En el mes de octubre se registró un hecho inédito en la econo­mía del país con el registro de una deflación del 0,1 por ciento tomando en cuenta el Índice de Precios al Consumidor.

Si con la inflación aumentan los precios, con la deflación es lo contrario. La defla­ción llamada también inflación nega­tiva consiste en términos generales en una notable disminución de los precios de bienes y servicios provocada por la ausencia de expansión de la oferta mone­taria sin correspondencia con el creci­miento de la economía.

De acuerdo a los informes, el mes pasado tuvimos una caída de los precios en las harinas y derivados, los seguros, la adquisición de vehículos y verduras de estación y otros. Y si bien no se dio la misma situación en otros rubros y sec­tores, esa caída en los precios refleja el buen ambiente económico por el cual pasa el país.

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Ciertamente, y no vamos a negar porque de proceder de ese modo sería caer en ridículo dados los hechos, existen otros rubros como la carne vacuna que tiene tendencia alcista. Pero no confunda­mos precios con inflación o deflación. En todas las economías que se precien de ser libres, y la nuestra lo es, los precios res­ponden a la oferta y demanda de los bie­nes y servicios.

La carne vacuna tiene alta demanda y la oferta debe incrementarse para hacer posible la reducción de los precios; no obstante, los factores climáticos de años atrás redujeron el hato ganadero cayendo la faena. En consecuencia, con una oferta más baja y con el aumento de la demanda dado que la carne vacuna es parte vital de la alimentación básica de la población en el país, el resultado es el incremento del precio.

Pero también, y como decíamos, en otros rubros y sectores tuvimos deflación. La misma es un indicador importante de descenso en el nivel de los precios con el consiguiente aumento del poder adquisi­tivo que no siempre ocurre en la econo­mía. Si los precios de los productos y ser­vicios se reducen, entonces quiere decir que el gran beneficiado es el comprador puesto que con menos dinero compra igual y hasta más. El poder de compra se eleva sin que ello implique reducción de la mano de obra, esto es, sin un deterioro en la creación de nuevos empleos.

Sobre este tema en particular, las mira­das son diferentes especialmente si se las analiza desde las dos grandes corrientes del pensamiento económico. Una de ellas, la neokeynesiana, de la que muchos todavía son adeptos, sostiene que ante la deflación es necesario dina­mizar la economía con más oferta mone­taria a través del gasto público.

La otra propuesta, por cierto, muy dife­rente a la antes descripta consiste en la libertad económica. La misma sostiene con acierto que a la deflación no hay que tenerle miedo; por el contrario, es una respuesta positiva para la gente. La deflación se constituye en una oportuni­dad de movimientos para la circulación de dinero a través de créditos a las fami­lias y a las empresas por la reducción de las tasas de interés y consecuentes cos­tos y de ese modo finalmente todos salen gananciosos, en especial los sectores de escasos recursos que, de otro modo, no tendrían beneficios.

Abonando lo expresado, la deflación es beneficiosa para la sociedad en su con­junto porque denota una cuestión que las más de las veces pasa desapercibida. Si bajan los precios en tal magnitud que ni siquiera llega al 1 por ciento tomando el Índice de Precios al Consumidor, quiere decir que se está ante un proceso de mejora en el nivel de vida de las perso­nas y ocurre debido a que previamente se está ante un aumento de la inversión y la producción relacionado con la rebaja de los costos en la producción y el comercio.

De igual modo, la deflación implica que el Estado mediante su gobierno por medio de la banca central no se encuentra realizando medidas monetarias expansivas, lo que es correcto y sumamente saludable. Resultan perjudiciales las políticas expansivas en el orden monetario porque desincentivan el ahorro y la inversión, precisamente los detonantes del crecimiento económico y de la reactivación de toda actividad ya sea en la producción, el comercio y la industria.

El intervencionismo estatal en materia monetaria expandiendo dinero espúreo en el mercado además de provocar inflación es el modo perverso e injusto de ponerle freno al crecimiento de la economía o lo que es lo mismo, perjudicar a los que dependen de su salario y jornal. La defla­ción, por tanto, es lo mejor que puede suce­der en beneficio de la gente.

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