El informe diplomático filtrado por un medio extranjero no hace sino documentar lo que en Paraguay todos sabíamos. El espíritu de traición, angurria, frialdad del expresidente de la República Mario Abdo Benítez –características que se vieron fuertemente reflejadas en su gobierno, que heredaron un tremendo daño al país– hoy resuena a escala internacional.

El mencionado documento revela que el expresidente Mario Abdo Benítez protagonizó una de las traiciones políticas más frías vistas en los últimos tiempos en el Paraguay, con la que apuñaló por la espalda a su propio vicepresidente, su compañero que le ayudó a ocupar el cargo de mandatario de la República.

Esto patenta a luz que el hijo del secretario de gobierno de la dictadura no solo se alió con la oposición, instrumentando organismos estatales para perseguir durante todo su mandato al adversario interno del Partido Colorado, sino que se encargó de ensuciar a su dupla, obligándolo a descabalgar de una candidatura presidencial de la manera más humillante.

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Difícilmente nos equivoquemos en afirmar que la historia reciente no registra un presidente más antipatriota que Abdo Benítez, quien, lejos de gobernar para todo el Paraguay, se dedicó a perseguir sin la mínima sensibilidad a quienes se veían perjudicados con su guerra y su frustración personal.

Un presidente que se precie de tal debe administrar el país por encima de sus diferencias. En la teoría se debe a quienes habitan esta República y no a fines particulares movidos por el odio y el rencor.

El referido informe diplomático consigna que, en plena campaña electoral (agosto 2022), Abdo junto con el exembajador Marc Ostfield operó no solo una designación de significativamente corrupto contra su adversario dentro del Partido Colorado, sino también tramó la de su entonces vicepresidente.

Esto ante su interés personal de dejar el camino libre a su principal elemento recaudador, el mismo que articuló licitaciones a mansalva que le permitieron ganar 70 veces más con sus empresas de asfalto.

Lo develado en el informe reservado confirma que, lejos de ser un mandatario comprometido con los paraguayos, Abdo Benítez usó su investidura para pedir castigo internacional, con el agravante de que esto fue sin pruebas y llevado adelante con show mediático sin precedentes.

Esto lo convierte en vil traidor, quien al momento de asumir el cargo juró lealtad y honestidad a la patria, pero terminó defraudando en ambas cosas.

Su odio desmedido y la complicidad del personaje de Ostfield no perjudicó solo a sus objetivos directos, sino a muchísima gente que dependía de sus perseguidos. Sería redundante reiterar el dolor que causó a tanta gente trabajadora.

Pero el pyragüereato basado en mentiras que se le atribuye a Abdo en reportes diplomáticos, la persecución en detrimento de la institucionalidad de la República que todos vimos durante su gobierno son apenas el corolario de la serie de abusos que cometió aprovechando el cargo que ocupó.

Es así que sigue caliente la indignación y el dolor por la corrupción, sobrefacturación, direccionamiento de compras, etc., en tiempos de pandemia, la frialdad de su gobierno para priorizar rutas en beneficio exclusivo de sus empresas de asfalto, cuyas ganancias subieron a USD 45 millones, fortuna oculta bajo la figura de fondos de reserva y sin rastros para la Contraloría General de la República.

No nos olvidamos tampoco de los clavos en IPS, en Petropar, en Diben y varios otros. Menos podemos sacar de la memoria la degradación de la imagen país por el disparo de la narcoexportación durante los tiempos de Abdo.

Y así existe una larga lista de cuestionamientos que arrastra este señor, cuyo rol desintegrador sigue tan intacto en el seno de la disidencia colorada a la que, con su actitud conspiradora, difícilmente le dé una chance ante el electorado.

Hemos experimentado una enorme decepción y miseria con el gobierno de Abdo y sus aliados opositores, que no solo se reducen a las secuelas contra los bienes del Estado, sino el tiempo se encargó de sacar a la luz el lado más ruin de un presidente que, al parecer, no tiene empacho en pisar la cabeza de sus mismos compañeros en el seguimiento de sus propósitos.

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