Empieza un año nuevo y nada indica que el pano­rama covid instalado el año pasado habrá de modifi­carse radicalmente. Sí se aguarda que la gravedad de su expansión pueda ir refrendándose mediante la inmuni­zación de las personas toda vez que las vacunas cuenten con la eficiencia esperada.

En concreto, si el año concluido fue el año de impacto covid, éste deberá ser el de la convivencia, ya que no pode­mos esperar que el mal desaparezca como por arte de magia solamente por el cambio de ciclo anual o por la inoculación de las vacunas, más aún teniendo en cuenta que no alcanzará a la totalidad de la población.

Esta “convivencia covid” deberá aprender lecciones del año pasado, lecciones claves, como por ejemplo: el Estado no es niñero de nadie, la res­ponsabilidad individual de las perso­nas es fundamental para evitar que el mal se propague; deberá generarse un gran esfuerzo para evitar que sigan existiendo “brotes de corrupción” en el aparato público a consecuencia de la apetencia delincuencial de varios de este sector y sus cómplices en el mundo privado. Es clave que se con­soliden los avances en el sector de la salud en términos de equipamientos (al menos los que se pudieron insta­lar) porque la pandemia debía ser –de hecho– una oportunidad para mejo­rar nuestra estructura de salud.

En materia de educación debe avan­zarse con un aprendizaje clave: el año que culminó sólo arroja un saldo de insatisfacción con la operación de las autoridades del sector. En este ámbito lo que no existe es confianza, lo cual es devastador para cual­quier llamado a la acción en un sec­tor determinante como es la educa­ción. Esta cartera tendrá sobre sus hombros este año la difícil tarea de reconstruir la educación sobre los escombros covid y obviamente a la ausencia de talento de las autorida­des sectoriales habría que suplir con un alto nivel de acompañamiento y control.

El Congreso debería formar una comisión especial que trabaje el tema de la educación en esta etapa crítica de manera que las secuelas de la mala calidad de la educación no dejen con­secuencias en el futuro de los niños y jóvenes principalmente. El testimo­nio de algunos jóvenes egresados fue contundente al describir cómo fue, el qué pasó, un año despojado de todo sistema, todo rigor y librado al azar en materia de construcción pedagógica.

En este año de convivencia con el covid se desarrollarán también las elecciones municipales. En este orden será importante exigir que las postulaciones representen una idea de desarrollo para sus comuni­dades aparte de la simple intención política. Los municipios necesitan avanzar, salir de situaciones de pos­tergación que eran propias del siglo XIX en algunos casos, como la ausen­cia de una mínima infraestructura de servicios sanitarios. Para que los municipios se proyecten necesitan de buenos liderazgos y para lograrlo se requiere que exista un gran con­curso de talentos y que se impon­gan las mejores ideas a bordo de las personas más probas y capaces. Será imperdonable que en el 2021, de nuevo, se cometa el error de elegir malas autoridades que se derrum­ben bajo el peso de la corrupción o la ausencia de creatividad para mejorar sus comunidades.

El 2021 será igual en términos de inci­dencia del covid (con la diferencia de la vacuna abriendo caminos de inmu­nidad) pero deberá ser muy distintos en el recupero de la normalidad por­que ya hemos aprendido las lecciones del 2020 (al menos eso esperamos) y debemos obrar en consecuencia.

Finalmente, será inteligente que consideremos al 2020 como un año de lecciones y no nos refugiemos en la facilista expresión: “año para olvidar”. Y esto debe ser así porque muchas veces los años que se olvidan tienden a repetirse. Nada que olvi­dar: el 2020 fue un año para aprender todo aquello que no queremos que se vuelva a replicar.

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