El levantamiento parcial del confinamiento social en todo el país en la cuarentena inte­ligente demostró la urgente necesidad de hacer una campaña educa­tiva para enseñar a la mayoría de la gente cómo comportarse ante el problema sanitario. El primer día de vigencia de la apertura relativa de las normas de encie­rro demostró en el área capitalina que un importante porcentaje de la población no tiene conciencia real de lo que está ocu­rriendo, no toma las precauciones nece­sarias ni tiene en cuenta los cuidados recomendados. Un alto funcionario de Salud Pública resumió la situación diciendo que en la primera jornada de la cuarentena inte­ligente, hubo una baja adherencia a las medidas de cuidado entre todos.

Los medios de comunicación mostraron la gran aglomeración de individuos en algunos lugares críticos donde no se tenía en cuenta la distancia mínima entre indi­viduos, en que algunos no usaban barbijo. También se vieron buses llenos de pasa­jeros parados sin los cuidados de distan­ciamiento y no respetando la norma de no llevar personas de pie. Estos hechos que se dieron al abrirse parcialmente las puertas de las casas han demostrado con claridad que existe un alto nivel de inconsciencia en la ciudadanía, que no se debe tolerar, por el riesgo que implica para la salud de todos.

Conociendo la idiosincrasia de las cla­ses sociales menos formadas de nuestra sociedad, no es sorprendente constatar lo ocurrido con mucha gente, pues hay un buen porcentaje de individuos que tiene muy bajo nivel de conciencia. También hay que admitir que desde los sectores que deben informar y formar a la ciuda­danía no se ha hecho lo suficiente para mejorar el conocimiento y el compor­tamiento del ciudadano común, lo que se nota en estos casos. Solo el sector que tiene una cierta formación académica, que habitualmente lee, mira y escucha con detenimiento los medios de comuni­cación está enterado de las disposiciones para seguir los cuidados. El resto conti­núa en el limbo de la inconsciencia y la ignorancia.

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Las autoridades deben tomar nota de esta falencia de nuestra sociedad y articular de manera urgente una campaña edu­cativa nacional. Los responsables de la conducción del país deben reconocer que lo que han hecho hasta ahora en mate­ria informativa y educacional no basta y que hay que emprender rápidamente una campaña educativa sanitaria de amplio espectro, con todo lo que ello implica en estrategia, cobertura y contenido. Sin esa iniciativa, corre un fuerte riesgo la lucha contra el Covid-19. Si no hay sufi­ciente cooperación ciudadana, no habrá emprendimiento que alcance el éxito.

El concepto de campaña educativa para la salud implica realizar acciones destina­das a mejorar el conocimiento de la gente en materia sanitaria. Ayudar a modificar conductas negativas, promover la realiza­ción de comportamientos positivos, pro­poner cambios reales en la conducta de los individuos para alejar los peligros de esta pandemia y garantizar que no haya contagios o que se den solo en su mínima expresión.

El conjunto de acciones que se emprenda para este objetivo debe lograr que la gente entienda el problema que nos aqueja y que cumpliendo las normas dispuestas está protegiendo a los ancianos, a los niños y a sí mismos contra la amenaza que tenemos encima. Que para ello es imprescindible su participación y que debe tener una con­ducta individual y colectiva correcta para mantener y garantizar la salud de todos.

Para informar y sensibilizar al ciudadano sobre la importancia de cambiar sus acti­tudes inadecuadas por otras de mayor seguridad, el Gobierno debe utilizar no solo la publicidad, sino otras acciones concertadas con los medios de comuni­cación públicos y privados para llegar con efectividad a la ciudadanía. Para educar sanitariamente a los individuos, el Estado tiene que utilizar todas las opciones e inundar el mercado con lecciones prácti­cas de cómo actuar para guardar las dis­tancias, dónde y cómo utilizar las masca­rillas, cómo y por qué deben higienizarse adecuadamente las manos, qué cuidados deben tener cuando se encuentran entre varias personas, cómo hacer para evitar las aglomeraciones.

Lo que no debe hacer el Gobierno es con­formarse con las declaraciones de prensa que dan sus miembros y quedarse tran­quilo sin tener en cuenta la necesidad de educar a tanta gente que está demos­trando ignorancia y escasa conciencia.

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