Una de las más difíciles tareas que deberá encarar el Gobierno de aquí a fin de año es conseguir los recur­sos financieros para hacer frente a los mayores gastos que imponen las nece­sidades provocadas por la pandemia. Ya se prevé que se gastará mucho más de lo que se va a recaudar, por lo que se cal­cula más endeudamiento. Pero debido al fuerte crecimiento de la deuda pública, con todo lo que ello implica para la esta­bilidad fiscal, la pregunta es si conviene que el Estado siga contratando prés­tamos como único mecanismo para hacer frente a la desesperada coyuntura actual.

Por de pronto, lo más recomendable, de acuerdo a la opinión de los entendidos, es no endeudarse más en lo que va de este año por sus implicancias nocivas en el equilibrio de las finanzas del país.

En el lanzamiento del plan de reacti­vación, el ministro de Hacienda había mencionado que para cubrir los gastos que demandaría, se necesitarían nue­vos préstamos por valor de 350 millones de dólares este año, cifra que después se reconoció que sería mayor. En otras palabras, si el país quiere hacer las inver­siones necesarias para mover la maqui­naria que ayude a la recuperación eco­nómica y cubrir las necesidades sociales más urgentes, no tiene otra opción que incurrir en otro nuevo empréstito.

Algunos economistas han llamado la atención sobre el fuerte endeudamiento y la escasa capacidad de pago del país porque más que medir la deuda con rela­ción al Producto Interno Bruto (PIB), hay que considerar si puede pagarla con las recaudaciones que tiene. Si los niveles de ingresos solo cubren los gas­tos corrientes, ya no hay dinero para la deuda. Y si los ingresos no son suficien­tes ni para solventar los salarios estata­les, como se teme que podría ocurrir este año, el panorama es mucho más deli­cado.

Dos ex importantes funcionarios del área económica han señalado que no es recomendable que el Gobierno se endeude este año con los 350 millones de dólares como tiene previsto porque no hay ni un plan fiscal para saber cómo se pagarán los nuevos compromisos. Esto, aparte de que tomando nuevos crédi­tos se dejará una herencia muy pesada a las futuras generaciones, que son las que deberán pagarla.

Como dijo el ex ministro de Hacienda Santiago Peña, si no mejoramos nuestro manejo macroeconómico, en el futuro el país va a perder todo lo que había conse­guido en los últimos años, como la buena calificación de riesgo, tasas de interés bajas cuando emite bonos en los merca­dos internacionales. Señaló que no con­viene que se contrate este año una nueva deuda, como los 350 millones de dólares que está previendo el Gobierno, sino más bien en el 2021.

El ex presidente del Banco Central del Paraguay (BCP) Carlos Fernán­dez Valdovinos sostuvo que el nuevo préstamo de 350 millones de dólares, que quiere hacer este año el Gobierno, debe incluirlo en el presupuesto esta­tal del año que viene. No cree que en estos momentos estén dadas las con­diciones para sumar una nueva deuda. Recomienda como un camino más via­ble incluirlo para el año que viene en la cuenta fiscal. Enfatizó que la ley del presupuesto estatal para el 2021 será de gran importancia, sobre todo teniendo en cuenta la situación económica y social, pues si cae en manos de los polí­ticos populistas sería muy peligroso para el país porque podrían destrozarla. Afirmó que en momentos como los que vivimos, con muchas necesidades, existe el peligro de que se apruebe un plan de gastos inadecuado, por lo que insistió en que debe ser bien encaminado.

El Gobierno se encuentra en estos momentos sin recursos suficientes para encarar algunas de sus propuestas en el plan de reactivación. Y eso le impulsa a querer contratar nuevos préstamos sin hacer otras consideraciones que aten­der la necesidad del momento, sin mirar más allá. Tiene que tener cuidado en esa materia porque está entrando en un camino peligroso que podría echar por tierra todo lo que se ha conseguido para obtener el equilibrio fiscal. La prudencia recomendada por los expertos es la con­ducta más adecuada y debe ponerla en práctica. Pero al mismo tiempo tiene que comenzar a recortar sus gastos corrien­tes con urgencia para enfrentar sus necesidades sin endeudarse todavía más.

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