Se concretó ayer en Egipto la histó­rica cumbre de paz para el Medio Oriente para poner fin de manera firme la guerra entre Israel y las fuerzas palestinas de Hamás. El encuen­tro para la Paz en Gaza se realizó en la ciudad egipcia de la península del Sinaí, Sharm el-Sheij.

Como pocas veces ha sucedido, el aconte­cimiento político de nivel mundial tuvo la participación de una veintena de man­datarios de Europa, Asia y África, con la única presencia latinoamericana del pre­sidente de Paraguay, Santiago Peña. La asistencia de los representantes de tan­tas naciones tuvo como objeto celebrar el acontecimiento, pero se estima que los líderes se juntaron para estudiar qué se hará a partir de ahora a fin de asegurar la paz en la zona, cómo hacer que se desarme Hamás, cómo lograr la participación pací­fica de Israel para reconstruir esa región devastada por la destrucción y la muerte llamada Gaza.

Algunos analistas consideran que será indispensable en Gaza la presencia de una fuerza militar de estabilización inter­nacional y que esa participación debe hacerse de manera inmediata, porque si no será muy difícil controlar la región que tiene muchos clanes belicosos que poseen armas. La fuerza de estabilización podría estar integrada por Egipto, Turquía y Ara­bia Saudita.

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La presencia de la gran cantidad de man­datarios europeos se ha interpretado como que Europa querrá intervenir en las negociaciones para asegurar la paz y la reconstrucción de esa zona del mundo.

La semana pasada, el presidente fran­cés, Emmanuel Macron, reunió en París a ministros de asuntos exteriores de varios países para analizar el tema de la guerra entre Israel y los palestinos. La idea era ver qué se puede hacer en la zona luego del acuerdo de paz. Como expresó el man­datario francés, el encuentro se debía a “la movilización constante de Francia en favor de una solución política integral, tra­bajando para preparar el ‘día después’”. En el encuentro estuvieron los ministros de Francia, Italia, Alemania, España y el Reino Unido, así como representantes de Egipto, Jordania, Arabia Saudita, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Turquía y la Unión Europea. Ningún representante de Israel fue invitado a la reunión, por lo que se estima que el acuerdo buscaría una pos­tura pro-Palestina y contra Israel.

Por otro lado, el presidente Santiago Peña explicó que su presencia en el encuentro internacional celebrado ayer en Egipto se debió a la invitación del mandatario nor­teamericano Donald Trump, quien está considerado como el gestor indiscutible de la paz que se estableció en Gaza entre Israel y los palestinos, luego de dos años de confrontación sangrienta.

La reunión de primerísimo nivel estuvo integrada por figuras de las principales naciones de Europa y de las zonas afri­cana y asiática involucradas. Estuvieron presentes personalidades como Abdel Fatah al Sisi, presidente de Egipto; Giorgia Meloni, primera ministra de Italia; Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español; Keir Starmer, primer ministro británico; Friedrich Merz, el canciller alemán y el presidente de Francia, Emmanuel Macron. También participaron el presidente de Turquía, el rey de Jordania, el emir de Catar, el primer ministro de Irak, el jefe de gobierno de Pakistán y el rey de Baréin

La asistencia del presidente paraguayo a un acontecimiento de tanta trascenden­cia internacional es relevante y tiene que ser valorada por su importancia política. De ese modo nuestro país se está posicio­nando en el nuevo orden mundial como aliado de Estados Unidos y de Israel, como han señalado algunos legisladores repu­blicanos.

Observar al primer mandatario de nuestro país en primera fila durante la firma del acuerdo en medio de grandes personalida­des de importantes naciones del mundo es significativo y merece ser valorado.

La invitación al presidente paraguayo a la extraordinaria cumbre realizada ayer en Egipto con tantos ilustres participantes es un signo de que el mandatario de los Esta­dos Unidos, Donald Trump, tiene una gran consideración hacia la persona del presi­dente Santiago Peña y que el Paraguay es un país amigo al que aprecia. Esto tiene una gran importancia, ya que ser socio de la mayor potencia del mundo representa no solo un halago, sino un privilegio que puede convertirse en muchas ventajas eco­nómicas y políticas a la hora de las nego­ciaciones, como demuestra la experiencia.

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