Paraguay vuelve a ser un país predecible. Las agencias calificadoras internacionales, que no solamente evalúan indicadores económicos, sino, también, políticos y jurídicos, nos ubican en grado de inversión, lo que significa, en términos técnicos, que el país posee bajo riesgo para el cumplimiento de sus obligaciones financieras, condición que podría provocar mayor confianza para la venida de capital extranjero, al tiempo de reducir el costo de su deuda creando el escenario propicio para un rítmico y sostenido crecimiento socioeconómico.
La buena gestión del presidente de la República, Santiago Peña, después de la catastrófica administración de Mario Abdo Benítez (periodo 2018-2023), es la que nos permite ubicarnos nuevamente en el escenario internacional.
Hasta hoy, a ciencia cierta, no se conoce qué pasó con el préstamo de 1.600 millones de dólares que el gobierno anterior adquirió para, presuntamente, disminuir el impacto de la tragedia provocada por el covid-19.
Tal cosa nunca ocurrió, por lo que no se sabe exactamente el destino de aquel monto sideral, a juzgar por los 20.000 muertos que, como nefasto saldo, dejaron el exmandatario y sus ministros más cercanos, entre ellos, el actual precandidato a la Presidencia de la República Arnoldo Wiens, por aquel tiempo ministro de Obras Públicas y Comunicaciones, quien, precisamente, tenía la misión crucial de construir hospitales provisorios para enfrentar la pandemia.
Actualmente, desde la más descarada impunidad e insultante cinismo, ambos pretenden erigirse en los jueces de la ética y la moral, cuando que en el momento de tener el poder solo se dedicaron a rapiñar al Estado, sin importarles un ápice la suerte del pueblo.
Es más, llegaron incluso al extremo de la miserabilidad más abominable, al lucrar con la salud de la gente humilde y desesperada. Aunque ya lo dijimos en anteriores ocasiones, estamos convencidos de que la repetición continua es el mejor antídoto contra la desmemoria: a Wiens solo le interesaba seguir construyendo rutas, porque el asfalto era el negocio redondo de su patrón Marito.
Y aunque la Justicia está tardando para que estos canallas del erario público paguen por sus crímenes, ya el electorado les demostró su repudio en las elecciones internas del Partido Colorado del 18 de diciembre de 2022. Sobre este punto volveremos constantemente, porque la recta conciencia así nos exige.
Pero, por ahora, dejemos atrás este recuerdo agrio de nuestra historia y, en contrapartida, veamos la otra imagen con que hoy nos observa el mundo. Las proyecciones para el crecimiento económico de nuestro país para los próximos años son sumamente auspiciosas.
Anuncian inequívocamente mejores condiciones y niveles de vida para la gente, preferentemente para quienes hoy se encuentran en la línea de la pobreza o debajo de ella. Por utilizar una frase común: se avanza a pasos firmes, seguros, hacia una meta que las políticas públicas con vocación de Estado hacen predecible, tal como apuntamos al principio. Naturalmente, no estamos exentos de los graves males que afectan a las demás naciones del planeta, sobre todo, en el continente.
Pero sobre esos errores o debilidades se van articulando nuevas estrategias con el fin de superarlas, aunque sin frenar por eso el avance de las demás áreas del Estado.
Estamos acostumbrados a que las corporaciones mediáticas (dos, en realidad) prefieran ignorar los aspectos positivos del actual gobierno, para dedicarse con empecinada terquedad a encontrar basuras que no existen, escarbando hasta en el retrete de la familia presidencial. Obviamente, es lo que más saben hacer y donde más a gusto se sienten.
Así que no es novedad que el diario que se ufana de su pluralismo informativo y de ser el defensor de la libertad de expresión (Abc Color) no publique en tapa la ansiada noticia, en particular, por la afición deportiva, y en general, por nuestro pueblo: “Asunción será sede de los Juegos Panamericanos de Mayores 2031”.
Ese grito –tan eufórico como emotivo– de la delegación paraguaya, cuando se conoció la nominación, fue compartido por todos los ciudadanos de nuestro país. Bueno, todos, en verdad, no. Porque los amargados y pesimistas de siempre, quienes solo ven el vaso medio vacío, se sintieron penosamente frustrados.
Pues hubieran preferido que ganara la sede la otra ciudad en disputa: Niterói, del estado de Río de Janeiro (Brasil). Consumado el hecho a nuestro favor, previsiblemente, ahora procurarán por todos los medios que, para el 2031, algunos de sus aliados políticos del pasado vuelvan al Gobierno para aquella fecha, a razón de que Peña entregará su mandato el 15 de agosto de 2028.
En realidad, para ser sinceros, este es el segundo trago de vinagre que tuvieron que tragarse, porque el primero –y más amargo– fue el levantamiento de las sanciones económicas y comerciales que organismos de Estados Unidos habían impuesto al expresidente Horacio Cartes, en una evidente apuesta del anterior Gobierno norteamericano por forzar la alternancia en el poder.
Algunas anécdotas cuentan que, cuando el chileno Pablo Neruda ganó el Premio Nobel de Literatura 1971, expresó su felicidad desde París con una frase histórica, que representó un grito de guerra en su país: “¡Viva Chile, mierda!”.
A quienes estábamos expectantes de las votaciones para elegir a la sede de los Juegos Panamericanos 2031 nos nació de lo más profundo del alma, como cuando nos clasificamos para el Mundial de Fútbol 2026: “¡Viva Paraguay, carajo!”. Que la politiquería barata y la mezquindad nunca maten nuestros sueños y alegrías.

