Voceros del Gobierno seña­laron en reiteradas ocasio­nes que con el plan de reacti­vación se quieren hacer bien las cosas para lograr una convergencia fiscal que permita generar mayor con­fianza. Se pretende que el sector privado no se deje ganar por la incertidumbre y, de ese modo, pueda realizar inversio­nes para articular la recuperación de la economía. Parte de la premisa acertada de que sin la confianza y la participación de las empresas no se podrá sobrellevar este momento de crisis y menos levantar cabeza.

El silogismo es muy simple: si queremos recuperar la economía de la situación de postración, necesitamos inversiones, y si queremos que se invierta, tenemos que generar la confianza necesaria para ello. Conclusión básica: en primer lugar, el Gobierno tiene que poner su esfuerzo para alejar toda posibilidad de desencanto y que así pueda surgir la confianza. ¿Cómo lograrlo? Eso debe discernir ahora para ponerse en acción.

En la presentación realizada recientemente por el ministro de Hacienda en la Cámara de Senadores para dar a conocer el plan económico, explicó que el Gobierno está trabajando en un proyecto que sea medible y sostenible, que ayudará a crear confianza entre los empresarios. Señaló que con la aceptación del sector privado se espera que aumenten las inversiones y que incluso se acerquen inversionistas del exterior. La idea del secretario de Estado es acertada, aunque pueda parecer un poco ingenua, pues en estos momentos de miedo sanitario por la incertidumbre que vive el mundo, el capital, que siempre es conservador, nece­sita mucho más que confianza para invertir.

El diagnóstico es que debido a la falta de certezas bien visibles en el corto y mediano plazo, muchas empresas no quieren arries­gar sus recursos financieros, por lo que no están realizando las inversiones previstas inicialmente. Para generar esa confianza tan necesaria, el Estado tiene que dar previ­sibilidad y seguridad, pues no hay peor ene­migo que el miedo y la falta de certidumbre. Como la credibilidad no es solo un acto de fe, sino de actuación lógica, las autoridades tienen que demostrar un comportamiento transparente, exhibir una argumenta­ción válida y actuar de manera creíble. Sin expresiones grandilocuentes ni retórica vacía porque la gente ya no cree en los reyes magos. Cada medida que se tome dentro de la concreción del plan económico debe ser creíble y responder a una necesidad bien concreta.

Para dar confianza a la ciudadanía y a los inversionistas, el Gobierno debe huir de la propaganda fácil y mostrar las realizacio­nes mediante la publicidad de los hechos en una política de comunicación honesta. La divulgación engañosa es una mentira que se descubre más temprano que tarde.

El plan de reactivación, con sus defectos e imperfecciones, es la tabla de salvación que tenemos en este momento de naufragio. El país y los paraguayos necesitamos que fun­cione y fructifique con fuerza para lograr su objetivo. Para ello, el Gobierno tiene que propiciar la participación y colaboración del sector privado sin cuyo concurso no habrá recuperación.

Si el Estado quiere generar confianza en el sector privado, tiene que buscar la proxi­midad de las empresas en sus planes y tra­bajos. Debe darle un papel protagónico en el momento de planificar, consultar su opi­nión y palpar sus necesidades. A la hora de ejecutar los proyectos, debe estar a su lado para facilitarle recursos para los crédi­tos que se necesitan para las inversiones y apoyarlo en todo para que se concreten con éxito los planes de inversión.

Voceros de gremios y entidades del sec­tor privado han señalado algunos defec­tos del Gobierno y se quejaron de que no les ha dado mayor participación. Han pedido más acercamiento y que las autoridades no actúen sin tener en cuenta la opinión y los requerimientos de los sectores que produ­cen, mueven la economía y dan empleo a miles de trabajadores. Este es un reclamo que las autoridades no deben dejar de lado porque el precio del desacuerdo lo vamos a pagar todos.

Es el momento de construir el entendi­miento mediante el diálogo para que haya confianza y los inversionistas puedan tener la certeza de que van a sembrar en terreno fértil para que fructifique su inversión y puedan cosechar un resultado auspicioso que será beneficioso para todo el país.

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