del sector público mediante el robustecimiento de su capacidad de gestión y su impacto en la economía del país. El Gobierno no tiene pensado privatizar ninguna entidad estatal, según las aclaraciones, por lo que insiste en la mayor efectividad de las empresas públicas. Y para ello procura mejores manejos instando a los administradores a ser más competentes.
El propósito del Gobierno es enviar una señal de estabilidad en un momento en que la provisión de servicios públicos de gran importancia presenta algunas dificultades. Esto sobre todo en el campo del servicio de agua potable, de transporte público y de telecomunicaciones cuya influencia es muy fuerte en los costos de producción y en la competitividad general del país, según fuentes del sector público. La reciente acción de la Ande cortando el servicio de energía a la productora de agua potable ha dado que pensar, porque ninguna entidad pública que tiene ingresos por sus servicios debería dejar de pagar la cuenta por su consumo.
Entre las sociedades estatales sobresale nítidamente la Ande que, por su movimiento comercial de gran relevancia, sigue siendo el mayor contribuyente del Estado, pues por otro año consecutivo es la entidad que más impuestos abona al fisco. En 2024, ha sido el contribuyente que más ha pagado a la Dirección Nacional de Ingresos Tributarios (DNIT) en concepto de tributos varios.
La eficiencia de algunas empresas del Estado es un ejemplo a seguir para otras que se encuentran con déficit económico y cuyo desempeño el Gobierno desea que mejore, que fue una de las directivas expresadas por la máxima autoridad del Ejecutivo en la reciente sesión de autoridades de entes públicos, a la que se debe dar cumplimiento.