El Paraguay, como toda sociedad que fue perdiendo su identidad cultural, se ha ido despojando de actitudes que le eran proverbiales y que marcaban “la forma de ser” de sus habitantes, entre ellas la relación de admiración hacia sus mayores.
Mientras para la imponente cultura oriental que no deja de prosperar pese a su longevidad las personas mayores son la representación de quienes deben pensar el futuro, en muchas de nuestras sociedades ellas han sido casi desechadas de la agenda de interés por una mal entendida concepción de las ideas de renovación generacional.
El covid ha puesto en evidencia este momento que viven los adultos mayores, ausentes de toda proyección, acosados por la irresponsabilidad de un entorno que en su gran mayoría no piensa en las implicancias que tiene el irrespeto a las normas sanitarias con la sobrevivencia de este segmento. En resumen, hablando en sencillo: el resto de la sociedad no está viendo ni percibiendo lo importante que es para la vida de los adultos mayores que las generaciones más jóvenes respeten la vulnerabilidad ante el covid-19 y actúen en consecuencia.
Es triste observarlo con cierto ojo crítico y solo queda pensar que es mucho más fruto de la ignorancia irresponsable que de la mala voluntad pero –en rigor– no se dimensiona el daño que se puede ocasionar a los adultos mayores con los que se convive llevando una vida por fuera de los parámetros de precaución contra el contagio.
Todos los días las estadísticas arrojan una creciente verdad: personas de tercera edad que se despiden mucho más pronto que lo que “la prodigiosa civilización” actual le permitió vivir y ello en gran medida tiene relación con el hecho que en las familias (a las que pertenecen) no se establecieron contrafuegos para que el coronavirus no ingrese.
Puede que sea un dato irrelevante para muchos, incluso una cuestión casi lírica, pero las sociedades que son ingratas con sus mayores terminan sumidas en la desorientación de quienes perdieron su norte identitario.
Lamentablemente el sistema de salud pública en Paraguay es tan deficitario que no se le ha ocurrido –como muchas otras cosas– el desarrollar una campaña educativa para que en los hogares se resguarden a los adultos mayores en la actual contingencia que se vive, lo que lleva a concluir que para el propio Estado esta franja etaria no es ninguna prioridad.
De nada sirven los buenos discursos, la poesía de una frase amable expresada a padres y abuelos si en la práctica no existe una mínima conciencia de custodiarlos para que no se enfermen en estos tiempos covid.

