Cuando hace un año atrás nuestro país recibió por primera vez en su historia el grado de inversión (investment grade) por parte de la calificadora internacional Moody´s, debido al exitoso trabajo realizado desde hace tiempo y consolidado por el gobierno del presidente Santiago Peña mediante cambios que iban transformando la economía y a sus instituciones, no teníamos dudas que luego vendría otro examen a pasar.
Es lo que está por suceder. En esta ocasión, la calificadora Fitch Ratings anunció días atrás sobre la mejora de la perspectiva de nuestro país que pasó de estable a positiva: se está a un paso de lograr otro grado de inversión.
Como sabemos, las calificadoras de riesgos realizan un exhaustivo análisis de la capacidad crediticia de un emisor para cumplir con sus obligaciones de deudas y más que esto. Las calificadores de riesgo, entre las que se encuentran la Moody´s, la Standard & Poor´s y la Fitch Ratings, no solo toman en cuenta el contexto macroeconómico. Van más allá.
Es cierto que la estabilidad monetaria, la sostenibilidad fiscal son importantes por cuanto que se relacionan a la capacidad de pago en tiempo y forma, el nivel de deuda, las tasas de interés y de su sostenibilidad en el tiempo. Pero, –y he aquí lo importante– también se toman en cuenta elementos como el crecimiento económico, la estabilidad política y las reformas estructurales en el presente y en el futuro inmediato. ¿Es el Estado un facilitador de la iniciativa privada o un freno para la inversión a corto y largo plazo?
Como se notará, el arco de análisis y de resultados es mucho más amplio de lo que algunos creen. El ardid populista e ignorante de la “oposición” está enceguecida prefiriendo el daño antes que colaborar con críticas constructivas.
Lo que dicen las calificadoras de nivel internacional acerca de nuestro país se relaciona con la economía de la gente. De hecho, la economía no puede ser analizada sin ese contexto, caso contrario no sería economía, sería en todo caso un discurso para mal informar y crear descontento. El hecho cierto de encontrarnos a un solo paso de otro grado de inversión, primero por la Moody’s y próximamente y ojalá pronto por la Fitch Ratings, es un logro de beneficios para la gente. Así, cuando la Fitch Ratings anuncia que Paraguay se posiciona de estable a positiva, lo que se está diciendo es que como país –conformada por sus habitantes– estamos siendo considerados a escala global.
Es contar con un distintivo que pocos tienen, esto es; finanzas sanas, crecimiento del producto interno bruto, aumento de las inversiones, fortaleza de nuestra moneda el guaraní, empleos en varios sectores productivos, reducción del déficit fiscal, programas de reformas ( como las diez leyes presentadas por el Ejecutivo al Congreso y aprobadas) etcétera.
Significa, igualmente, dos cuestiones. En primer lugar, que los análisis internacionales como los provenientes de las citadas calificadoras de riesgo, consideran que como país ofrecemos políticas no solo creíbles sino también sostenibles en el tiempo. Y en segundo lugar, que Paraguay tiene un privilegio que no fue otorgado como regalo o dádiva; es un privilegio merecidamente ganado. Estamos en condiciones de decir a propios y extraños que aquí pueden venir a invertir e ir creando puestos de trabajo sin ser molestados por burocracias asfixiantes e impuestos confiscatorios como ocurre en otros partes.
Estas dos cuestiones afectan directa e indirectamente al sector privado. Una empresa paraguaya que decida crecer tendrá certidumbre del escenario político económico y conseguirá recursos accesibles a nivel de mercado interno como externo, dado que los requisitos de financiamiento (intereses, garantías y plazos) tomarán en cuenta desde el vamos la credibilidad del mismo gobierno.
Esto, finalmente, nos lleva a lo que se llama marca país, que todos desean y pocos logran. Y si bien la marca país implica estrategia de marketing y comunicación, también se trata de ganarse reputación, estima y consideración de otros por las acciones correctas porque se generan confianza, valor y credibilidad. Esto no es poca cosa como los agoreros del pasado consideran. Es mucho, y no solo por lo que significa para la población, sino porque lo hicimos los paraguayos. Esta es la verdad que se trata de esconder cuando vamos avanzando hacia otro grado de inversión.

