En este ejercicio fiscal, el Estado tendrá una fuerte caída en sus ingresos tributarios debido a los efectos económicos perniciosos de la pandemia. Esta será una de las principales consecuencias negativas de la situación planteada por el covid-19, que ha hecho que el Gobierno se tuviera que endeudar hasta ahora por 1.600 millones de dólares para enfrentar los golpes más duros de la situación. Como apenas estamos llegando a mitad de año y todavía no se tiene claro lo que nos tiene reservado la enfermedad en lo sanitario y en lo económico, la incertidumbre es ahora lo único cierto.

Los cálculos del Ministerio de Hacienda indican que el total de percepciones tributarias llegará este año a 23 billones 39 mil millones de guaraníes, comparado con lo previsto en el presupuesto que es 25 billones 786 mil millones de guaraníes. Será una disminución de ingresos de 2 billones 746 mil millones de guaraníes (US$ 417,5 millones), que representa un 10,7%.

De los cuatro grandes sectores en que está dividido el cuadro tributario, el que más se vería resentido por la recesión es el de los impuestos sobre bienes y servicios, que es también el principal aportante. Para este grupo, compuesto por el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) y el Impuesto al Valor Agregado (IVA), se prevé una disminución de 2,03 billones de guaraníes, que representa un 12,5%. Esta cifra corresponde al 74% del total de la caída de los ingresos impositivos pronosticada para el año.

Las imposiciones relacionadas al comercio exterior, principalmente derechos aduaneros, anotarían el más fuerte descenso porcentual, con el 19,9%, que serían 548,5 mil millones de guaraníes menos, debido al bajón que están teniendo las importaciones.

Por su lado, los tributos directos, como el Impuesto a la Renta Personal (IRP), el Impuesto a la Renta Empresarial (IRE), el Impuesto a los Dividendos y las Utilidades (IDU) y similares tendrían una declinación del 2,6%. Otras categorías impositivas, sin mayor peso en el total, no mostrarían disminución.

La menor disponibilidad de recursos genuinos impactará en las finanzas públicas. Y por ello el Estado dejará de financiar muchos programas previstos para ejecutar este año, como ya ocurrió en el 2019, y castigará con dureza el plan de gastos fiscal y la maniobrabilidad del Tesoro cuando sea necesario articular medidas especiales. Será, por tanto, el segundo año consecutivo en que el Gobierno no podrá completar sus proyectos para ejecutar obras e inversiones importantes, pero que en este momento se consideran no imprescindibles.

Las cifras, con la frialdad de los números, parecen no impactar en la sensibilidad de la gente. Pero de hecho el déficit estatal será este año muy alto y el país deberá pagar gran parte de sus gastos solamente recurriendo a los préstamos, lo que significa que todos los que habitamos esta nación estaremos más endeudados y exigidos sin recibir ningún beneficio adicional a cambio. Al mismo tiempo varios sectores necesitados de infraestructura y de inversiones sociales de gran valor verán frustrados sus proyectos porque serán marginados por la situación de emergencia nacional. En Hacienda comenzaron las consultas con numerosas entidades públicas para determinar cuáles propuestas y proyectos previstos para este ejercicio fiscal podrán ser postergados para el futuro. Aunque de acuerdo con la Ley de Emergencia, con los recursos que se cuentan actualmente se buscará priorizar programas sociales específicos.

Los pronósticos son muy claros en que este ejercicio fiscal será un año de vacas flacas para el Gobierno, porque se recaudarán menos recursos impositivos, que es su único ingreso genuino.

La ciudadanía, que es la que aporta los pagos tributarios, sea como individuos particulares o como miembros de entidades económicas, hará menos contribuciones en el 2020 por dos detalles: porque el consumo está deprimido y porque habrá menos transacciones comerciales, desde las importaciones hasta las ventas locales de productos y servicios.

Teniendo en cuenta la difícil coyuntura que nos acogota, el Gobierno Nacional debe actuar con mucha eficiencia optimizando su gestión, como líder del país en estos momentos de emergencia. Y la ciudadanía tiene que acompañarlo para que el impacto sea menos doloroso y se pueda articular con prontitud el imprescindible proceso de recuperación nacional.

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