El viernes 24 de octubre se produjo en el país un acontecimiento de gran significación social, política y económica, considerado un hecho histórico, por el impacto que tendrá en la vida de muchos campesinos paraguayos que sufrían años de postergación en la concreción de sus derechos. Su importancia trasciende la mera entrega de títulos de propiedad de las tierras que por décadas vienen buscando, ya que es la culminación de un largo y doloroso proceso que en su momento ocasionó la muerte violenta de 17 paraguayos.
Se trata de la transferencia de predios agrícolas que forman parte de la colonia conocida como Marina Cue donde existen 243 lotes con un total de 1.748 hectáreas preparadas para la entrega legal a los pobladores de la zona. Como señal de la transformación que se vive actualmente, luego del sangriento enfrentamiento de 2012, el lugar se denomina ahora colonia San Óscar Romero, en homenaje al arzobispo de El Salvador, defensor de los derechos humanos y de los pobres, asesinado en 1980 cuando celebraba la misa.
Tuvieron que pasar trece años de aquella lamentable confrontación armada entre civiles y policías para que luego de numerosas negociaciones el Indert tenga listo legalmente esas tierras para su traspaso jurídico a los pobladores del lugar. Por eso fue muy emotivo el acto en que el representante campesino, en son de fraternidad, entregó una bandera paraguaya al comandante de la Policía Nacional, seis de cuyos integrantes fueron muertos por los campesinos en cuyas filas cayeron once personas por el fuego de los uniformados, en aquel 15 de junio de 2012.
El presidente de la República, Santiago Peña, que presidió el acto de entrega de los papeles de propiedad a la población rural, resaltó que era un día histórico, porque se está “cerrando una herida que estuvo abierta por muchísimo tiempo con la entrega finalmente de los títulos. Esto que conseguimos es grande, pero apenas es el comienzo de lo que queremos que sea una comunidad modelo, una referencia”. Destacó que el acto simboliza el cierre de un largo proceso de lucha social y jurídica mediante el cual se brinda seguridad y dignidad a los pobladores que aguardaron por muchos años tener su propia tierra de acuerdo a la ley.
“Este es un lugar que derramó muchísima sangre y lágrimas de muchos paraguayos, por mucho tiempo. Pero hoy estas lágrimas serán de felicidad. Hoy demostramos que la concordia entre paraguayos puede mucho más que la división. Esta fecha debe ser un capítulo importante en nuestra historia. El Paraguay es una nación gigante que está resurgiendo de la mano de todos los paraguayos”, expresó el primer mandatario.
Con la legalización de la nueva colonia, el Gobierno también proporcionó el servicio de electrificación mediante el trabajo de la Ande. Como se pretende la transformación académica de sus habitantes, se les está ofreciendo programas de educación financiera con la participación del Banco Nacional de Fomento (BNF) y capacitación técnica en varios oficios mediante el Servicio Nacional de Participación Profesional (SNPP). Con el trabajo de acompañamiento del Fondo Mundial para la Naturaleza, conocido por su sigla WWF, se están llevando a cabo proyectos de producción sostenible y reforestación.
Con la ayuda de los diferentes organismos mencionados se hará posible un salto extraordinario en el progreso de la colonia y en la contribución del bienestar de los pobladores de la zona. Lo que se está consiguiendo mediante la contribución del Gobierno que ha movilizado a las más diversas entidades para poder lograr la tan ansiada transformación.
El trabajo realizado por el Indert para superar las complicaciones que tenía el asentamiento de los campesinos sin apoyo jurídico está dando su fruto para hacer que el problema que ocasionó la pasada violencia se convierta en un gran ejemplo de transformación pacífica que hay que imitar en otras zonas conflictivas.
Gracias al extraordinario proceso de metamorfosis propiciado por el Gobierno nacional, la ex Marina Cue no será solo sinónimo de un triste y doloroso recuerdo. De ahora en más se transformará en un ejemplo de progreso y superación apostando al mejor futuro de su gente, invocando al que le dio su nuevo nombre, San Óscar Romero, el obispo salvadoreño que luchó hasta la muerte por la paz y la justicia social.

