Entre tantas informaciones negativas que son atribuibles a los efectos de la pandemia, sur­gen algunos indicios de que, a pesar de todo, las cosas pueden ir mejo­rando en la medida que se vaya norma­lizando la vida gracias al esfuerzo de la gente. Al mismo tiempo que el país se ve sacudido por el aumento explosivo de contagios y muertes por el coronavi­rus, es posible divisar algunos hechos que cuando vayan creciendo tendrán un efecto positivo en la vida del país.

Mientras tanto lo que siente y piensa gran parte de la gente está signada por el pesi­mismo y la preocupación. Eso es lo que puede apreciarse en las recientes encues­tas del Banco Central del Paraguay (BCP) que miden la confianza del consumidor y las expectativas que se tienen sobre el des­envolvimiento económico, según datos de julio último.

El Índice de Confianza del Consumi­dor (ICC) bajó a 42,4 en julio del 46,4 que estaba en junio y se sitúa cerca de los números obtenidos en abril, que fue el más bajo. En junio había mejorado un tanto la confianza con relación a los otros meses del segundo trimestre del año.

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El Índice de Situación Económica (ISE), que es un componente del ICC, también se redujo en julio, pues llegó a 22,7 de 25,0 que había alcanzado en junio. En tanto que el Índice de Expectativas Económicas (IEE) bajó de 67,9 en junio a 62,5 en julio, aunque se mantiene en la zona de optimismo.

También se observó una mejora creciente desde mayo en la predisposición de los agentes económicos para realizar compras de algunos bienes durables, como elec­trodomésticos y casas, aunque los niveles siguen por debajo de los que se tenían antes de la pandemia.

Otro detalle que no se puede dejar de seña­lar es que los agentes económicos estiman este mes que la caída del PIB sería leve­mente menor (-3,4 %) para este año compa­rado con lo que habían señalado en el mes anterior cuando la tasaban en -3,5%, según el informe reciente de las Expectativas de Variables Económicas (EVE) del BCP.

Otro de los puntos desfavorables que se observa en el escenario económico actual es que en apenas cinco meses se llegó a endeudar al país tan fuertemente, que se ha alcanzado el 30,7% del PIB, porcen­taje estimado como peligroso para futuras contrataciones de préstamos o emisión de bonos de la deuda. Por eso no se ven con buenos ojos las propuestas gubernamenta­les de gestionar nuevas deudas para finan­ciar su falta de liquidez. Dentro de esta coyuntura con signos negativos, hay un dato que no se puede dejar de considerar: las recaudaciones fiscales están mejorando en forma paulatina, como signo de que la economía se está restableciendo.

El viceministro de Tributación señaló que en la primera quincena de este mes se ha recaudado un 30% más de lo que se había percibido en igual período de agosto del año pasado. Comentando este fenómeno, aseguró que en este agosto se van a supe­rar fuertemente los niveles de similar mes del año pasado, porque la Subsecretaría de Estado de Tributación está recuperando las recaudaciones que habían caído en abril y mayo, que fueron los meses con mayores derrumbes en la percepción de impuestos.

El funcionario no ocultó su satisfacción y expresó: “Esto es realmente alentador. Nos pone muy contentos, porque la recauda­ción es el primer indicador o el primer indi­cio de cómo se encuentra la economía en general”. Lo señalado por el viceministro es fundamental, porque uno de los signos más elocuentes de la marcha de una econo­mía es el nivel de sus percepciones fiscales, sobre todo en un país como el nuestro en que la recaudación de los principales tri­butos sube o baja según el nivel de las tran­sacciones comerciales, como es el caso del Impuesto al Valor Agregado (IVA).

Teniendo en cuenta el crecimiento de la cantidad de víctimas del mal que golpea a la sociedad de una manera dolorosa, no es posible vislumbrar una rápida reactiva­ción, como podría haber ocurrido en tiem­pos de normalidad. A pesar de esa dramá­tica situación, la reapertura del encierro total y el crecimiento paulatino de la activi­dad económica son esperanzadores porque constituyen la única respuesta razonable a la tragedia que se está viviendo.

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