A la luz de los últimos números sobre los casos de contagio y fallecimientos por causa del coronavirus “el país está entrando a una zona de riesgo y de altísima exigencia del sistema de salud”, tal como fue la apreciación en las últimas horas de las autoridades del Ministerio de Salud. De ahí que se haya extendido la cuarentena social en fase 3 hasta el próximo 20 de setiembre en Asunción y el departamento Central, Caaguazú y Concepción, en tanto que en Alto Paraná se mantiene la fase 0.5. El resto del país se mantiene en las fases en las que actualmente está cada departamento, pero, por supuesto, con la posibilidad de ser revisado su estatus si la gravedad de la situación en cada ciudad así lo requiere. Definitivamente, esta guerra contra el covid-19 ningún país la ganó en el terreno de las Unidades de Terapia Intensiva (UTI), sino todo lo contrario. “Las guerras, todas las guerras, son horribles”, decía Virgilio (siglo I AC) como el personaje que guía al autor de la “Divina Comedia”, Dante Alighieri, a través del infierno, y esta guerra que libramos contra el coronavirus la debemos ganar afuera de los hospitales, caso contrario puede dejar arrasado al país y su economía.

Cuanto más tiempo permanezca viva esta emergencia, mayor será el deterioro de nuestra economía, crecerá la cantidad de desempleados y de empresas al filo de la quiebra o sumergidas en ella y, por ende, la pobreza también se expandirá. Los recursos del Estado serán aún más escasos para sobrellevar los gastos sanitarios que demanda la atención a los pacientes contagiados con el coronavirus, como exiguos serán los proyectos de desarrollo y ayuda social.

Si bien en mayo la economía inició una leve recuperación luego de varios meses de contracción económica, esto hasta ahora no es más que un chispazo en el túnel. Lo peor aún no pasó, nuevos indicadores advierten que persiste una debilidad en la recuperación, se volvió a ver un menor dinamismo, por una caída en la demanda, que ante los anuncios de un recrudecimiento de los casos de contagio del coronavirus ponen freno a la dinámica comercial. La caída del empleo, de los ingresos y la actitud cauta de los consumidores y las empresas anuncian que en el segundo semestre de este 2020 todavía se mantendrá débil el consumo.

Al bajo índice de confianza del consumidor, se suma la caída del ingreso de divisas en concepto de remesas familiares. En el acumulado de enero a julio, se sigue observando una reducción de poco menos de 58 millones de dólares, lo cual representa una variación negativa de aproximadamente 18%. Esta situación es preocupante, puesto que para muchas familias las remesas son vitales para el sustento diario. Menos remesas es igual a mayor pobreza y esto equivale a menor movimiento económico.

Como en toda guerra, los recursos se vuelven cada vez más escasos, más todavía ante la elevada circulación viral y el aumento de los casos de contagio del virus, que demanda también mayores gastos del Estado para darle continuidad a los programas de subsidios, como Pytyvõ y Ñangareko, a fin de proveer un sustento vital a la población más vulnerable. Todo esto a su vez significa menos ingresos para las empresas.

Las próximas seis semanas, como mínimo, según las autoridades de Salud, debemos extremar los cuidados para no contagiarnos, ya que es muy elevada la circulación viral. Las personas que puedan deberían teletrabajar desde sus hogares, quienes decidan o tengan que salir a realizar sus tareas deben hacerlo con responsabilidad manteniendo los cuidados necesarios para evitar contagiarse y contagiar.

Paraguay necesita que todos sus habitantes extremen las medidas de cuidado personal para evitar contagiarse del virus porque ante un escenario adverso e incierto como el actual, la única salida posible es que nuestras acciones sean empáticas para minimizar el contagio y dar oportunidad a una pronta recuperación económica.

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