Aunque la Pascua del 2020 será inusual, su mensaje se mantiene firme y vigente, la vida vence a la muerte, salir de la oscuridad hacia la luz es la resurrección, la renovación. Son momentos de reflexión para todas las capas de la sociedad y para quienes dirigen las instituciones públicas y privadas, porque la COVID-19 no conoce límites y golpea a todos por igual.Precisamente, hablando de luz y renovación, el Banco Interamericano de Desarrollo llama a iniciar el diseño de una estrategia de reactivación del país para el futuro inmediato. Es hora de actuar, más allá de las medidas de mitigación sanitarias, de los programas de asistencia social o del apoyo al empresariado, que si bien deben continuar, a la par se debe empezar a construir cómo va a ser nuestro nuevo presente.

El organismo multilateral en su último reporte macroeconómico, revelado hace unas horas atrás, advierte sobre el severo impacto económico que sobrevendrá sobre el país. Si bien valora las medidas sanitarias tomadas de manera temprana por las autoridades paraguayas, también subraya que estas afectan en mayor proporción a los trabajadores informales, que componen más del 64% de la actividad del país –ubicada especialmente en el sector terciario–.

Asimismo, indica el organismo multilateral que se ven afectadas en gran medida las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), que representan el 98% del total de las empresas registradas y el 52% del empleo formal.

Las previsiones del organismo internacional tocan el punto clave, iniciar el diseño de una estrategia de reactivación del contexto económico y social del Paraguay para el futuro cercano, para cuando retomemos la rutina. Esta estrategia sin duda pasa por la reforma del Estado, que implica mejorar el marco fiscal, trabajar en la eficiencia del gasto público, y acrecentar la transparencia en las instituciones y en sus procesos, entre otras renovaciones e innovaciones urgentes para caminar con certidumbre.

La reforma del Estado debe constituirse en el renacimiento de la gestión del sector público, no podemos continuar igual, luego de las lecciones aprendidas con la pandemia y de los efectos sociales y económicos que nos deja, compromisos que debemos honrarlos, recortando los gastos superfluos y trasladando esos recursos a cumplir con la deuda externa asumida para salvar esta emergencia sanitaria.

En esta semana está previsto que el Congreso Nacional inicie el tratamiento de las propuestas legislativas para emprender el proceso de reforma. Voceros gubernamentales reiteran la intención del Ejecutivo para avanzar en la línea de modificar la matriz estatal. Esta certeza es importante que se plasme con hechos, que nos garanticen que tendremos una recuperación rápida en medio de la incertidumbre generada por un probable crecimiento económico negativo en alrededor del -1,5%, previsto por organismos internacionales y analistas del mercado.

La Pascua 2020 será inusual, vamos a estar distantes físicamente de aquellos con quienes celebramos en años anteriores, los mensajes pascuales de consolación de años atrás nos serán suficientes. Pero aún queda el gran mensaje de la resurrección, la esperanza de mejores momentos, para cada uno de nosotros y para el país, esos momentos debemos construirlos todos, desde cada lugar en el que estamos tenemos la responsabilidad histórica de aprovechar esta oportunidad que nos da el virus, renovar el país, cimentar un nuevo futuro.

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