El presidente Santiago Peña desde un inicio se mostró claro al res­pecto. En términos geoestratégi­cos está muy bien que Paraguay se encuentre no solo siendo protagonista principal de la hidrovía Paraná-Paraguay, a lo que se agrega el Corredor Bioceánico que conecta el Atlántico con el Pacífico, sino que también debemos ser parte de la era de la inteligencia artificial impulsada por la ener­gía renovable y limpia con la que contamos.

De este modo y para hacer realidad esta visión, el Gobierno, a través de la Adminis­tración Nacional de Electricidad (Ande), con­firmó semanas atrás la firma de dos memo­rándum de entendimiento con empresas vinculadas a la inteligencia artificial. Dichos documentos de entendimiento se dieron con Levip SA, empresa norteamericana y con la Boost Engenharia Ltda del Brasil. Esto signi­ficará, para empezar, una inversión de aproxi­madamente 8 mil millones de dólares.

Es de señalarse que el proyecto con la empresa norteamericana a ubicarse cerca de Asunción próximo a una línea de trans­misión de 500 kV, forma parte de la inicia­tiva Al.gov del presidente norteamericano, Donald Trump, cuyo objetivo es posicionar a Norteamérica para competir en el mer­cado internacional de inteligencia artificial mediante alianzas estratégicas de la que Paraguay forma parte.

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También existen otros emprendimien­tos. Mencionemos a la empresa canadiense Hive Digital Technologies y los acuerdos con Taiwán en materia de semiconductores, todo ello debido al potencial del país para el desarrollo de centros de datos e inteligencia artificial tomando en cuenta la abundante energía que poseemos. La venta de energía significarán, desde el comienzo, importan­tes ingresos de dinero para el país.

Agreguemos este detalle no menor. La alianza estratégica de Paraguay con los Estados Unidos en el sector de la energía para emprendimientos de hubs tecnoló­gicos como el desarrollo de la inteligencia artificial hacen de nuestro país no solo un aliado del gran país del norte, sino también convierte al Paraguay en un jugador global en esta nueva era de la que estamos asis­tiendo y de la que ya somos protagonistas.

En tal sentido, un hub es un punto de cone­xión equivalente a decir un centro clave para que las empresas puedan innovar y crear nuevos servicios y productos de impacto global. Su importancia es de tal magnitud que los países buscan convertirse en ese hub por la sencilla razón de ser un dinamizador inigualable no solo en la capa­cidad de atracción de nuevos capitales, sino también en una oportunidad única de crear empleos en los lugares donde se instalan.

Esta es la tendencia a nivel mundial. Una modalidad de la nueva economía global donde se diseñan y se hacen nuevos nego­cios que antes no existían y si ya existían se vuelven más accesibles para la gente. Existe varios ejemplos de ello, como la Sillicon Valley en Estados Unidos conocida por sus gigantes tecnológicos como Google y Apple; en Seúl (Corea del Sur) en electrónica; China en telecomunicaciones; Israel enfo­cado en ciberseguridad y tecnología agrí­cola médica, como en otros lugares.

Uno de los protagonistas es el startup que, dicho de modo más sencillo, es una empresa nueva en proceso de búsqueda y desarrollo de un negocio a escala que requiere de hacer uso de la inteligencia artificial para volver­las todavía más innovadoras y competiti­vas. La característica de la startup está en su enorme potencial de crecimiento respaldado por su enfoque creativo. Todo este sector como la misma la inteligencia artificial (IA), sin embargo, cuenta con enormes desafíos.

En efecto, el mundo de la tecnología en general necesita de energía, financiamiento y predecibilidad de manera a que las inver­siones a realizarse no sean afectadas por medidas contrarias al capital invertido. El éxito no está garantizado a menos que exista una estrecha y confiable colabora­ción con entendimientos entre los parti­cipantes, entre el Gobierno y las empresas junto con las instituciones educativas.

El Gobierno en tal sentido debe ser con­fiable y mostrarse convencido del mundo tecnológico puesto que deberá garantizar un entorno propicio para la innovación, la inversión y el empleo. Básicamente esto sig­nifica ofrecer incentivos fiscales, mejorar la infraestructura, seguridad jurídica y promo­ver igualmente un ambiente de colaboración entre las empresas, los centros de enseñanza como los institutos y las universidades así con la sociedad en general.

Entonces, las preguntas que caben hacernos son las siguientes: ¿es posible que Paraguay se convierta en un hub tecnológico y de inte­ligencia artificial de nivel mundial ? ¿Qué hace el Gobierno al respecto? La respuesta es afirmativa y propicia enormes oportuni­dades para el Paraguay de hoy y del futuro.

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