El presidente y vicepresidente de la República fueron electos para gobernar y cumplir con la promesa de mejorar las condiciones de vida de los paraguayos y paraguayas, sin embargo, a mitad de su mandato en la agenda cobran más fuerza los discursos y las campañas proselitistas que sus actividades oficiales. La falta de liderazgo que desde el inicio de su mandato se le cuestionó al presidente de la República, Mario Abdo Benítez, además de diseminar efectos muy negativos de corrupción en el país, sugiere hoy un barco a la deriva debido a que las prioridades se concentran en los intereses políticos particulares.

Producto de esa falta de liderazgo, según coincidieron varios parlamentarios, se han descuidado instituciones claves en directa relación con el Presidente y se convirtieron en centros de escándalos de corrupción como ocurrió en Salud Pública, Dinac, Petropar, etc. Al año de una cruel pandemia que generó una de las peores crisis sanitarias, este gobierno no ha dado mayores muestras de haber recapacitado y dedicarse a la gente, tal como dice su slogan.

Mientras el Presidente y el vicepresidente Hugo Velázquez pierden el valioso tiempo de mandato en discursos políticos desafiantes o más promesas futuristas, las amenazas de una nueva ola de crisis sanitaria se asoma con más fuerza. Esto en un contexto en el que los índices de pobreza están en repunte, los recursos del Estado que se ven perjudicados con funcionarios que matan horas de trabajo tras hurras electoralistas, etc.

El sueldo que perciben ambos es para gobernar, cumplir con sus respectivas funciones, misión que obviamente además de dedicación requiere autoridad moral, valor que en este gobierno no ha tenido mucha trascendencia.

Velázquez hoy es un candidato a quien se le olvidó que tiene obligaciones con la ciudadanía. La agenda está marcada por tours políticos con arreo de funcionarios públicos a quienes se los ve tras las metas electorales antes que servir a los contribuyentes por los jugosos salarios que por cierto perciben.

El presidente Mario Abdo Benítez juega a “divertirse” en las próximas elecciones para la Junta de Gobierno al tiempo que, tras bambalinas redirecciona la estructura del Estado a favor del proselitismo que hace su segundo, de no ser así es inconcebible que los ministros del Poder Ejecutivo se ocupen de asistir, recorrer, prometer y hasta promocionar la candidatura de Velázquez.

“Un año más de fracaso”, lamentaba en estos días un senador en un recuento sobre las principales miserias que azotan al país. Los índices de pobreza están en ascenso. Los economistas avisan del aumento del 2,3 puntos porcentuales, es decir, de un 26,9% del 2020 subiría a un 29,2% al cierre de este año.

Los contagios del covid-19 están en un fluido ascenso que no bajaron de los 100 en la última semana. Sin embargo, los hospitales siguen sin fortalecerse lo que no estima mejores resultados en las asistencias sanitarias. La nueva variante encendió las alarmas a nivel mundial, en Paraguay solo los medios de comunicación muestran preocupación e intentan informar sobre la situación.

Ni hablar de la ola de inseguridad reinante en un ambiente en el que el hambre y la miseria castiga a miles de familias, elementos que muchos marginales utilizan para argumentar sus fechorías. Estas son prioridades que merecen atención y solución, pero que no se notan en la agenda del actual Gobierno, que últimamente está en proceso de visitas al interior para impulsar candidatura del 2023, no para dar solución a los problemas de siempre.

Los mandatarios deben asumir las responsabilidades que les compete y trabajar en presente, no en futuro con reiteradas promesas electorales. Los parlamentarios debieran también ser más celosos en controlar las acciones del Ejecutivo y aplicar las medidas políticas como legislativas que correspondan para tratar que las cabezas al menos cumplan en honrar sus salarios ya que se han desatinado de lo que urge a la sociedad.

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