Un hecho extraordinario tiene como escenario a nuestro país en estos días. Por vez primera, el Paraguay forma parte del calendario mundial del World Rally Championship, lo que se traduce en que lo más granado y la élite del automovilismo mundial están presentes en tierras guaraníes, compitiendo por ser el mejor.

Este hecho sin precedentes, el de integrar por primera vez el calendario oficial del Campeonato Mundial de Rally, posiciona al país en un nivel de visibilidad de alcance global que no tiene parangón, equiparándolo con fechas o sedes históricas como el Rally de Montecarlo, el de Cerdeña o el de Finlandia, que se llevó a cabo recientemente en este país escandinavo.

Pero vale la pena recordar cómo este acontecimiento fue posible traerlo a nuestra tierra. El Paraguay es un país identificado con los fierros, donde el deporte tuerca vibra y tiene un arraigo fenomenal, cuna de grandes talentos que fueron orgullo no solo a nivel local, sino también en los grandes circuitos de Rally a nivel regional y mundial.

Sus fechas del campeonato local son además concurridas y muy conocidas en la región, incluyendo al ya legendario Transchaco Rally, el evento tuerca por excelencia del Paraguay.

Pero pese a los títulos, a los grandes eventos como el raid chaqueño, nuestro país no estaba en el radar de los grandes acontecimientos de este deporte. Sin embargo, la visión del gobierno de Santiago Peña, cuyo rol fue fundamental para atraer esta fecha al país por los próximos 3 años, fue clave para llevar adelante esto que ahora es un sueño hecho realidad y que se desarrolla por los desafiantes y sinuosos caminos de la tierra roja de Itapúa.

De hecho, tanto desde la organización del WRC, así como de la Federación Internacional del Automovilismo (FIA) destacaron el papel fundamental del mandatario en dar impulso a esta iniciativa, que no solo es un evento deportivo, sino una verdadera vitrina para mostrar la capacidad organizativa de los paraguayos, su incomparable hospitalidad, ese don único de hacer sentir al extranjero como si estuviera en su propia casa.

Pero la magnitud de este evento excede lo deportivo, su impacto va más allá no solo porque equipara a los prometedores pilotos paraguayos con la élite del rally, sino que tiene un efecto derrame en prácticamente todos los ámbitos.

El rally del Paraguay activa –valga la expresión tuerca– el motor económico que tiene enormes efectos en áreas como el turismo, el comercio, la hotelería o la gastronomía, especialmente de la zona de Itapúa, donde se concentran las etapas de esta fecha, y que se verán favorecidas en sus ingresos.

Más allá del deporte, la actividad representa un imán para la llegada de visitantes desde la Argentina, el Brasil o Chile (el otro país de la región que recibirá la fiesta del WRC) además de promover el comercio y la proyección internacional que tendrá el país durante los días de competencia.

Esto quizás sea lo más importante: la repercusión y la divulgación global. Paraguay es y será noticia por la organización, por la calidad de su gente, por acoger con altura un evento de enorme relevancia y porque Paraguay se viste de fiesta para recibir a los mejores pilotos y los equipos más laureados durante cuatro días de competencia.

Ya en la apertura oficial del WRC, el pasado jueves en Encarnación, las autoridades del evento quedaron prendados con la organización local y con la seriedad que se encaró este acontecimiento.

Así lo hizo saber al público paraguayo presente en el Sambódromo encarnaceno, Jona Siebel, quien es director general promotor del WRC. “Son un país fantástico” le decía al público y al presidente Peña y que esta fecha será “el comienzo de algo mágico” que esperan pueda perdurar en el tiempo.

Es por eso que el rugir de los motores por la tierra roja guaraní no solo representa la competencia: es la señal incuestionable de que el Paraguay está abierto a la élite mundial, mostrando que puede estar a la altura de los grandes escenarios del deporte.

El desembarco del WRC en Paraguay marca un hito histórico que pone al país a la altura del automovilismo mundial. Más que una competencia, más que pruebas especiales o tramos cronometrados, representa un escaparate internacional que potencia su imagen y reafirma su capacidad de estar a la altura de los megaeventos.

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