A esta altura del año las miradas se centran en las previsiones para el 2021. Paraguay se ubica en el tercer mejor lugar en cuanto a caída y primero en cuanto al rebote de su economía en la región, unos puntos por encima de Brasil y muy distante por encima de Argentina, las dos economías que por su cercanía influyen en la nuestra, por cierto, cada vez menos. Se agrega que el Banco Central del Paraguay oficializó días atrás que la retracción económica de nuestro país al cierre de este año será solamente del -1,0% y no del -1,5% de nuestro producto interno bruto como proyectada hasta hace poco este mismo organismo y que para el fin del próximo año el crecimiento será del orden del 4%. Las noticias en esta área no pueden ser mejores si consideramos los fuertes embates que asolan a las economías de otros países, pero surgen las pregunta: ¿Qué hacemos con todo lo que nos deje esa mejora de la economía? ¿Cuáles deberán ser las prioridades del gasto público?

Entonces, el caracú de la situación es, ¿dónde pondremos el foco en el 2021 en materia de bienestar para la población del Paraguay? Para una amplia mayoría la respuesta cae de maduro porque la presencia del coronavirus que nos enferma con el covid-19 todavía permanecerá por un buen tiempo entre nosotros y, si bien la llegada de la vacuna aumenta las expectativas de mejora de la situación, también se conoce con certeza que es posible reinfectarse con el virus.

La salud de las personas fue en este año la prioridad de los Estados, junto con evitar la caída de la economía. El próximo año, pese a las buenas previsiones económicas, se mantendrá el virus en el ambiente. Por tanto, la prioridad del Gobierno debe continuar siendo la salud de la gente.

Si bien las expectativas de una mejora sustancial del sistema de salud no se cumplieron, como se preveía con la llegada de la pandemia, el Gobierno tiene el próximo año una nueva oportunidad para ponerse a la altura de la situación. Si bien no todo está perdido, aún hay mucho por perderse si desde el Ejecutivo y desde las autoridades regentes de la salud pública no llevan al plano de la realidad en tiempo y forma las reformas de nuestro paupérrimo sistema sanitario.

Hace unas cuantas semanas atrás, el ex presidente del Banco Central del Paraguay, Carlos Fernández Valdovinos, reflexionaba sobre el tema de la economía y la salud de nuestro pueblo. Con acierto señalaba que, si bien Paraguay va a estar mejor que otras economías de la región, la prioridad en lo que resta de este 2020 y por sobre todo en el 2021 debe ser la salud pública, para luego atacar los problemas estructurales ya existentes que provienen de un deficitario sistema de salud mismo, al igual que educación, infraestructura y demás ámbitos.

Para que surta efecto lo señalado en párrafos anteriores, se impone que el gasto público sea eficiente y enfocado en las necesidades prioritarias que tiene el país. El crecimiento de la economía paraguaya es vital, como lo es la vida de sus habitantes. Sobre este equilibrio se deben mover los objetivos del Ejecutivo.

El ministro de Hacienda, Óscar Llamosas, asegura que el inflado Presupuesto General de la Nación 2021 es manejable, pese a ser rígido a raíz de las modificaciones introducidas por senadores y diputados al incrementar los montos de gastos que no puede evadir el Ejecutivo, como aumento de salarios, entre otras perlas, con lo cual queda un escaso espacio de maniobra en las arcas del Estado en caso de tenerse que enfrentar a un nuevo imprevisto, como una segunda o tercera ola en la pandemia antes de que llegue la vacuna a Paraguay e incluso después, porque este virus aún es impredecible. Con mucha esperanza esperamos ver la cintura del ministro de Hacienda para moverse con el poco dinero para inversiones públicas y que la salud esté primero en el 2021.

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