La inversión que está realizando el Gobierno a través del Ministe­rio de Salud Pública, además de histórica, da paso al verdadero proceso de fortalecimiento sanitario que soñamos todos los habitantes de este país. Buscar darle la vuelta a esta inicia­tiva que tuvo logros, según los primeros resultados, es perder un tiempo valioso en seguir con la tarea de mejora de ser­vicios, también históricamente poster­gada

.Después de mucho tiempo, desde la car­tera sanitaria se está trabajando en la mejora tangible del servicio y con estra­tegia clave que es la descentralización de la asistencia, principal mecanismo para el acceso inmediato que requiere la ciu­dadanía.

Las grandes obras encaradas apuntan a hospitales de gran nivel, de altísima complejidad, que ayuden a socorrer más eficientemente casos de urgencia, con­sultas especializadas, estudios sensibles, facilidad de cercanía, entre otros facto­res que aspiran a marcar la diferencia y saldar –o al menos reducir– la deuda enorme que arrastra el Estado en este rubro. Por eso, llama poderosamente la atención que estos megaproyectos de gran alcance, modernos y de alta tecno­logía, tengan objeciones que antes no se planteaban ni desde los gremios ni desde la prensa. Al contrario, el ruego por estas inversiones siempre fue la constante.

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El país está experimentado un paso importantísimo con la inversión de USD 500 millones en la construcción de 7 grandes hospitales de alta complejidad, en sitios que antes eran impensables esos proyectos de infraestructura sani­taria.

A los ya inaugurados Gran Hospital del Sur, en Encarnación; como el de Coro­nel Oviedo que cuentan con la autoriza­ción de la Dirección de Establecimientos de Salud y la Superintendencia de Salud, se suman otros con expectativas de cul­minación en 2 años como por ejemplo el Hospital Nacional de Itaugúa, Con­cepción, Curuguaty, Chaco y del Este, que se financian con recursos de Itaipú, mientras que el de Santaní proviene de un crédito del BID y el Gran Hospital de Asunción es un aporte no reembolsable de Taiwán.

En casi ocho meses, el Hospital de Coro­nel Oviedo realizó 160.000 consultas y más de 3.000 cirugías, mientras que el Hospital del Sur atendió 60.000 consul­tas, explicaba en estos días la ministra de Salud Pública, sorprendida por los ataques a los proyectos largamente espe­rados por la ciudadanía.

Es increíble cómo a veces los intereses particulares y/o empresariales –muy bien disfrazados– no escatiman en el tiroteo contra iniciativas que a todas luces están dando respuestas muy positi­vas a la población. Ese es quizás el precio de la libertad y la democracia, solo que antes de colaborar perjudican los traba­jos que son de altísima importancia, en este caso para salud y, por ende, para la vida de las personas.

A las grandes obras se están sumando dotación de equipamientos, recursos humanos, especialistas de primera. Esto en paralelo a ello también se está traba­jando en el mantenimiento de hospitales históricos, como el Nacional de Itauguá y el de Barrio Obrero, y en 100 nuevas Uni­dades de Salud de la Familia que se habi­litarán próximamente.

Todos somos conscientes de la enorme deuda del servicio sanitario, todo lo que se haga en este momento con relación a lo que queda por hacer será incipiente en el proceso de mejora de infraestruc­tura y atención. Sin embargo, sin estos primeros pasos que arrancaron con pro­yectos colosales muestran que este es el camino; no existe otro.

Por décadas hemos escuchado de grandi­locuentes programas y proyectos de for­talecimiento de la salud en el Paraguay, pero no hemos visto erigirse hospitales de manera extensiva. Incluso sabemos de multimillonarios préstamos interna­cionales pero no hemos visto mejorías ni resultados relevantes.

Critiquemos lo que está mal y apoyemos las buenas iniciativas, los números de consultas e intervenciones realizadas con los nuevos proyectos ameritan la fe en las inversiones en curso. Esta reali­dad es el verdadero fortalecimiento, lo demás es verso.

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