Directivos del gremio de las empresas dedicadas a la cons­trucción han señalado que uno de los golpes más grandes que han recibido últimamente es que el Estado no les paga por los trabajos reali­zados. Según el presidente de la Cámara Vial Paraguaya (Cavialpa), Paul Sarubbi, la suma está en alrededor de 400 millo­nes de dólares, lo que está haciendo zozo­brar a muchas empresas, porque tienen que prestar plata de los bancos, con inte­reses y comisiones, para hacer frente a sus erogaciones de funcionamiento. Y lo peor es que este golpe ha caído con mayor dureza sobre la población más vulnera­ble, los trabajadores del sector. Según cifras de la Cámara Paraguaya de la Cons­trucción (Capaco), cerca de 40 mil obre­ros ya perdieron sus puestos de trabajo este año debido a los retrasos en pagos de obras públicas y que los números podrían subir.

Debido a que los manejos desprolijos del Ministerio de Obras Públicas y Comuni­caciones (MOPC), con anuencia del Presi­dente, que iniciaba los contratos sin tener dinero ni posibilidad de conseguirlo, no se sabe cuándo se podrán cumplir esos pagos. El Ministerio de Hacienda está buscando de dónde hacer nuevos prés­tamos y aumentar la deuda pública para cumplir con esas obligaciones.

La explicación del gran débito del Gobierno con las constructoras es simple: se realizaban los trabajos viales sin saber de dónde sacar los recursos monetarios con qué financiarlos. Debido a la poca seriedad administrativa del entonces ministro del MOPC, hoy precandidato a la Presidencia por Fuerza Republicana, Arnoldo Wiens, quien está pidiendo votos para su causa. Por eso hay que resaltar que esa enorme deuda, fruto del desarre­glo burocrático, tiene un responsable, y la lamentable situación de los miles de tra­bajadores de la construcción sin contrato ni salario tiene un culpable bien definido.

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Pero, así como hay numerosas empresas de la construcción que viven el drama del endeudamiento del Estado por las cons­trucciones, hay algunas que han aumen­tado enormemente sus ganancias y su patrimonio. Que es el caso de la firma Aldia SA, importadora de cemento asfál­tico que provee del insumo a las cons­tructoras viales, de la que el presidente Mario Abdo Benítez ha declarado ser accionista.

Esta entidad facturó por 23.515 millo­nes de guaraníes en el 2018, año en que asumió a la Presidencia de la República el señor Abdo. Apenas tres años después, en el 2021, sus facturaciones ascendie­ron a 127.206 millones de guaraníes. Esto representa un aumento de 440,9%, lo que habla con elocuencia del excelente nego­cio realizado por la empresa vinculada al primer mandatario durante los prime­ros años de su gestión. Por lo que se puede decir que el trabajo de Wiens en el MOPC tenía y tiene entre sus principales bene­ficiarios nada menos que a la empresa del entonces jefe suyo, el presidente de la República. No hace falta ser mal pensado para concluir que Mario Abdo tiene moti­vos importantes para apoyar a Arnoldo Wiens en el camino a la Presidencia. No se discute la capacidad técnica del candi­dato, sino la gran afinidad sentimental, no desprovista de sabor crematístico, con el jefe de Fuerza Republicana.

El problema monetario sigue siendo una de las principales dificultades, pues para hacer los pagos hay que incrementar más aún la deuda pública, tema en que la administración Abdo se ha distinguido. En sus pocos años de gobierno, es el que más ha endeudado a la República del Paraguay, y que más ha comprometido sus finanzas.

En diciembre del 2018, la deuda pública era de 7.605 millones de dólares. En octu­bre de este año llegó a 14.876,5 millo­nes de dólares, un aumento del 95,6% en casi cuatro años, uno de los princi­pales récords alcanzados por el actual gobierno, que ha sido capaz de poner la soga del endeudamiento a la nación como ningún otro gobierno lo ha hecho en la historia.

Teniendo en cuenta todos estos hechos y los manejos de la actual administración, es un acto de responsabilidad poner de resalto los desarreglos de Abdo como pre­sidente a pocos días de las internas colo­radas. Los votantes republicanos tienen que tener muy claras las desprolijidades mencionadas para ver a quién conviene poner como candidato a presidente de la República y a quién hay que desplazarlo.

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